Posts Tagged ‘textos escolares’

Historia popular y textos escolares en América Latina

Escrito por José Ragas. Posteado en Historiadores

Uno de los mejores trabajos que he tenido ha sido el de ser parte de editoriales vinculadas con la elaboración de textos escolares. De las tres editoriales en las que trabajé, tuve participación directa en la confección de un texto para alumnos de quinto año de secundaria (Cambios 5, Santillana). Se trata de un trabajo arduo, en el que uno siempre está contra el tiempo, debido a que el ritmo editorial es, digámoslo de modo amable, esquizofrénico. Pero, insisto, se trata de un buen ejercicio que los historiadores deberíamos tener en algún momento.

Las ventajas que uno tiene al redactar un texto escolar son múltiples: por ejemplo, uno aprende a sintetizar información, a ir directamente al grano, sin adornar demasiado el texto ni extenderlo casi hasta el infinito. La síntesis es clave aquí. Es cierto que discriminar y reducir información es algo que uno hace, pero en este caso el espacio es más reducido por lo que los malabares para que el texto cuadre en la caja de edición tienen que ser mejor afinados. Otra ventaja es que debes pensar en función de materiales de enseñanza. Es decir, el texto debe ir acompañado por una imagen que lo complemente así como de quizzes o preguntas que permitan medir lo aprendido en dicha Unidad o sección.

El debate sobre la enseñanza de la Historia en Gran Bretaña

Escrito por José Ragas. Posteado en Especiales

Hace unos días se reunieron en la BBC el actor Colin Firth, el editor de The New Left Review Tariq Ali y el historiador Niall Ferguson para conversar sobre las reformas en la currícula de Historia que se busca implementar en los siguientes meses. Tanto Ali como Ferguson están de acuerdo en que la forma como se enseña Historia en las escuelas no es la más adecuada. Para Ferguson hace falta una cronología adecuada que permita entender los hechos que pueden parecer aislados a primera vista. Ali concuerda con esta naturaleza fragmentaria de la Historia, tal como es enseñada en la actualidad. Asimismo, el proceso histórico ha sido reducido a una serie de categorías o cadenas de causa-efecto, que solo favorecen simplificaciones antojadizas de interpretación, las cuales a su vez son replicadas por los medios de comunicación.

En un segundo plano, la crisis económica ha afectado severamente a las instituciones británicas, tal como ha ocurrido en otras partes del mundo, y las ha forzado a reducir significativamente sus presupuestos, con menoscabo para las Humanidades y quienes las producen y enseñan. Ello ha provocado una serie de violentas manifestaciones por parte de los estudiantes de la isla, quienes han reclamado por lo que parece ser un ataque no solo al tema presupuestario de la universidad pública británica, sino al futuro de la misma en cuanto a competitividad y oferta de enseñanza.

La confluencia entre estos dos aspectos que afectan directamente la enseñanza de la Historia (tanto su producción como su enseñanza) debería llamar la atención de quienes están involucrados en ambas fases del proceso de que es un proceso mundial y que va a afectar a la disciplina en cada país, obligando a su reevaluación. Si no, miren lo que viene ocurriendo en Chile y otras partes del mundo.

Para alimentar el debate sobre los cambios en la currícula escolar británica, he traducido un texto aparecido en The Guardian y escrito por Antony Beevor. “In defence of History“, es un alegato por una historia adecuada a los tiempos actuales y que demuestre, de manera concreta y abierta, por qué es importante, pero sin otorgarle el aire moral que se pretendía otorgarle a su aprendizaje en las décadas pasadas.

 

Antony Beevor. En defensa de la Historia

¿Es la Historia un producto acabado? Nuestro sistema educativo escolar parece considerarlo así. Por lo general, pareciera que la enseñanza de la Historia es percibida por el sector educativo como un equivalente de la enseñanza de las lenguas muertes: un lujo innecesario de épocas pasadas, y algo que el mundo actual no necesita. En los debates más recientes sobre la currícula nacional, la Historia ha merecido el estatus de “asunto innecesario” (inessential subject). Esto constituye un grave y miope error.

En un nivel puramente práctico, la Historia es importante porque ofrece las habilidades básicas que los estudiantes necesitan para adentrarse en la Sociología, Política, Relaciones Internacionales y Economía. La Historia es también la disciplina ideal para quienes desean seguir la carrera de Derecho, así como ser funcionarios públicos o en el sector privado. Esto se debe a que la Historia enseña a los estudiantes a investigar y evaluar información, a organizar hechos y desarrollar argumentos, y a obtener conclusiones lógicas. La escritura de un ensayo entrena a los jóvenes a escribir informes y preparar exposiciones. Y, según los empleadores, estas son habilidades que los egresados carecen.

La Historia también es necesaria porque ayuda a explicar eventos actuales. ¿De qué manera la cultura y el capitalismo occidentales han dominado el mundo? ¿De qué forma las culturas aparecen y caen? Eso es lo que necesitamos saber, porque de otro modo no podremos comprender las consecuencias del despegue de China, India y Brasil, el debilitamiento de Estados Unidos ni la decadencia económica y política de Europa. La Historia no nos brinda las respuestas, pero definitivamente ayuda a centrar nuestras preguntas y nuestro entendimiento de las fuerzas que existen en el mundo de hoy.

Naturalmente, la Historia puede ser fácilmente manipulada. Necesitamos conocer la historia para detectar cuando nuestros líderes establecen paralelos falsos, como el Presidente Bush cuando comparó el 9/11 con Pearl Harbor, o Tony Blair al referirse a Saddam Hussein como Hitler. Los medios de comunicación son también responsables por hacer fáciles comparaciones que terminan siendo equívocas. Como votantes, y como ciudadanos, debemos ser capaces de ver a través de estas peligrosas distorsiones.

Los profesores, quienes son los responsables en esta materia, tienen poco tiempo para dedicar al análisis de estos temas. Cada año, las horas dedicadas a la enseñanza de la Historia han ido reduciéndose más y más. Junto con Albania e Islandia, Gran Bretaña es en la actualidad uno de los pocos países en Europa en los que el aprendizaje de la Historia no es obligatorio después de los 14 años de edad. Peor aun, el curso es enseñado en módulos aislados de conocimientos especializados.

¿Cómo podrá un niño interiorizar estos procesos sin una línea de tiempo? Una década parece para ellos un largo periodo de tiempo, por lo que un siglo, sin mencionar un mileno, está más allá de su imaginación. Algún tipo de comprensión de los eventos más importantes de Gran Bretaña y el mundo es esencial para brindar un contexto y un referente cronológico. Un amigo que enseña historia de la medicina a doctores graduados, me comentaba que no podía usar términos como “Napoleónico” o “Victoriano”. Sus altamente preparados estudiantes habían escuchado sobre Napoleón y la Reina Victoria, pero muchos no sabían en qué época habían vivido.

Pero además, la Historia es –o debería ser– interesante. Pese a que alguna vez fue descrita como “una maldita cosa después de la otra”, tanto la secuencia de causa y efecto como los detalles de la misma son fascinantes. Tratando de rehuir esto, muchos profesores que carecen de entrenamiento histórico se colocan naturalmente a la defensiva, temiendo que los temas puedan resultar siendo aburridos para sus alumnos. Sabiendo que el único contacto que estos tienen con la Historia es a través de películas o series, los profesores se sientes tentados a profundizar el proceso, utilizando programas como Blackadder para enseñar la Primera Guerra Mundial. En medio de una creciente sociedad post-escritura donde reina la imagen en movimiento, la historia convertida en ficción parece ser la norma.

Ya la televisión y el cine han influido en las escuelas y los estudiantes para escoger “Hitler and the Henries” como tema para sus exámenes, simplemente porque se sienten más cómodos con algo que ellos reconocen. Pero como Simon Schama discute acertadamente, hay muchos otros periodos y eventos que son igualmente interesantes y muy relevantes. Se necesita algo más que un enfoque narrativo para atrapar la imaginación de los jóvenes. Esto no debería ser difícil. Desde Edward Gibbon en el siglo XVIII, los historiadores británicos han utilizado una prosa que apunta a ser narrativa y cubrir un amplio espectro, en marcado contraste con el enfoque analítico usado en el resto de Europa.

Los críticos podrán decir que la Historia tal como se hace en Gran Bretaña es muy local y hace que inmigrantes y aquellos de otras culturas se sientan excluidos. Pero si el tema es enseñado de forma apropiada, los jóvenes podrán aprender cómo este país, desde sus inicios, ha absorbido sucesivas olas de migrantes. Enseñar la historia del imperio británico está relacionada, para bien o para mal, con la del mundo. El imperio nos hizo lo que ahora somos, formando nuestra identidad nacional. Un país que no entiende su propia historia difícilmente podrá respetar la de otros.

Nunca podría argumentar que los historiadores o los profesores de Historia tienen un rol moral. Su principal obligación es la de entender la mentalidad de una época y de transmitir ese conocimiento: no la de aplicar los valores del siglo XXI a épocas pasadas. Ni menos simplificarlos para propósitos morales. Es absolutamente correcto exponer los horrores del comercio trasatlántico de esclavos, pero el papel de los líderes africanos que participaron de este comercio también debe ser explicado. Y también el hecho que el comercio de esclavos en Medio Oriente fue más antiguo y letal. Sin lugar a dudas, este provocó la muerte de muchas más víctimas en circunstancias particularmente horribles.

Además, la Historia tampoco debe ser utilizada para inculcar virtudes ciudadanos. Aun cuando ofrece el acervo más rico de ejemplos y dilemas morales, los cuales conforman la materia prima de la ficción, el gran drama y la vida en sí misma. Sin un entendimiento de la Historia, nos vemos política, cultural y socialmente empobrecidos. Si sacrificamos la Historia a la presión económica o a recortes presupuestales, perderemos una parte de quiénes fuimos.

Créditos: La imagen de la cabecera proviene de aquí, mientras que la de Beevor de aquí.

Irak, la guerra y los textos escolares (2003-2010)

Escrito por José Ragas. Posteado en Especiales

Uno de los aspectos menos estudiados en las etapas posteriores a las etapas de violencia o guerra (interna o externa) son los relacionados a la reconstrucción del pasado entre la población escolar. Aunque el tema de la manipulación de la historia ha sido abordado en relación a las dictaduras y regímenes totalitarios, no hay que descuidar que las democracias también intentaron utilizar los medios a su alcance para brindar una visión del pasado nacional acorde a sus intereses.

Entre estos medios, quizás el más importante sea el de los textos escolares. Las razones de su importancia pueden sintetizar, a mi entender, en dos. En primer lugar, por el alcance masivo que tienen los textos entre una población en formación y aprendizaje, que se extiende desde la primaria hasta la educación secundaria. En segundo lugar, porque la intervención de los textos escolares permite articular una serie de agentes estatales que van desde el profesor de escuela hasta el Ministro del ramo, pasando por editores, revisores (o censores), directores, autoridades administrativas, etc., los cuales legitiman un mensaje que escapa al ámbito educativo y se complementa con otros discursos políticos y públicos.

Si lo quisiéramos poner en términos de Benedict Anderson, esos textos conforman una herramienta para la difusión de una “comunidad imaginada”. Aun cuando su estudio podría entrar en el rubro de la historia de la lectura y del libro, pienso que merecen un tratamiento especial o cuando menos algunas advertencias al momento de acercarnos a su estudio.

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