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Los desafíos de la globalización, por Lynn Hunt

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Los historiadores han descubierto la globalización solo en años recientes. Su negligencia frente al tema difícilmente los vuelve únicos en cuanto a su interés en la globalización, como lo muestra el incremento en el uso del término en los títulos de los libros, el cual data de la década de 1990.

El término aparece rara vez antes de fines de los años 1980, pero ocurre un notable incremento en los años 1990 y continúa en los años 2000. El fenómeno de la globalización no comenzó en los años 1990, y no hay consenso en torno a cuándo empezó. Dado que todos descendemos de los colonizadores de África, quienes a su vez sucedieron a otros seres humanos a través del mundo entre 40 a 125 mil años atrás, la globalización ha acompañado a la humanidad desde el inicio de los tiempos, por decirlo de alguna forma. Algunos sostienen, sin embargo, que la globalización solo empezó de manera efectiva en el siglo XIX con la revolucion del transporte y las comunicaciones, cuando los ferrocariles, los barcos a vapor, los telégrafos y los teléfonos facilitaron la rapidez de las comunicaciones y el envío de bienes a través de grandes distancias. Otros ven la globalizacion como un desarrollo de largo plazo, con periodos de interrupción, que incluye la difusión de religiones mundiales (budismo, judaísmo, cristianismo, el Islam), los descubrimientos europeos en ultramar y la consiguiente colonización europea de diversas partes del globo. El único elemento novedoso que apareció en la década de 1990 fue la expansión del internet, pero en ese entonces solo afectaba al mundo desarrollado. En 2000 solo el 5% de la poblacion mundial utilizaba internet, en comparacion con el 34% en 2012. El internet continúa penetrando y vinculando diferentes regiones del mundo y es ciertamente una fuerza de globalización, pero la rápida expansión que comenzó en los años 1990 no puede explicar el súbito interés en la globalizacion al inicio de aquella década.

La globalización no atrajo demasiada atencion en los años 1990 porque tomó un camino fundamentalmente distinto en ese momento. Lo que ocurrió fue el colapso de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría. La globalización llenó el vacío ideológico creado por el fin de la división entre capitalismo y comunismo generado por la Guerra Fría. El orden mundial se volvió incierto a medida que que la Unión Soviética se quebraba y el comunismo dejaba de ser un tema vital. La globalización pasó entonces a ser la única cosa segura. Muchos sostienen, además, que la globalización explica la caída de la Unión Soviética; sus industrias dirigidas por el Estado no podían compararse con la economía global electrónica que estaba emergiendo en los años 1980.

Los marxistas occidentales habían renunciado a continuar defendiendo a Europa del Este y al comunismo de estilo soviético, pero ahora tenían un nuevo blanco: la globalización como una etapa en el desarrollo del capitalismo. Los marxistas creían, lo cual no sorprende, que la incesante expansión del capitalismo, especialmente en el otrora bloque oriental y el mundo no-occidental no era inevitable, natural o benéfico para la mayoría de personas. La globalizacion del capital, desde su punto de vista, salió de la llamada revolución neoliberal de los años 1980 impulsada por las políticas de Margaret Thatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en los Estados Unidos. Cuando el comunismo colapsó por el peso de sus propias contradicciones, los teóricos marxistas volvieron su atención hacia los conflictos al interior del capitalismo, los cuales no habían desaparecido ni mucho menos perdido relevancia para el análisis social. Así, la globalización será el tema en disputa en los próximos años.

Los historiadores fueron muy lentos en considerar la globalización como tema de interés. Ellos tenían sus propias razones para ignorarla, la más importante de estas el estar centrados en un marco muy ajustado como lo era el del Estado-nacion. El destino de un texto de enseñanza encargado por la UNESCO en 1949 para estudiantes de catorce años de edad es particularmente revelador de las presiones de la historia nacional e internacional. La UNESCO queria impulsar la “comprensión internacional” al brindar un ejemplo de una historia más amplia, una que pudiese mostrar cuánto debía cada nación, en este caso Francia, a los demás pueblos. Las autoridades esperaban que este ejemplo pudiese motivar a otros países a hacer lo mismo. Los autores, Lucien Febvre, líder de la escuela de los Annales, y Francois Crouzet, un destacado especialista francés en historia económica britanica, aceptaron la misión con entusiasmo y produjeron un modelo de historia de las influencias globales en la vida de Francia. Vean a la gente alrededor de ustedes, sugerian ellos. ¿Provienen de una única raza? Muy difícilmente: bastaba una mirada para convencer a cualquiera que los “franceses” eran una mezcla de personas, incluyendo árabes y africanos. Vean las plantas del parque local, proseguían. El más “frances” de los árboles venía de Asia: el sicómoro (plane tree) llegó a mediados del siglo XVI, por ejemplo, y el castaño en el temprano siglo XVII. De manera similar, muchas de las comidas típicas “francesas” se originaron en alguna otra parte: las berenjenas, las papas y los tomates provienen del Nuevo Mundo; los cítricos del Lejano Oriente; y los ejemplos podrían seguir. En resumen, gran parte del impacto del mundo en la vida de Francia era bien conocido sesenta años atrás. ¿Qué ocurrió? El libro de Febvre y Crouzet fue publicado recién en 2012, y su publicación original parece haber sido impedida por quienes renegaban de su alejamiento de una perspectiva nacional y europea.

La especialización en la universidad consolidó el vínculo entre los historiadores profesionales y las historias nacionales que estudiaban, incluso para quienes no se dedicaban del todo a la historia nacional. Un historiador australiano podía estudiar la Italia renacentista, por ejemplo, pero podría encontrar difícil dominar el reinado de Francisco I de Francia, mucho menos la conquista española y portuguesa en las Américas, aún cuando estos eventos hubiesen ocurrido de modo simultáneo.

La especialización derivó de la dirección tomada por la historia y otras ciencias sociales y humanidades para imitar a la ciencia. Ser un “experto” significaba dominar un campo de estudio, escoger un problema pertinente para analizar, llevar a cabo una investigación y publicar los resultados. Un cierto tipo de círculo vicioso iba tomando forma: el número de investigaciones se incrementaba a medida que las universidades solicitaban pruebas de conocimiento, y a medida que el número de publicaciones despegaron, los campos debían ser definidos cada vez más de modo estrecho si se buscaba dominarlos. Un historiador podría comenzar, como lo hice yo, especializándose en Francia y rápidamente reducir su enfoque a una región en Francia, uno o dos pueblos, o incluso a una aldea. Para mi tesis doctoral y primer libro, examiné dos pueblos en la región de Champagne, Reims y Troyes, al final del Antiguo Régimen y el inicio de la Revolución Francesa.

El propósito de dichos estudios fue siempre el de iluminar la historia de Francia. El análisis de dos países parecía muy ambicioso; si una gran mayoría estaba hablando de uno o dos lugares en un país, ¿como podría un/a historiador/a hablar sobre dos países, con diferentes lenguajes, culturas e historias? Pese a que los historiadores que se especializan en la época anterior a 1800 debían centrarse en una sola ciudad-estado como Florencia o un imperio como el romano, el otomano o el Sacro Imperio Romano Germánico, la nación ha dominado la investigación histórica en el período contemporáneo. Hay pocos historiadores de Europa como un todo en el periodo moderno, tan solo son historiadores/as de Francia, Gran Bretaña o Italia, por ejemplo; no hay historiadores/as de Asia, sino historiadores/as de Japón, China, India, Indonesia o de algún otro pais asiático; no hay historiadores de las Américas, pero sí de Canadá, Estados Unidos, México o Perú. Los historiadores de África suelen trabajar con mas de una ex-colonia pero lo hacen usualmente con antiguas colonias del mismo poder imperial.

 

* Este fragmento corresponde al Capitulo II del libro de Lynn Hunt, Writing History in the Global Era (New York: W.W Norton & Company, Inc., 2014). Writing History in the Global Era puede ser adquirido en version Kindle via Amazon.com. Una versión parcial del libro puede ser leída en Google Books.

Lynn Hunt es Distinguished Research Profesor de la Universidad de California en Los Angeles. Ha sido presidenta de la American Historical Association y es autora de numerosos trabajos, como Inventing Human Rights y La verdad en la Historia. Radica en Los Angeles (EEUU).

De Lynn Hunt en español también se puede leer: Cómo se escribe la Historia en tiempos globales (via: Clionauta)

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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