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Una ausencia incómoda. La historia de la comunidad gay

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Al igual que en las partituras musicales, los silencios son importantes a la hora de evaluar la producción académica. Y uno de los silencios más llamativos en las ciencias sociales y en la historia en particular es el referido a la trayectoria de la comunidad gay o LGBTI en el país.

El actual movimiento por el matrimonio igualitario y los derechos de la comunidad LGBTI es el equivalente al de los derechos civiles de los afroamericanos y de descolonización en los años 60s y 70s o al movimiento por el sufragio femenino y la igualdad de género a lo largo del siglo XX o, en un ámbito más local, al de los migrantes en Lima en los años 80. Todos estos movimientos en pos de la ciudadanía fueron acompañados por oleadas de estudios e investigaciones que buscaban indagar por sus raíces, sus actores y sus proyecciones en la lucha por buscar ser reconocidos como iguales y derribar las barreras sociales, étnicas y de género que habían excluido a dichos grupos. Pero ello no ocurrió ni ocurre con el movimiento LGBTI, que pareciera no tener un pasado que legitime su lucha, aun cuando su institución más representativa, el MHOL, cumplió tres décadas el año pasado.

El reto que tiene ante sí quien desee investigar la historia de la comunidad LGBTI en el país es enorme. Tan solo a nivel de fuentes, implica escudriñar las crónicas coloniales escritas por conquistadores y conquistados, los periódicos del siglo XIX, los boletines emitidos por la policía, revistas, informes médicos. Implica también realizar entrevistas y producir fuentes orales, especialmente de las primeras generaciones de activistas y de las actuales, reconstruir la trayectoria de instituciones que han buscado defender y promover el respeto a la población LGBTI, buscar en archivos audiovisuales para rastrear información en noticieros y programas dominicales y bucear a su vez en la web y las redes sociales para desmenuzar las opiniones a favor y en contra de los derechos de la comunidad gay.

El investigador o la investigadora tendrán que contextualizar una serie de datos sueltos y aislados que colocaban a la comunidad LGBTI en el pasado como personas marginales y en los confines de la ciudadanía. Una vez aceptado este desafío, podremos desterrar las interpretaciones que existían sobre la misma en los juicios de la Inquisición, el Mercurio Peruano, o cuando se hacían referencia a las tapadas. También tendremos que incluir en esta historia las redadas llevadas a cabo por la policía en los años 50, los supuestos métodos con los que se creía se podría curar la homosexualidad (en Historia de Mayta se señala la aplicación de electroshocks como uno de estos), los primeros espacios de sociabilidad en esa etapa de pequeña “revolución sexual” que se dio luego del fin del Gobierno Militar a inicios de los años 80s, así como la aparición de campañas públicas como “Besos contra la Homofobia” y las reacciones que estas desataron.

¿Se animará alguien a ser el pionero o la pionera en este campo? El reto mayor para quien se atreva a desenterrar esta historia de humillación y vergüenza de parte de unos pero también de valentía y dignidad por parte de otros, será explicar la naturaleza conservadora y homofóbica de nuestra sociedad y los esfuerzos que se han llevado a cabo para ir creando espacios donde nos respetemos como ciudadanos. El contexto actual parece no ser el más propicio, considerando que desde hace algunos años Perú se presenta como uno de los países más homofóbicos de la región y donde el asfixiante entorno de intolerancia de ciertos sectores no parece arrojar muchas esperanzas de que la aceptación de los derechos gay vaya a ser fácil o inmediata.

El matrimonio igualitario es ya una realidad y se implantará en el Perú tarde o temprano. Tan solo en este año, de acuerdo a una nota publicada por BBC News, tres países han aprobado el matrimonio igualitario: Nueva Zelanda, Uruguay y Francia. Como académicos es nuestro deber preparar el terreno para reducir el rechazo que esta medida va a provocar hasta su aceptación definitiva. En tanto profesionales del pasado, nuestra responsabilidad por sacar a la luz estos hechos es mucho mayor. La indiferencia no es una opción. Y mantener oculta en los archivos esta parte de nuestra historia es casi igual o peor que la intolerancia que diariamente se manifiesta en el país contra esta comunidad.

 

El artículo original apareció este mes en mi espacio “California Blues”, de Noticias SER. La imagen de la cabecera muestra la más grande colección de archivos sobre la historia LGBT y se encuentra en Canadá. Para saber más sobre esta instalación, recomiendo leer este post, de donde tomé la imagen.

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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