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Nueva tesis sobre el APRA, la izquierda, el nacionalismo fascista y la coyuntura electoral de 1936 en el Perú

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Dentro del circuito académico de las ciencias sociales, las tesis son los productos más interesantes y novedosos pero a su vez los menos publicitados. En conjunto, las tesis nos permiten tener visiones frescas y renovadas de los temas que interesan a las nuevas generaciones de egresados de Historia y Ciencias Sociales, pero el estrecho mercado editorial nos lleva muchas veces a esperar varios años antes de conocer la existencia de estas investigaciones y de sus autores. Es cierto que existen revistas en las que el autor puede publicar avances o eventos en los que partes de las tesis son discutidas y debatidas, pero aun así, la investigación completa raras veces puede ser apreciada en su contexto.

Esta sección del blog, llamada “Nuevas tesis”, pretende difundir los trabajos de investigación que los nuevos graduandos vienen desarrollando en el país. Y la inauguramos a propósito de la tesis de licenciatura que hace algunos meses defendió Emilio Candela, titulada “Entre la incomprensión y el sectarismo: análisis del proceso político de la campaña electoral de 1936”. El tema es más que novedoso pues, como se discute líneas abajo en la entrevista al autor, se trataba de una coyuntura electoral poco conocida y que prolonga la ya conocida disputa entre apristas y nacionalistas, la cual parece asimismo extenderse hasta nuestros días.

Emilio Candela (candela.ei@pucp.edu.pe), quien se desempeña como profesor de la Universidad San Ignacio de Loyola, Jefe de Práctica en la PUCP y trabaja en el Instituto Riva-Agüero, nos ha permitido colgar la introducción y el índice de la tesis, a lo cual se añade una entrevista en la que profundiza el tema de su investigación.

 

 
Entrevista

¿Por qué te interesaste en el tema de la coyuntura de 1936?
En realidad, desde mis primeros años como estudiante de la especialidad de Historia comencé a interesarme por la década de 1930. ¿Cómo surgió este interés? Pues, yo diría que fue ese carácter excepcional de esta etapa lo que me cautivó para empezar a estudiarla. Los años treinta estuvieron marcados por la depresión económica, el auge de los regímenes totalitarios y un fuerte discurso nacionalista que crearon una atmósfera muy particular. Solo así puede entenderse el estallido del conflicto más sangriento y con mayor número de víctimas como fue la Segunda Guerra Mundial. A partir de esa visión de los treinta, surgió mi interés por saber si en el Perú esa atmósfera tan especial se había reproducido, de qué manera y con que actores. Entonces, me dediqué a revisar los principales hechos acaecidos en nuestro país, y uno de los más interesantes por el momento en que se realizó fue la campaña electoral de 1936; ya que coincidió con hechos tan relevantes como el estallido de la guerra civil española o el auge del fascismo en el mundo occidental.
 
 
Se trata de una campaña electoral poco conocida, a diferencia de la campaña de 1931, que parece marcar una especie de antes y después en la historia política peruana. ¿Por qué la campaña del 36 no ha sido estudiada con mayor interés?
En principio, el hecho de que fue una elección anulada motivó que no se le considerara como un proceso electoral relevante de estudiar. Eso influyó definitamente en el olvido en el que estuvo por largo tiempo, aunque también la elección de 1939 no ha sido mayormente estudiada, y esa si llegó a completarse. En realidad, si nos damos cuenta, salvo las elecciones de 1931 y 1990, el resto de campañas electorales no han sido debidamente estudiadas y analizadas en sus diversos factores. En el caso del proceso de 1936, se suma a este olvido el hecho que el gobierno de Benavides ha sido visto como una dictadura militar tradicional, en la cual las arbitrariedades eran la norma, y por tanto la elección de 1936 es definida como un exabrupto más de este régimen. Para dejar de lado esa visión simplista, hay que sumergirse en la coyuntura y darse cuenta que el escenario político era muy rico y complejo con lo cual la lucha política entablada fue muy interesante y planteó una campaña polarizada y virulenta. Creo que habría seguir el mismo camino para ahondar más en otras campañas electorales hasta hoy no estudiadas.
 
 
A propósito de lo que señalas en tu tesis, uno de los ejes de referencia para el espectro político es el de dividir a los partidos en izquierda-derecha, con la participación eventual de algunos autoproclamados de centro. ¿Crees que es posible seguir manteniendo esta división como útil o válida?
Es cierto, en la tesis resaltó bastante esa división ideológico-política entre izquierdas, derechas y centro. En los años treinta, con el avance del fascismo, el crecimiento de la influencia del comunismo y la consiguiente crisis de las democracias liberales; una consecuencia será la gran acogida que tuvieron estos discursos que trataban de resaltar la definición política en un bando. Fue una época muy polarizada en cuanto a los discursos utilizados, y ello es muy claro cuando se revisan los periódicos y folletos políticos. En ese sentido, creo que esa división tan marcada se volvió obsoleta en los últimos años, sobre todo después de la caída de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría.
En la actualidad, con el predominio de la política pragmática, la posibilidad de tener una división política en torno a ideologías y discursos ideologizados es un poco improbable. Sin embargo, en momentos de crisis, como los que vivimos hoy, ciertamente se crea una atmósfera más propicia para que los sectores con discursos más radicales puedan tener más eco en la sociedad. Por ello, creo que la división ya no es tan útil como lo pudo ser en los treinta, aunque siempre existirán posiciones encontradas en diversos temas. La clave está en no dejar que el debate y la polémica sea un factor que ocupe todo el escenario político, porque así dejamos de lado lo principal: las propuestas y soluciones concretas a los problemas del país. Quizá ese fue el principal error de los políticos de los treinta: dejarse llevar solo por los discursos mientras el Perú seguía siendo un país desintegrado y con la mayoría de su población al margen de los beneficios del crecimiento.
 
También mencionas la posibilidad de que aun se puedan presentar movimientos políticos radicales en épocas de crisis. Sobre la coyuntura de 2006, ¿podríamos calificar como radicales a Ollanta Humala o al fujimorismo de Keiko Fujimori?
En principio, creo que tanto Ollanta Humala como Keiko Fujimori son las únicas figuras políticas, en este momento, que tienen un real apoyo popular, como lo han reflejado las últimas encuestas divulgadas por los medios de comunicación. En el caso de Humala, es claro que plantea un proyecto político más radical que el resto de posibles candidatos, y la coyuntura crítica actual puede beneficiarlo con un mayor apoyo, sobre todo en el interior del país. Ejemplos de ese radicalismo lo tenemos en la actuación política de su bancada en estos años, y en su vinculación con personajes y sectores de la izquierda radical.
En el caso de Keiko, el radicalismo podría venir de las masas descontentas por la condena del ex presidente Fujimori, pero lo veo más como un factor coyuntural. En realidad, si hablamos de temas económicos y de orden interno, creo que la candidatura de Keiko retomaría el discurso del gobierno de su padre, y que coincide con lo que esta haciendo el régimen actual: continuar con el modelo económico que se implantó en los noventa, y mano dura contra los rezagos del terrorismo; es decir, nada que se acerque a un posible radicalismo.
 

Defensa de tesis de Emilio Candela. Observan Cristóbal Aljovín de Losada y José Agustín de la Puente Candamo

Defensa de tesis de Emilio Candela. Observan Cristóbal Aljovín de Losada y José Agustín de la Puente Candamo

 
Introducción

El 26 de septiembre de 1936 el diario La Crónica consignaba en su sección internacional una noticia que revelaba el enrarecido ambiente en la Europa de aquel momento. En la nota se mencionaba que el Ministro de Relaciones Exteriores de Francia había declarado ante la Asamblea de la Liga de Naciones que “un conflicto de doctrinas esta dividiendo a Europa en dos campos de hostilidad y amenaza revivir la furia de las guerras religiosas. Es imposible expresar los peligros que encierran este maniqueísmo diplomático y esta movilización ideológica de Europa” .

Sin lugar a dudas las palabras del funcionario francés describían de manera fidedigna la tensa situación política por la que atravesaba el Viejo Mundo, en momentos en los que ya se había desatado un conflicto armado como la Guerra Civil Española. En efecto, 1936 fue un año en el que se afianzó la situación prebélica en Europa, debido a una serie de hechos como las acciones de la Alemania nazi al ocupar Renania en marzo de aquel año, o la proclamación del nuevo Imperio Italiano en mayo tras el fin del conflicto en Etiopía. A ello se sumaron otros hechos que polarizaron el ambiente político como el triunfo de los Frentes Populares en España y Francia, y la firma el Pacto Antikomintern entre Alemania y Japón, al que luego se sumaría la Italia fascista.

Bajo ese panorama es fácil entender la pesimista descripción del diplomático francés, ya que las divisiones y conflictos empezaron a ser cada vez más reales entre países que hacían alarde de su particular forma de organización política, la cual se debía también a una particular forma de ideología.

Mientras tanto, en América Latina se asistía, desde algunos años atrás, a una década convulsa de intensa actividad política, signada también por la crisis económica (variable según el país) y las constantes agitaciones sociales de sectores obreros y desclasados a favor de una mayor acción del Estado. Esta fue la década del surgimiento del llamado populismo, como una respuesta política de incorporación de los sectores medios y populares ante los devastadores efectos de las crisis económicas, y que tuvieron como sus representantes más característicos a Getulio Vargas en Brasil y Lázaro Cárdenas en México.

El Perú, inserto en esta realidad difícil, también tuvo sus propias turbulencias políticas en el periodo que se abrió en 1930. Al igual que en otros países de la región, como Argentina y Brasil, en aquel año se produjo el golpe de Estado del comandante Luis Sánchez Cerro y en los meses siguientes se gestó uno de los conflictos políticos de mayor trascendencia de nuestra historia política entre el Ejército y el Partido Aprista.

Uno de los hechos más interesantes de esta etapa es la campaña electoral de 1931, la cual fue muy intensa y que finalmente llevaría al triunfo de Sánchez Cerro sobre Haya de la Torre. En el panorama electoral peruano, la elección de 1931 es vista como un hito importante, tanto por las innovaciones legales que se establecieron como por la presencia gravitante de las masas en el desarrollo del mismo proceso. Sin embargo, en una época de aceleración histórica, en la cual los hechos podían cambiar los escenarios rápidamente, la siguiente elección podía tener otras características que obedecieran al nuevo contexto generado.

Es por ello que nos interesamos por estudiar el desarrollo de la campaña electoral de 1936, ya que es importante ver en que medida todo el panorama político detallado se tradujo en nuestra realidad con nuestros actores y problemas domésticos. En la historia electoral peruana es una de las campañas menos tomadas en cuenta, a pesar de estar inserta en una etapa tan turbulenta. De ahí la necesidad de cubrir un vacío en nuestra historiografía, la cual no ha estudiado con la complejidad deseada esta coyuntura política en particular.

Como veremos en los siguientes capítulos, la realidad política peruana hacia 1936 nos pintaba un cuadro muy interesante de analizar debido a una serie de hechos internos y externos. Así, los principales actores políticos tuvieron características muy particulares: el APRA estaba en la clandestinidad afianzando su doctrina y organización, la Unión Revolucionaria había incorporado elementos de la estética y el discurso fascistas desde 1933, el Partido Comunista se encontraba inmerso en los cambios de la III Internacional que adoptó la táctica de los frentes populares, y la oligarquía estaba dividida tanto por intereses económicos como por discursos ideológicos.

En consecuencia, tomando en cuenta la realidad internacional y el escenario interno es necesario preguntarse si en nuestra atmósfera política el elemento de polarización ideológica fue el primordial, o hasta qué punto pudo llegar a serlo. Este es el principal cuestionamiento que nos motivó estudiar la campaña electoral de 1936, para poder determinar, de manera preliminar, el carácter de las luchas políticas en una década signada por el miedo y la violencia.

 
Tabla de Contenido

Introducción

Capítulo 1: Ideologización y polarización: algunas definiciones teóricas

Capítulo 2: Preparando el terreno: actores y escenarios previos a 1936

Capítulo 3: Creer, obedecer y combatir: Análisis y periodización de la campaña electoral de 1936

Capítulo 4: Discursos heroicos en vano: estrategias electorales y desenlace de la elección

Conclusiones

Bibliografía y fuentes

 

Créditos: Las fotos que acompañan este post proceden del Facebook de Emilio Candela y fueron tomadas el día de la defensa de tesis por Jorge Valdez.

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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