La Segunda Guerra Mundial: origen y desarrollo

Escrito por José Ragas. Posteado en Historiadores

Si eres de los que han tenido problemas para explicar o entender la secuencia bélica de la II GM en el escenario europeo, hemos encontrado la solución a tu dilema. Incluyo una narración de las causas de la guerra así como de las principales fases desde el inicio de las hostilidades en 1939 hasta el fin del Tercer Reich.

A este texto acompaña un Power Point que es realmente una maravilla: completamente dinámico en imagen y audio (¡se pueden escuchar las botas marchando sobre los territorios conquistados y el despegue de los aviones!), muestra la dinámica de la guerra desde la anexión de los Sudetes checos y de Austria hasta el hundimiento del Tercer Reich, además de los ataques aéreos a Gran Bretaña, los contraataques aliados, la Operación Barbarroja, la contraofensiva soviética, el cerco sobre Alemania, etc.

 
Introducción
La década de 1930 fue un periodo de intranquilidad y zozobra para gran parte del globo: a la caótica situación económica que se había originado por el crack de 1929, se sumaba la presencia de gobiernos totalitarios, ante los cuales las democracias europeas, debilitadas en extremo por la crisis económica y la desesperada búsqueda de paz para evitar otro conflicto como el de 1914-1919, no pudieron hacer nada sino realizar concesiones. En poco menos de una década, y luego de un periodo de aparente prosperidad, el mundo estaba en el umbral de un nuevo enfrentamiento que superaría trágicamente al anterior en cuanto a capacidad de destrucción.

El potencial de destrucción que exhibió la Segunda Guerra Mundial no está referido únicamente a las nuevas armas, que las hubo en mayor cantidad y más destructivas (como ocurrió con la bomba atómica), sino a la eliminación de grupos humanos específicos, como fue el caso de los judíos. Marginados durante siglos, la población judía fue condenada al exterminio por las doctrinas racistas de Hitler y de los nazis que se encargaron de llevar adelante esta macabra tarea.
 
 
Las anexiones alemanas
Los nazis creían firmemente en la teoría del “espacio vital” (Lebensraum), creado por el geógrafo alemán  Ratzel, y que consistía en la anexión de territorios con el propósito de alcanzar el desarrollo de un país así como el retorno de territorios de habla alemana situados en otros Estados. De modo similar, Mussolini pregonaba la necesidad de una zona de influencia en el Mediterráneo para así poder recobrar el prestigio del antiguo Imperio romano. Los japoneses, por otro lado, sostenían que su “espacio vital” debía comprender las costas asiáticas, por lo que crearon el estado satélite de Manchukuo en territorio chino.

Esta ideología se sumó al programa económico del Eje (especialmente de Alemania) para reactivar la industria nacional mediante la fabricación de armamento a la vez que incrementara la producción de bienes de consumo mediante una reglamentación de las jornadas laborales y de los salarios. Contraviniendo abiertamente el Tratado de Versalles de 1919, Hitler ordenó el rearme y los gastos en material bélico se incrementaron de cuatro a dieciocho mil millones de marcos entre 1934 y 1938.

Con este soporte militar, Hitler comenzó su carrera expansionista con la Anschluss (incorporación de Austria) en 1938, donde realizó un plebiscito que legalizó la anexión. Siguiendo con su plan de conquista del “espacio vital”, demandó los Sudetes, un espacio checoslovaco habitado por tres millones de alemanes. Una vez ocupado el país checo, Hitler aumentó sus exigencias al corredor de Danzig, en territorio polaco. La negativa del gobierno polaco a ceder su soberanía y la firma del pacto de no agresión entre Rusia y Alemania el 24 de agosto de 1939 sellaron la suerte de Polonia, que sería invadida una semana después.

El “espacio vital” de acuerdo a Hitler
Ninguna nación de la tierra posee un solo metro cuadrado de territorio concedido por el cielo. Las fronteras se trazan y se modifican solo de acuerdo con la voluntad humana. El hecho de que una nación consiga adjudicarse un territorio que no le pertenecía no es ninguna razón para respetarla; prueba, sencillamente, el poder del vencedor y la debilidad de los perdedores. Este poder es la única cosa que da derecho a la posesión […].
Hitler, 1927.

La debilidad internacional frente al avance de Hitler
No se puede entender cómo el fascismo se extendió militarmente en menos de una década sin analizar la actitud de Francia e Inglaterra y de los ministros que negociaron con los líderes del Eje, Edouard Daladier y Neville Chamberlain, respectivamente. Pero más allá de las iniciativas personales de estos funcionarios, se debe indicar que ninguno de estos dos países deseaba la guerra puesto que su situación política, militar y económica no les permitía enfrentar un conflicto internacional.

La Sociedad de Naciones, creada en 1919 con el propósito de garantizar la paz entre los Estados, nada pudo hacer para contener el expansionismo fascista. Es más, las sanciones que le fueron impuestas a Japón por invadir China (1931) y a Italia por ocupar Etiopía (1935), lo único que lograron fue que estos países estrecharan sus vínculos mediante una serie de pactos y alianzas, como el Eje Roma-Berlín (1936) entre Italia y Alemania, y el Pacto Antikomintern (1936) entre Japón y Alemania. Hitler seguiría un camino similar retirándose de la Sociedad de Naciones en 1935 y dando inicio a una carrera armamentista que llevaría a los eventos de 1939-1945.

El reclamo de los Sudetes, y el pedido de ayuda del gobierno checo a Francia a Inglaterra, condujeron a celebrar la Conferencia de Múnich (setiembre de 1938) para decidir no solo la suerte de Checoslovaquia sino de Europa. Reunidos Chamberlain, Daladier, Mussolini y Hitler, convinieron en aceptar la ocupación alemana de Checoslovaquia en las zonas de habla germana. Paradójicamente, se creyó que Hitler cumpliría su compromiso de no invadir otros países, y que la Conferencia había asegurado la “paz para nuestro siglo”, cuando un año después se desencadenaría un conflicto de proporciones inimaginables.
 
 
La ofensiva del Eje (1939-1941)
El 1 de setiembre de 1939 Alemania invadió Polonia pretextando agresiones hacia los soldados germanos. La heroica resistencia polaca nada pudo hacer frente a la Blitzkrieg del Tercer Reich y capituló en tres semanas. Cumpliendo el pacto firmado semanas atrás, Polonia fue dividida entre Rusia y Alemania. Entre abril y mayo de 1940 el ejército alemán, la Wehrmacht, ocupó Dinamarca, Noruega, Bélgica y Holanda, mientras una desorganizada resistencia franco-británica trataba de escapar a la derrota total en las playas de Dunkerke.

Animado por la victoria, el Führer ordenó la invasión de Francia por el norte, lo que cogió desprevenidos a los estrategas franceses, que esperaban un ataque por el centro. Ante el avance germano, el gobierno francés huyó de París dejando libre el camino para su ocupación el 14 de junio de 1940. Se procedió a dividir el territorio en dos gobiernos: el del norte, bajo ocupación alemana, y el del sur, la Francia de Vichy, a cargo del mariscal Phillipe Pétain, con una relativa independencia. Poco después, Hitler intentó infructuosamente doblegar a Inglaterra mediante un intenso bombardeo aéreo.

Asegurado el frente occidental, Hitler decidió la invasión de Rusia mediante la Operación Barbarroja (junio de 1941) pues requería de recursos soviéticos como alimentos, minerales y petróleo. Durante los siguientes cinco meses, la Wehrmacht avanzó hasta Moscú y Leningrado, pero una desesperada contraofensiva rusa y el crudo invierno paralizaron el avance alemán provocando una serie de derrotas que marcarían el inicio del fin del Tercer Reich. Por esos meses, Italia realizaba incursiones militares sin mayor éxito mientras Japón atacaba la base norteamericana de Pearl Harbour (7 de diciembre de 1941) provocando la entrada de  Estados Unidos en el conflicto.
 
 
La contraofensiva aliada (1942-1945)
Tras haber perdido la iniciativa y haberse prolongado inesperadamente la invasión a Rusia, Stalin recompuso el Ejército Rojo a cargo del general Zhukov. El ataque ruso se inició en noviembre de 1942 con tal éxito que cercó al ejército alemán compuesto por 220 mil soldados en Stalingrado. La imposibilidad de entregar suministros a las tropas alemanas disminuyó la capacidad de combate de éstas, hasta su rendición en febrero de 1943. Desde ahí, se produjo el repliegue de las restantes tropas alemanas y el avance ruso hasta Berlín.

La necesidad de abrir un segundo frente, llevó a los aliados (incluyendo a Norteamericana) a combatir en el norte de África contra el general alemán Rommel y preparar la invasión de Italia (mediados de 1943). Esta se dio con el desembarco en Sicilia y la ocupación de la península italiana; ante la noticia del avance aliado, el Gran Consejo fascista depuso a Mussolini, y se preparó para negociar la paz.

Un tercer frente se abrió con el desembarco en Normandía o Día D (6 de junio de 1944) bajo el mando del general Dwight Eisenhower. Asediados por ambos frentes, Alemania contraatacó con las bombas V1 y V2 a Inglaterra, pensando que esto revertiría el curso de la guerra. Pero con un poderío reducido a su mínima expresión, Hitler solo esperaba resistir hasta la derrota definitiva. En el Océano Pacífico, se logró frenar el avance nipón, destruir la flota enemiga y ocupar Filipinas (octubre de 1944). Pero la resistencia japonesa y el uso intensivo de pilotos suicidas convencieron a Roosevelt de emplear una nueva arma: la bomba atómica.
 
 
El fin del Eje
La derrota del Eje comenzó en Italia, donde luego de un fugaz retorno al poder por obra de Hitler (quien estableció la República de Salo al norte de Italia), Mussolini no pudo hacer frente al avance aliado desde el sur ni evitar la entrada a Roma en junio de 1944. Casi al finalizar la guerra, Mussolini sería ajusticiado por combatientes italianos (28 de abril de 1945).

En Alemania la situación no era diferente, puesto que rusos y aliados avanzaban sobre Berlín desde los frentes oriental y occidental. Aislada en Berlín y en otras ciudades alemanas, la Wehrmacht era una sombra de su antiguo poderío. Entretanto, Hitler se había refugiado en su búnker, donde pasó sus últimos días junto a su amante Eva Braun con quien se desposó y con quien se suicidaría al ver que todo estaba perdido (30 de mayo de 1945), no sin antes dar la orden de “tierra arrasada” que implicaba la destrucción de Alemania. Su sucesor, el almirante Doenitz, firmó la rendición incondicional el 2 de mayo de 1945.

El proyecto de construcción de la bomba atómica estaba entre los planes norteamericanos desde 1942, y era conocido como “Proyecto Manhattan”, estando a cargo de los físicos Enrico Fermi y Robert Oppenheimer. En julio de 1945 las bombas estaban listas para su lanzamiento, el que se produjo poco después en las ciudades de Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto). El resultado fue inmediato y Japón firmó la rendición incondicional el 2 de setiembre de 1945, poniendo fin a seis años de conflicto.

  

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Pregunta a debatir

¿Qué hubiese pasado si las tropas alemanas hubiesen conquistado la URSS? ¿Cuáles hubiesen sido las consecuencias a corto y largo plazo?

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José Ragas

Soy estudiante del doctorado de Historia en América Latina de la Universidad de California, Davis. He sido docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde dicté cursos relacionados con Historia Contemporánea. Puedes seguirme a través de Facebook, Twitter o RSS.

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