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El predominio de las dictaduras (1918-1933)

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El fin de la Primera Guerra Mundial marcó tan profundamente a la sociedad que por todos los medios los políticos trataron de evitar que en el futuro se repitiera un hecho similar. Para cumplir con este propósito se creó la Sociedad de Naciones (antecedente de la ONU), un mecanismo destinado a promover la cooperación y el compromiso de no recurrir a la guerra. Pero el Tratado de Versalles y las duras condiciones impuestas a Alemania, como país perdedor, serían un exceso imperdonable de los vencedores que proclamaban la búsqueda de la paz.

No obstante la expansión de las democracias , su aplicación en determinados países fue muy inestable, dando paso a los fascismos, movimientos políticos dirigidos por líderes carismáticos que contaban con el apoyo de grupos armados y de tendencia autoritaria. Aún cuando aparecieron en espacios tan disímiles como España, Japón, Italia y Alemania (además de algunos países latinoamericanos), es posible identificar tres fundamentos ideológicos:

  1. La exaltación del nacionalismo;
  2. El rechazo al socialismo y a los movimientos obreros; y
  3. El repudio a las democracias liberales.

Este panorama implicó que las clases dirigentes (conformadas por banqueros, industriales, directores de periódicos y políticos), cedieran fácilmente a líderes de la extrema derecha que ofrecían contener a la clase obrera y a los nacientes partidos comunistas, sin percatarse en ese momento del enorme peligro que estaban creando sólo para asegurar una paz momentánea. El inicio de la guerra en 1939 y la derrota de 1945, les demostraría de la manera más dramática posible las consecuencias de este error.

 

Crisis de las Democracias Liberales

El caso de Francia e Inglaterra es singular porque no enfrentaron el temor al comunismo y al movimiento obrero en una escala masiva como sí ocurrió en Italia y Alemania. Por más que la crisis de 1929 agravó las condiciones de vida en los sectores populares y se produjeron motines y revueltas (mas no revoluciones como en Rusia), nunca se creyó necesario recurrir a medidas extremas como el fascismo en estos dos países. En lugar de ello, ambas naciones recurrieron a otros mecanismos, como fue el caso de sus posesiones coloniales o a coaliciones partidistas, para reducir las tensiones socio-económicas del momento.

La década de 1920 significó para Francia un periodo de inestabilidad parlamentaria y de intensas luchas entre grupos de derecha y de izquierda. La crisis de 1929 complicó el escenario político con el avance de las fuerzas de extrema derecha y los intentos de la izquierda por frenar esta influencia. Con este propósito se formó el “Frente Popular” que consiguió el triunfo en las elecciones de 1936 y que colocó en la presidencia al socialista León Blum. Los intentos de éste por llevar a cabo una serie de reformas sociales fracasaron, provocando la debilidad de Francia hacia 1938.

En Gran Bretaña, los conflictos políticos no estuvieron ausentes y fueron consecuencia del tipo de medidas que debían adoptarse para reducir el efecto de la crisis económica mundial. Es así como los laboristas se impusieron sobre los liberales y los socialistas, fomentando una política de control económico, que permitió una leve recuperación de los niveles de vida hacia 1936. Un eventual grupo de extrema derecha (Unión Británica de Fascistas), que hizo suyo los postulados nazis, desapareció rápidamente al estallar la Segunda Guerra Mundial.

 

Italia y el Fascismo

La etapa posterior a la Primera Guerra Mundial fue de recesión económica para Italia, la misma que se tradujo en inflación y desempleo. En el entorno rural, los campesinos se apoderaron de las grandes propiedades, mientras los obreros ocupaban las fábricas para exigir aumentos salariales. Las huelgas se hicieron cada vez más frecuentes y desencadenaron una ola de violencia con un saldo de 300 muertos.  La clase media no estaba en mejor situación pues la inflación redujo los salarios a niveles insostenibles.

La incapacidad de los políticos por controlar la situación favoreció el nacimiento en 1919 de los Fasci di Combattimento en Milán, el cual pronto pasó de ser un grupo reducido de simpatizantes a un amplio movimiento que contaba con el apoyo de los propietarios agrícolas perjudicados por las tomas de tierras. Dos años después, su líder Benito Mussolini fundaba el Partido Fascista que agrupaba a 700,000 afiliados. Su creciente influencia entre la monarquía y el ejército le permitieron ascender al poder e implantar un gobierno autoritario. Para ello fue decisiva la Marcha sobre Roma (octubre de 1922), una movilización fascista para presionar al rey a favor de entregar el gobierno a Mussolini.

Instalado en el gobierno desde diciembre de 1925, Mussolini se abocó a la tarea de implementar su proyecto, que consistía en una fuerte presencia del Estado, el proteccionismo industrial y la autarquía económica. El ideal fascista estaba marcado por la grandeza del antiguo Imperio romano por lo que pretendían expandirse militarmente en el Mar Mediterráneo. Todo esto se complementaba con un culto a la figura del Duce Mussolini, dentro de una serie de actos minuciosamente coordinados por el Estado y que contaba con la participación forzada de la población.

 

Alemania y el Nazismo

Alemania, dada su condición de país perdedor, fue la más perjudicada luego de la guerra de 1914-1919. No solo a nivel económico, dado que los alemanes tenían que soportar el alto costo de la indemnización de guerra, sino también a nivel político. La derrota trajo el fin del Imperio alemán y la huida del káiser Guillermo II. Se formaron entonces dos poderes: el Parlamento que albergaba a la vieja administración imperial, y una serie de concejos obreros, que imitaban a los soviets rusos.

La imposibilidad de ejercer un mando fuerte desde el Gobierno, sumado al descontento de la clase media y trabajadora producto de la crisis de 1929, facilitaron el surgimiento y la consolidación del Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes, también denominado Partido Nazi. Fundado hacia 1920 en Múnich, fue insertándose rápidamente en el Parlamento hasta conformar una fuerza capaz de obligar al presidente Hindenburg a nombrar como canciller al líder nazi Adolfo Hitler.

Ya como canciller, Hitler se abocó a eliminar la institucionalidad con el fin de concentrar todo el poder. En mayo de 1933 se ordenó el cierre de los sindicatos y de los periódicos; dos meses después, el segundo partido más importante, el socialdemócrata, fue disuelto por órdenes del gobierno, prohibiéndose cualquier otro partido que no sea el nazi. El Estado pasó a regular diversos aspectos de la vida cotidiana de la población, incluyendo la educación y las actividades proselitistas a favor del Führer Adolfo Hitler. En lo militar, el nazismo buscó expandir Alemania hacia el este tratando de retomar la idea de un Imperio.

 

La Guerra Civil China

Las constantes incursiones armadas por parte de las potencias occidentales en el Imperio chino se hicieron más frecuentes en el siglo XIX, como consecuencia de la búsqueda de mercados. Este fue el caso de Gran Bretaña, Francia y Alemania, que además de imponer condiciones desventajosas para los chinos, ocuparon militarmente el país. Estas invasiones provocaron la violenta reacción del pueblo chino, dirigida por una sociedad secreta llamada “Puños para la justicia y la concordia” (de ahí su nombre de “boxers” o “boxeadores”) que atacaron las embajadas europeas en 1900. La represión fue brutal: se ejecutaron a los cabecillas y se impuso una fuerte indemnización de guerra.

El rápido desprestigio del Imperio llegó a su punto culminante en 1911 cuando estalló una rebelión provincial provocando la abdicación de la dinastía manchú al año siguiente. Por cerca de una década reinó la inestabilidad y el caos debido al precario liderazgo y muerte prematura de Yuan Shikai en 1916, tras lo cual los jefes de los ejércitos regionales comenzaron a pelear entre ellos.  Fue entonces cuando Sun Yat-Sen, líder de un movimiento modernizador, creó el partido Kuo-min-tang que participó activamente en la rebelión estudiantil de 1919 provocada por la aceptación de las concesiones hechas por los aliados a Japón a expensas de China.

Apoyados por Rusia, el Kuo-min-tang se alió con los comunistas, pero esta alianza se rompería con la muerte de Sun Yat-Sen y el nuevo liderazgo de Chiang Kai-Shek, quien persiguió a los comunistas en 1927 iniciándose una lucha sin tregua. Sin embargo, la invasión japonesa de 1937 obligó a una tregua que demostró el alto nivel de los comunistas, los cuales comenzaron a forjar una serie de alianzas con los campesinos.

 

La Guerra Civil Española

España no participó de la Primera Guerra Mundial pero no pudo escapar a los efectos de la crisis de 1929. Como en Alemania, la Monarquía fue abolida y cedió su lugar a un gobierno republicano de corte socialista dirigido por Manuel Azaña, quien fracasó debido a su incapacidad para emprender una reforma agraria. La subida al poder de un gobierno de derecha y la violenta represión por parte del ejército a las huelgas mineras producidas en Asturias, convencieron a los izquierdistas que debían agruparse bajo un solo partido, denominado Frente Popular.

Con la ayuda de los anarquistas, el Frente Popular ganó las elecciones de 1936 y Manuel Azaña volvió a la presidencia. La derecha buscó entonces el apoyo de los militares, teniendo como líderes a José Antonio Primo de Rivera (fundador de la Falange, movimiento fascista), el general Francisco Franco y José Calvo Sotelo. El posterior asesinato de éste último inició el levantamiento del ejército, que se extendió de norte a sur en la Península y el norte de África (Marruecos y Canarias). El gobierno republicano se replegó a Madrid y Barcelona, donde la lucha por la capital sería larga e intensa.

A medida que transcurrían los meses, las posibilidades de una recuperación militar por parte de los republicanos eran casi inexistentes, a pesar de la ayuda rusa, la cual era inferior a la prestada por Alemania a los nacionalistas dirigidos por Franco. La derrota de los republicanos en Barcelona (enero de 1939) así como la dimisión de Azaña ante el reconocimiento de Francia e Inglaterra del gobierno de Franco facilitaron la toma de Madrid por los nacionalistas en marzo de ese año, poniendo fin a seis años de guerra civil.

 

Documental

“Hitler. El reinado del mal” (Hitler. The rise of evil) es una película para TV que narra la biografía de Hitler desde su infancia hasta su ascenso al poder en 1933. Aquí los dejamos con la primera parte. La película completa puede ser vista aquí

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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