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Especiales

El debate sobre la enseñanza de la Historia en Gran Bretaña

Hace unos días se reunieron en la BBC el actor Colin Firth, el editor de The New Left Review Tariq Ali y el historiador Niall Ferguson para conversar sobre las reformas en la currícula de Historia que se busca implementar en los siguientes meses. Tanto Ali como Ferguson están de acuerdo en que la forma como se enseña Historia en las escuelas no es la más adecuada. Para Ferguson hace falta una cronología adecuada que permita entender los hechos que pueden parecer aislados a primera vista. Ali concuerda con esta naturaleza fragmentaria de la Historia, tal como es enseñada en la actualidad. Asimismo, el proceso histórico ha sido reducido a una serie de categorías o cadenas de causa-efecto, que solo favorecen simplificaciones antojadizas de interpretación, las cuales a su vez son replicadas por los medios de comunicación.

En un segundo plano, la crisis económica ha afectado severamente a las instituciones británicas, tal como ha ocurrido en otras partes del mundo, y las ha forzado a reducir significativamente sus presupuestos, con menoscabo para las Humanidades y quienes las producen y enseñan. Ello ha provocado una serie de violentas manifestaciones por parte de los estudiantes de la isla, quienes han reclamado por lo que parece ser un ataque no solo al tema presupuestario de la universidad pública británica, sino al futuro de la misma en cuanto a competitividad y oferta de enseñanza.

La confluencia entre estos dos aspectos que afectan directamente la enseñanza de la Historia (tanto su producción como su enseñanza) debería llamar la atención de quienes están involucrados en ambas fases del proceso de que es un proceso mundial y que va a afectar a la disciplina en cada país, obligando a su reevaluación. Si no, miren lo que viene ocurriendo en Chile y otras partes del mundo.

Para alimentar el debate sobre los cambios en la currícula escolar británica, he traducido un texto aparecido en The Guardian y escrito por Antony Beevor. “In defence of History“, es un alegato por una historia adecuada a los tiempos actuales y que demuestre, de manera concreta y abierta, por qué es importante, pero sin otorgarle el aire moral que se pretendía otorgarle a su aprendizaje en las décadas pasadas.

 

Antony Beevor. En defensa de la Historia

¿Es la Historia un producto acabado? Nuestro sistema educativo escolar parece considerarlo así. Por lo general, pareciera que la enseñanza de la Historia es percibida por el sector educativo como un equivalente de la enseñanza de las lenguas muertes: un lujo innecesario de épocas pasadas, y algo que el mundo actual no necesita. En los debates más recientes sobre la currícula nacional, la Historia ha merecido el estatus de “asunto innecesario” (inessential subject). Esto constituye un grave y miope error.

En un nivel puramente práctico, la Historia es importante porque ofrece las habilidades básicas que los estudiantes necesitan para adentrarse en la Sociología, Política, Relaciones Internacionales y Economía. La Historia es también la disciplina ideal para quienes desean seguir la carrera de Derecho, así como ser funcionarios públicos o en el sector privado. Esto se debe a que la Historia enseña a los estudiantes a investigar y evaluar información, a organizar hechos y desarrollar argumentos, y a obtener conclusiones lógicas. La escritura de un ensayo entrena a los jóvenes a escribir informes y preparar exposiciones. Y, según los empleadores, estas son habilidades que los egresados carecen.

La Historia también es necesaria porque ayuda a explicar eventos actuales. ¿De qué manera la cultura y el capitalismo occidentales han dominado el mundo? ¿De qué forma las culturas aparecen y caen? Eso es lo que necesitamos saber, porque de otro modo no podremos comprender las consecuencias del despegue de China, India y Brasil, el debilitamiento de Estados Unidos ni la decadencia económica y política de Europa. La Historia no nos brinda las respuestas, pero definitivamente ayuda a centrar nuestras preguntas y nuestro entendimiento de las fuerzas que existen en el mundo de hoy.

Naturalmente, la Historia puede ser fácilmente manipulada. Necesitamos conocer la historia para detectar cuando nuestros líderes establecen paralelos falsos, como el Presidente Bush cuando comparó el 9/11 con Pearl Harbor, o Tony Blair al referirse a Saddam Hussein como Hitler. Los medios de comunicación son también responsables por hacer fáciles comparaciones que terminan siendo equívocas. Como votantes, y como ciudadanos, debemos ser capaces de ver a través de estas peligrosas distorsiones.

Los profesores, quienes son los responsables en esta materia, tienen poco tiempo para dedicar al análisis de estos temas. Cada año, las horas dedicadas a la enseñanza de la Historia han ido reduciéndose más y más. Junto con Albania e Islandia, Gran Bretaña es en la actualidad uno de los pocos países en Europa en los que el aprendizaje de la Historia no es obligatorio después de los 14 años de edad. Peor aun, el curso es enseñado en módulos aislados de conocimientos especializados.

¿Cómo podrá un niño interiorizar estos procesos sin una línea de tiempo? Una década parece para ellos un largo periodo de tiempo, por lo que un siglo, sin mencionar un mileno, está más allá de su imaginación. Algún tipo de comprensión de los eventos más importantes de Gran Bretaña y el mundo es esencial para brindar un contexto y un referente cronológico. Un amigo que enseña historia de la medicina a doctores graduados, me comentaba que no podía usar términos como “Napoleónico” o “Victoriano”. Sus altamente preparados estudiantes habían escuchado sobre Napoleón y la Reina Victoria, pero muchos no sabían en qué época habían vivido.

Pero además, la Historia es –o debería ser– interesante. Pese a que alguna vez fue descrita como “una maldita cosa después de la otra”, tanto la secuencia de causa y efecto como los detalles de la misma son fascinantes. Tratando de rehuir esto, muchos profesores que carecen de entrenamiento histórico se colocan naturalmente a la defensiva, temiendo que los temas puedan resultar siendo aburridos para sus alumnos. Sabiendo que el único contacto que estos tienen con la Historia es a través de películas o series, los profesores se sientes tentados a profundizar el proceso, utilizando programas como Blackadder para enseñar la Primera Guerra Mundial. En medio de una creciente sociedad post-escritura donde reina la imagen en movimiento, la historia convertida en ficción parece ser la norma.

Ya la televisión y el cine han influido en las escuelas y los estudiantes para escoger “Hitler and the Henries” como tema para sus exámenes, simplemente porque se sienten más cómodos con algo que ellos reconocen. Pero como Simon Schama discute acertadamente, hay muchos otros periodos y eventos que son igualmente interesantes y muy relevantes. Se necesita algo más que un enfoque narrativo para atrapar la imaginación de los jóvenes. Esto no debería ser difícil. Desde Edward Gibbon en el siglo XVIII, los historiadores británicos han utilizado una prosa que apunta a ser narrativa y cubrir un amplio espectro, en marcado contraste con el enfoque analítico usado en el resto de Europa.

Los críticos podrán decir que la Historia tal como se hace en Gran Bretaña es muy local y hace que inmigrantes y aquellos de otras culturas se sientan excluidos. Pero si el tema es enseñado de forma apropiada, los jóvenes podrán aprender cómo este país, desde sus inicios, ha absorbido sucesivas olas de migrantes. Enseñar la historia del imperio británico está relacionada, para bien o para mal, con la del mundo. El imperio nos hizo lo que ahora somos, formando nuestra identidad nacional. Un país que no entiende su propia historia difícilmente podrá respetar la de otros.

Nunca podría argumentar que los historiadores o los profesores de Historia tienen un rol moral. Su principal obligación es la de entender la mentalidad de una época y de transmitir ese conocimiento: no la de aplicar los valores del siglo XXI a épocas pasadas. Ni menos simplificarlos para propósitos morales. Es absolutamente correcto exponer los horrores del comercio trasatlántico de esclavos, pero el papel de los líderes africanos que participaron de este comercio también debe ser explicado. Y también el hecho que el comercio de esclavos en Medio Oriente fue más antiguo y letal. Sin lugar a dudas, este provocó la muerte de muchas más víctimas en circunstancias particularmente horribles.

Además, la Historia tampoco debe ser utilizada para inculcar virtudes ciudadanos. Aun cuando ofrece el acervo más rico de ejemplos y dilemas morales, los cuales conforman la materia prima de la ficción, el gran drama y la vida en sí misma. Sin un entendimiento de la Historia, nos vemos política, cultural y socialmente empobrecidos. Si sacrificamos la Historia a la presión económica o a recortes presupuestales, perderemos una parte de quiénes fuimos.

Créditos: La imagen de la cabecera proviene de aquí, mientras que la de Beevor de aquí.

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Agenda Historiadores

Defensa de tesis sobre el APRA (París, enero 2011)

Cuando se habla de historiografía o se hacen balances de la producción académica o estados de la cuestión, se suele arrastrar una percepción de incluir solo lo “publicado” como artículos, libros, compilaciones o manuscritos. Muy pocas veces se suele incluir tesis (sean estas de licenciatura, maestría o doctorado) y mucho menos papers o ponencias, lo cual limita de manera considerable el volumen de información.

Las razones son variadas y en este caso me remitiré a las tesis. En primer lugar, no existen canales de difusión donde se publiciten las tesis que han sido realizadas por los egresados de determinada especialidad. Solo recientemente se ha procedido a difundir las tesis y sus autores, como lo ha hecho la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Juan José Pacheco a través de su facebook, respectivamente. Además, muchas veces las tesis siguen guardadas con secretismo ya que los autores consideran que lo mejor es mantenerlas ocultas por temor a que alguien las pueda plagiar o hasta que puedan ser publicadas, lo cual no siempre ocurre.

No es necesario insistir en la importancia que tienen las tesis como parte del circuito del conocimiento académico. Ahora que el internet y las redes sociales permiten tener canales de comunicación y difusión adecuados creemos que es importante difundir lo relacionado con las defensas de tesis, ya sea de autores peruanos (aquí y aquí) o peruanistas en el extranjero de modo que los interesados puedan tomar contacto con los tesistas. A propósito de esto, tengo el agrado de comunicar que Daniel Iglesias va a defender su disertación: «Redes Transnacionales y Dinámicas de Conflicto en exilio: Sociología Histórica de las prácticas políticas de los dirigentes de los partidos populares apristas (1920-1962)».

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Especiales Historiadores

(Nuevos) Combates por la Historia

El título del libro no puede ser más provocador: ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las doce claves del futuro (2010). Escrito por el periodista argentino Andrés Oppenheimer, en el mismo se plantea una idea tan simple como inquietante: “La obsesión latinoamericana con la historia nos está robando tiempo y energías para concentrarnos en el futuro” (p. 382). Es decir, dejemos de estudiar Historia para dedicarnos a algo más productivo: ciencias o ingeniería, en todo caso.
Las recientes celebraciones por los Bicentenarios y el uso político que algunos presidentes latinoamericanos buscaron sacar del mismo al ensalzar a los padres fundadores lleva al autor a considerar que nuestra lectura del pasado, a partir de este episodio en particular, es un obstáculo para obtener el tan ansiado desarrollo. No le falta razón en varios aspectos, como la necesidad de adaptarnos a un mercado competitivo, no confiar en los recursos naturales o establecer políticas educativas más adecuadas. Pero su planteamiento central es escalofriante, ya que promueve la formación masiva de técnicos sin un mayor conocimiento en otras áreas.

La mejor manera de contrarrestar un título como el del libro de Oppenheimer es con otro. En este caso, el de un libro de Lucien Febvre publicado en francés en 1952 y cuyo encabezado he tomado para esta nota. Me interesa llamar la atención sobre un discurso que se está instalando entre quienes manejan la política educativa. Este discurso plantea que las Humanidades, entre ellas la Historia, son áreas débiles y que pueden ser fácilmente suprimidas o manipuladas. Lejos de ser un fenómeno circunscrito a América Latina, es una tendencia mundial, que ha ganado espacio debido a la actual recesión económica como al auge de un pensamiento tecnócrata-neoliberal.

Esta arremetida contra la Historia adopta diversas formas, siendo algunas de ellas las intervenciones estatales en los textos escolares (Argentina, China, Corea del Sur, España, EEUU, Francia, Irak, Rusia), los recortes presupuestales a departamentos académicos (Gran Bretaña) o el incremento de horas a determinadas materias en perjuicio de las de Historia, tal como viene ocurriendo en Chile. Es en este país donde se viene desarrollado una intensa polémica que ha movilizado a historiadores (profesores y alumnos por igual), para reclamar al Gobierno por una medida que privilegia la educación técnica sobre la reflexión (el jueves pasado cerca de dos mil personas marcharon al Ministerio de Educación para entregar una carta que reflejaba su descontento por dicha medida). Los manifiestos públicos que han estado circulando por internet revelan cuán arraigada se encuentra la necesidad por mantener la enseñanza de la Historia en la ciudadanía chilena y por hacer de esta un ejercicio crítico de acercamiento al pasado común.

El que esto ocurra el mismo año de muchos de los Bicentenarios latinoamericanos nos pone en la incómoda situación de plantearnos una autocrítica como historiadores: ¿hemos logrado interesar a la gente por el estudio del pasado? Por lo visto, ya no basta con que proclamemos que el pasado es importante o que manifestemos a voz en cuello nuestra condición de especialistas en el mismo. Las reglas del juego han cambiado, por lo que necesitamos relacionarnos con otras disciplinas, aprender las nuevas tecnologías, conectar nuestros temas con problemáticas del presente e incorporar a los profesores de colegios y editores en nuestra tarea. Y necesitamos hacerlo con urgencia, ahora que la memoria y los DD.HH. han comenzado a ser reexaminados de acuerdo con intereses políticos para favorecer la impunidad y el olvido. De lo contrario, los jóvenes van a seguir confundiendo a Abimael Guzmán con el gerente de CLAE, Carlos Manrique, según lo reveló un reportaje televisivo emitido en diciembre del año pasado.

Esta nota apareció publicada originalmente en Puntoedu.

Enlaces relacionados

Para seguir el desarrollo de los eventos en torno a la protesta de los historiadores chilenos pueden acceder a los siguientes links:

El primer texto que circuló de manera masiva y pública sobre el tema fue esta Declaración de estudiantes, profesores e historiadores respecto de la reducción de horas de clases de Historia, que reunió más de ochocientas firmas de historiadores chilenos.

Se ha creado además el blog Historia y Reforma, que recopila información sobre la protesta y está en permanente actualización. Por facebook, recomiendo también el Grupo de Estudios Americanos.

Para tener una visión más amplia sobre la reforma educativa propuesta por el Gobierno de Sebastián Piñera, recomiendo el excelente blog Sala de Historia.

Fotos sobre las movilizaciones del 25 de noviembre aquí y del 02 de diciembre aquí.

Si son twitteros, recomiendo estas cuentas: Sala de Historia, Historia Lucha, Fernando Purcell, Pablo Whipple

Créditos: La foto de la cabecera viene de aquí.

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Historiadores

Nota aclaratoria del Coloquio de Estudiantes de Historia de la PUCP

En dos recientes posts (aquí y aquí), el Sr. Eugenio D’Medina, profesor contratado del Departamento de Economía de la PUCP, ha dejado sentada su posición sobre un incidente ocurrido con el Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia de la PUCP, en donde se queja por haber sufrida una presunta “censura” debido a que una ponencia suya (“El legado liberal de José Faustino Sánchez Carrión”) no fue aceptada por los organizadores.

A su vez, el Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia (CIEH, en adelante) ha emitido una nota aclaratoria, incluida al final de este post, en la que rechaza tajantemente los comentarios del Profesor D’Medina, los cuales resumo a continuación:

1. El Profesor D’Medina señala que la ponencia de su autoría enviada al CIEH este año “se ajustó a todos los requerimientos de las bases” (lo cual es inexacto, como indicaré a continuación).

2. El mismo D’Medina desliza además la posibilidad de que haya sido el contenido de la ponencia lo que pudo haber provocado lo que él considera un “veto” (debido, supuestamente, a la actitud de otros espacios que no habrían reproducido comentarios suyos).

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Especiales

Breve historia del matrimonio gay

La reciente aprobación del matrimonio gay en Argentina ha sido recibida con beneplácito por aquellos que consideramos que este tipo de unión no debe estar restringida solo a las parejas heterosexuales. Una medida como esta, era de esperarse, también ha generado una fuerte corriente de opinión pública en contra.

Argentina se ha convertido en el primer país de América Latina en aprobar la ley del matrimonio gay (en México esto es solo válido en la capital mas no en el resto del país), lo cual ha significado un triunfo que se espera provoque un “efecto dominó” en los países que aun mantienen sus recelos frente a un proyecto similar. Entre ellos, por supuesto, el Perú, en donde el Cardenal Juan Luis Cipriani ha salido a declarar su abierta oposición (¿alguien sorprendido?) de la siguiente manera:

“Argentina tiene un mal equipo de fútbol y un muy mal entrenador como (Diego) Maradona. Yo creo que no hay que imitar esas partes de Argentina, creo yo que el matrimonio es una institución natural de hombre y mujer complementarios para toda la vida”.

Después de agradecerle al Cardenal por alegrarnos el día con su humor en base a metáforas del Mundial de Fútbol, he creído conveniente hacer un repaso por la historia del matrimonio gay, con énfasis en Estados Unidos, donde se ha desarrollado una lucha muy fuerte por conseguirlo, lo cual se ha logrado parcialmente.

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