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José Ragas

Soy estudiante del doctorado de Historia en América Latina de la Universidad de California, Davis. He sido docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde dicté cursos relacionados con Historia Contemporánea. Puedes seguirme a través de Facebook, Twitter o RSS.

El legado del Mundial Sudáfrica 2010

Escrito por José Ragas. Posteado en Especiales

Una de las cosas que más me han preocupado estos últimos días respecto a mis colegas futboleros (el 90% de mis colegas adoran el fútbol, lo cual me convierte en un extraño tipo de minoría), es qué van a hacer a partir de mañana, cuando termine el Mundial. Y es que si alguien tenía dudas sobre lo que puede llegar a significar el fútbol, este último mes ha bastado para confirmar su poder de convocatoria y el efecto de arrastre, imposible de ser comparado con cualquier otro evento, sea deportivo, político o religioso.

Multipliquen este efecto de arrastre al hablar de un Mundial de Fútbol, el cual ha sido visto por (decenas, centenas de) millones de personas en una época de expansión ya no solo de las comunicaciones “tradicionales”, como la television, la radio y la prensa, sino del internet y las redes sociales (lo más curioso que me ha pasado a sido seguir un partido por twitter, lo cual constituye toda una experiencia).

Más allá de los equipos que han jugado, de quién va a ganar la copa y de los aspectos anecdóticos del Mundial (la sorpresa no fueron los jugadores sino un pulpo con vocación de Nostradamus o la aparición de un nuevo tipo de tortura sonora como las vuvuzelas ya adoptadas por hinchas locales y candidatos a la alcaldía limeña), creo que es pertinente preguntarse si el fútbol y más aun un evento como el Mundial puede influir en el país que lo alberga cada cuatro años. Tratándose del evento más importante del mundo y que esta vez ha sido llevado a cabo en una de las regiones más complicadas, ¿qué puede esperar Sudáfrica de un Mundial que termina hoy?

Las ventajas económicas se dan por descontado, por supuesto, aunque a veces olvidemos la enorme inversión que significa organizar un Mundial, para lo cual un país, sobre todo si este se encuentra entre los en “vías en desarrollo”, tiene que transformarse por completo y tirar la casa por la ventana. Pero hay también otro aspecto, menos tangible en términos de dinero, y que tiene que ver con el valor simbólico que otorga ser la sede de estos eventos, como el Mundial de Fútbol. Y el caso de Sudáfrica es significativo por esto, precisamente.

Se trata de un país con un legado muy fuerte de violencia, pobreza y discriminación, que solo en los últimos años ha podido buscar las formas para encontrar el camino a la reconciliación social entre sus pobladores. Cualquier que haya visto “Invictus” podrá dar cuenta de cómo un deporte permitió no sanar del todo pero sí pavimentar el camino para la integración. Y si el rugby hizo esto a nivel interno, se espera que el fútbol aliente un nuevo tipo de autopercepción al interior del país como hacia afuera.

Este artículo aparecido hoy domingo en The New York Times -y que traducimos en su totalidad a continuación- condensa las esfuerzos y las esperanzas porque este evento no pase desapercibido ni para los sudafricanos ni para el resto del mundo, y que signifique una nueva etapa para la manera en que el mundo mira a África. También recomiendo el artículo escrito por Nicholas Griffin, “Cómo el fútbol derrotó al Apartheid”, publicado en la última edición de Foreign Policy.

Naturalmente, la única magia que se puede esperar del fútbol es la que se realiza dentro del gramado. Por sí solo, el fútbol no puede cambiar de la noche a la mañana la situación de un país. Pero vaya que ayuda.

 
 
Celebrando a Sudáfrica y un trabajo bien hecho

No cualquier Mundial de Fútbol termina con la máxima autoridad citando a un poeta. Pero una vez más, este no ha sido un Mundial de Fútbol cualquiera.

El sábado (ayer), un día antes del encuentro entre España y Holanda, dos países que nunca han ganado el Mundial, y que iban a encontrarse en la final, Danny Jordan dijo que Sudáfrica era la primera nación africana en ser anfitriona del más importante evento mundial deportivo.

En su lengua natal existe un término, Ubuntu, que significa que todos están conectados, dijo Jordan, quien creció bajo la segregación, como un hombre con un pasado mixto.

Este concepto sudafricano recordó a Jordan la Meditación XVII de Donne, la cual incluye la frase “Ningún hombre es una isla”.

En medio de la rudeza propia de cualquier Mundial de Fútbol, y pese a los jets privados aterrizando en Durban, manteniendo los horarios de vuelo para la semifinal, ha habido también otra dimensión, que nos atreveríamos a llamar idealística.

A este siempre se refirieron como un instrumento de “construcción del Estado-nación y de cohesión social”, dijo Jordaan en una conferencia en las afueras de Johanesburgo. Jordan, quien tiene antepasados holandeses y Khoi, recordó a todos que el legado de Nelson Mandela está aun presente, aun cuando el patriarca de 91 años no.

Los africanos manejaron las computadoras y los africanos proveyeron la seguridad. Los africanos, asimismo, construyeron los nuevos estadios. Una mujer manejaba una grúa, anotó Jordaan. Él calculaba que solo uno de los 49 millones de habitantes del país asistieron a los partidos, pero como consecuencia de la escasez y el costo de los tickets. Pero como el equipo de casa, el Bafana Bafana, fue eliminado, para él los Sudafricanos de todos los colores se unieron en un solo apoyo para Ghana (contra los Estados Unidos) mientras otros apoyaban a Brasil (¿Quién no ama a Brasil?), y en las semifinales escogieron entre Uruguay, Alemania o España. Eran fans. Ellos pudieron escoger, así como podían caminar en una tienda o restaurant, lo cual no se podía hacer cuando él era joven.

Jordaan, de 58 años, admira a Mandela. (…) La primera vez que votó, me contó él en 2008 en Nueva York, fue elegido al Parlamento.

Pasó por alto su escepticismo acerca del costo del Mundial de Fútbol, cualquier que este haya sido, pero a medida en que su aeroplano que lo llevaría al tercer partido en Puerto Elizabeth, él admitió: “Habrá una enorme tristeza este lunes luego del Mundial de Fútbol. Espero que vayan a trabajar”.

Si en caso tienen trabajo. El desempleo se calcula en 25% en el país. Muchos de los jóvenes que obtuvieron cosas alrededor de los estadios en este último mes me dicen que no tendrán trabajos cuando esto acabe. No existe evidencia de que los Mundiales de Fútbol o los Juegos Olímpicos dejen un legado de trabajos y estabilidad, pero la premisa de Jordaan es que la gente ahora conoce mejor a Sudáfrica como un lugar de cultura y negocios.

Jordaan ha escuchado todo eso en los últimos años, desde personas fastidiosas como yo preguntándole si los buses para corresponsales saldrían a tiempo. El sábado dijo: “Le diré a la gente, ‘Solo quédense en sus habitaciones y no molesten’”.

Él ha convivido con la especulación de que Sudáfrica no podría ser capaz de albergar el Mundial de Fútbol al no ser capaz de construir estados o vender tickets. El responsable de la FIFA, Marry King Sepp Blatter, le dijo en algún momento que él tenía países que podían servir como opciones alternativas, si en caso Sudáfrica fallara. Recientemente, Jordaan habló por radio y contó que. “Nos estamos desplazando hacia la etapa en que los equipos comienzan a regresar a casa. Pero el primer equipo en irse fue Plan B. No están aquí”.

Los medios de comunicación británicos predijeron epidemias y terremotos en regiones estables. Jordaan le dijo recientemente al Mirror de Gran Bretaña: “Sabía que los críticos se habían rendido cuando comenzaron a aparecer relatos sobre serpientes venenosas y que estas podían ser una amenaza para el evento. La gente decía que estas serpientes eran tan peligrosas que una sola podía exterminar dos equipos de fútbol (…)”.

Sudáfrica había sido el país anfitrión de la Copa Mundial de Rugby en 1995, cuando el equipo local Srpingboks ganó y Mandela se puso la camiseta verde. Sudáfrica fue también el co-anfitrión de la Copa Mundial de Cricket en 2003. Pero siempre existe la necesidad por seguirse imponiendo retos a uno mismo.

Y sí,es imposible pasar por alto que la extrema seguridad convierte cada adorable hogar de los suburbios en una isla. En este punto, hay que mencionar que se trata más de un problema económico que racial. Pero caminando alrededor de Durban y Johannesburgo, me percaté de cuán complejo y atrayente puede ser Sudáfrica.

“La gente no quiere confiar en África”, dijo Blatter dos años atrás. “Eso está mal. África ha dado mucho al mundo además del fútbol. Algún día, algo de esto retornará. Así que tenemos el Mundial de Fútbol. Vamos a celebrar a África, ¿por qué no?”.

Blatter ha dicho algunas cosas descabelladas también, pero él persiste en hablar sobre la “responsabilidad moral” que significa albergar un Mundial de Fútbol. Blatter no citó a John Donne, pero Danny Jordaan sí. En un Mundial de Fútbol de primerizos, eso es lo que importa.
 
 
 
Créditos: La foto de la cabecera proviene de aquí. La foto del interior de aquí y aquí.

Irak, la guerra y los textos escolares (2003-2010)

Escrito por José Ragas. Posteado en Especiales

Uno de los aspectos menos estudiados en las etapas posteriores a las etapas de violencia o guerra (interna o externa) son los relacionados a la reconstrucción del pasado entre la población escolar. Aunque el tema de la manipulación de la historia ha sido abordado en relación a las dictaduras y regímenes totalitarios, no hay que descuidar que las democracias también intentaron utilizar los medios a su alcance para brindar una visión del pasado nacional acorde a sus intereses.

Entre estos medios, quizás el más importante sea el de los textos escolares. Las razones de su importancia pueden sintetizar, a mi entender, en dos. En primer lugar, por el alcance masivo que tienen los textos entre una población en formación y aprendizaje, que se extiende desde la primaria hasta la educación secundaria. En segundo lugar, porque la intervención de los textos escolares permite articular una serie de agentes estatales que van desde el profesor de escuela hasta el Ministro del ramo, pasando por editores, revisores (o censores), directores, autoridades administrativas, etc., los cuales legitiman un mensaje que escapa al ámbito educativo y se complementa con otros discursos políticos y públicos.

Si lo quisiéramos poner en términos de Benedict Anderson, esos textos conforman una herramienta para la difusión de una “comunidad imaginada”. Aun cuando su estudio podría entrar en el rubro de la historia de la lectura y del libro, pienso que merecen un tratamiento especial o cuando menos algunas advertencias al momento de acercarnos a su estudio.

Los historiadores y el alcohol

Escrito por José Ragas. Posteado en Historiadores

Si de aquí a cien años algún investigador se propusiera indagar por lo que bebíamos los peruanos hacia fines del siglo XX e inicios del XXI, una de sus conclusiones, válida por cierto, sería que los peruanos solo bebíamos pisco sour. Día y noche. Sin excepción.

Y es que los estudios sobre el pisco sour o el pisco en sí son tan abrumadores que da la impresión que no existieran otros licores en nuestro país. Bajo esta lógica, habría una que otra bebida gaseosa (sobre todo Inca Kola) y jamás tomaríamos agua. Si bien no existe una disciplina o campo especializado en la historia de los licores y las bebidas, lo cierto es que los historiadores podríamos prestarle más atención a este rubro, dada la importancia que tienen en nuestra sociedad.

Uno de los principales problemas en este olvido es que se ha disociado de la historia de la gastronomía, la cual ha tenido un notable boom estos últimos años, aun cuando los historiadores tampoco han podido ir al mismo ritmo con las investigaciones sobre su pasado. En segundo lugar, en el caso peruano, la historia del beber parece haberse reducido a la del pisco, y más específicamente a probar la peruanidad de este. Estas investigaciones nos han permitido conocer más sobre la historia de este licor, pero aun es mucho lo que se puede hacer.

Un raro caso de despotismo ilustrado: Pablo Macera y su paso por el fujimorismo

Escrito por José Ragas. Posteado en Historiadores

Entrevistador: –¿Democracia o autoritarismo?

Macera: –No me interesa.

 

La reciente noticia de que Pablo Macera va a ser nombrado Profesor Honorario por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya este semana no puede evitar esa sensación de frustración y culto pagano que tengo hacia él cada vez que leo sus trabajos.

Y es que últimamente se ha venido produciendo una reinserción de la imagen de Macera, aunque no directamente propiciada por él. Primero, un blog que lleva su nombre, y en el cual no se hace mención a su pasado político, como ya lo hizo notar Jorge Moreno. Luego, la publicación de sus trabajos relacionados con la historia del arte, por el Congreso de la República, el año pasado. Y este martes, la ceremonia en la UARM.

En lo académico, fue uno de los historiadores más prometedores desde los años sesenta en adelante. Fue, además, el puente entre la generación de Raúl Porras Barrenechea y Jorge Basadre con la nueva generación de historiadores que aparecerían en la escena post-68. Y sus Trabajos de Historia, reunidos en cuatro volúmenes en 1977, representan sin lugar a dudas un quiebre en la historiografía peruana por las perspectivas y los caminos que traza para futuras investigaciones: historiografía, historia de la sexualidad, historia económica, historia de la lectura, entre muchos otros temas. Luego, como lo ha señalado Hugo Vallenas, dejaría su condición de “oráculo”. En el plano político, Macera no había ocupado cargo alguno hasta que fue elegido parlamentario para el periodo 2000-2001 como parte del “tercer fujimorismo”, luego de una polémica e ilegal re-reelección de Alberto Fujimori gracias a una “interpretación auténtica” por parte de la bancada naranja.

De Haya de la Torre a Alan García: el APRA y los pueblos de la selva

Escrito por José Ragas. Posteado en Especiales

A un año de los hechos de Bagua, las explicaciones que permitan entender por qué 34 peruanos -25 policías y nueve nativos- hayan muerto en lo que debía ser una operación de desalojo y desbloqueo de una carretera siguen sin ser satisfactorias. Sin embargo, como lo ha señalado Augusto Álvarez Rodrich en su columna en La República, más allá de los errores inmediatos que provocaron estas muertes, existe un trasfondo que hemos preferido pasar por alto: la incomprensión existente entre el Estado, la sociedad peruana y la selva. Lo de Bagua no fue un malentendido ni mucho menos un hecho aislado. Fue el resultado de esta distancia mental que separa al Gobierno de la selva, la cual ha sido rescatada en el imaginario del Estado como un espacio proveedor de recursos. Esta asociación no es nueva: desde inicios del siglo pasado, con el auge del caucho, el Estado se hizo de la vista gorda ante la explotación de recursos y seres humanos en lo que sería luego un escándalo internacional conocido como los “sucesos del Putumayo”.

El Estado peruano nunca se ha caracterizado por una actitud amistosa ante las minorías que han vivido en su territorio. Pero en la situación actual, en la que el Gobierno ha expedido leyes que facilitan la explotación y venta de terreno en la selva sin considerar la opinión de quienes viven ahí, es una muestra más de lo que puede seguir pasando y de los otros “Baguas” que se pueden producir de manera innecesaria. No cabe duda que hubo quienes quisieron sacar provecho de la situación, azuzando de uno y otro lado la tensión.

Así, no sorprende que un par de artículos conocidos como “El Perro del Hortelano” hayan pasado a ser una ideología “oficial” que prácticamente criminaliza a quienes se oponen a que los recursos naturales sean explotados. Y el Gobierno no ayuda cuando desea ningunear lo ocurrido en Bagua al imponer una celebración como la del Día del Ron el mismo 5 de junio (la obsesión de este Gobierno por tapar desastres con licor es deprimente, si no, recordemos el famoso Pisco 7.9 propuesto por Rafael Rey). O cuando se insiste en la muerte de uno de los grupos que se enfrentaron para evitar las críticas que en su momento llevaron a cuestionar la idoneidad de la Ministra de turno, poco preparada para una tarea como la que le encargaron pero con el carnet del partido al día.

Esto puede servir de pretexto para repensar cuál ha sido la relación que ha tenido el partido más antiguo del Perú con la población selvática. En los recientes debates en el parlamento a raíz de los sucesos de Bagua, uno de los congresistas de la oposición recordaba la lejanía de Haya de la Torre respecto de la selva, ya que este habría pensado enviar elefantes a la Amazonía peruana. Sin embargo, la relación de Haya con la selva fue directa. Como lo demuestra la siguiente foto, un grupo de nativos de la Amazonía tomó contacto con el fundador del APRA en una fecha que no hemos podido determinar, pero que podría proceder de La Tribuna o alguna publicación partidaria regular.

El contraste con el actual gobierno y con el delfín de Haya de la Torre es más que evidente: mientras Haya de la Torre aparece como alguien interesado en el bienestar de la población de la selva, Alan es más bien su verdugo. Si con Haya de la Torre, hay un acercamiento por parte de los líderes selváticos, que manifiestan su deseo de que este interceda ante el gobierno, la bancada del APRA va a pasar a la historia por su tozudez al poner los intereses particulares por encima de los de la población amazónica. Una frase mencionada en el texto y que ahora suena a pura ironía: “Y ha salido de nuestra casa sonriendo porque sabe que su pedido ha de ser atendido, toda vez que el Aprismo se ha interesado siempre por todos los problemas humanos del Perú”.
 
 
Un jefe campa visita al c. Haya de la Torre

Ya que la civilización no ha ido a buscarlos, ellos han venido a buscar la civilización.

El jefe campa Aniceto Valerio y su hijo Miguel, en compañía de sus personeros, han venido a Lima en busca de justicia. Proceden de Ñuchusu, un anexo de la provincia de Tarma. Piden que le sean devueltos los terrenos de que fueron despojados hace cinco años por la Peruvian Corporation. El terreno se encuentra situado en la región del Perené. En él, esta tribu, hoy errante, había formado un pueblo que contaba con más de setenta familias. Viven de la caza y de la agricultura ((¿?)) no se entrelacen en ninguna parte porque a medida q la civilización pene(t)ra son arrojados hacia lo más espeso e insalubre de la selva. Han elevado un memorial al Gobierno para que esos terrenos les sean restituidos a la brevedad, y que cuando esto sucedda se les proteja y no se les dé implementos agrícolas y se les vaya incorporando a la vida civilizada.

Otro objetivo importante del jefe campa Aniceto Valerio es el de presentar su saludo al c. Jefe Víctor Raúl Haya de la Torre, a quien ha querido conocer personalmente. En la foto aparecen Haya de la Torre en compañía de Aniceto Valero y su hijo Miguel. Se puede apreciar muy bien la banda blanquinegra que le cruza el pecho, distintivo de los jefes. Y ha salido de nuestra casa sonriendo porque sabe que su pedido ha de ser atendido, toda vez que el Aprismo se ha interesado siempre por todos los problemas humanos del Perú. Ya Ciro Alegría en El Mundo es Ancho y Ajeno describió con estilo maestro el caso igual de la comunidad de Rumi despojados de sus tierras por feroz gamonal, y el libro que ganara el premio continental de novela, unificó a todas las conciencias en un ardiente llamado de justicia.

 

Créditos: La fotografía fue cedida generosamente por Carlos Aguirre (Universidad de Oregon).

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