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La fallida Revolución Africana y el 68 Global

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El más reciente número del American Historical Review (volumen 123, número 3, junio de 2018), la revista bimestral de la American Historical Association, trae un dossier especial sobre la influencia del 68. Si bien han aparecido numerosos dossiers que exploran esta coyuntura, lo significativo del número del AHR es el esfuerzo por estudiar el impacto global de dicho momento y no limitarse a escenarios ya abundantemente explorados como Europa y Estados Unidos. El dossier incluye XX ensayos escritos por diversos especialistas.

Precisamente, uno de ellos, “The Fate of All of Us: African Counterrevolutions and the Ends of 1968” ha sido colocado en acceso abierto. Escrito por la profesora Jean Allman, quien es profesora principal del Departamento de Historia de Washington University in Saint Louis (EEUU), su ensayo examina. Hemos traducido una parte del mismo y colocado el enlace del ensayo completo al final del mismo.

El destino de todos:

las contra-revoluciones africanas y sus trayectorias hacia 1968

“1960. Era el “Año de África”, o al menos así se le llamaba en aquellos embriagadores días cuando la independencia africana vio nada menos que diecisiete ex-colonias (de imperios como Francia, Reino Unido y Bélgica) obtener su libertad en un mismo año. Lo que había comenzado como un goteo –con Sudán, Túnez y Marruecos en 1956– ganó pronto un momentum con la independencia de Ghana en 1957, seguida por Guinea en 1958. Para 1960, las banderas de Reino Unido, Francia y Bélgica habían sido arriadas en gran parte del territorio africano. Los portugueses mantendrían sus colonias hasta mediados de los años 1970, y los colonos blancos asentados al sur de Rhodesia, el sudeste de África y África del Sur se aferraban como podían al poder (al menos hasta 1994) pese a una creciente condena internacional. Pero lo hicieron como parias internacionales. Hacia 1960, la dirección del cambio parecía bastante clara. Incluso el ministro británico Harold Macmillan tuvo que reconocer ese mismo año en Ciudad del Cabo que: “El viento de cambio está soplando en este continente, y nos guste o no, el crecimiento de una conciencia nacional es un hecho político”.

A medida que reflexionamos desde 1968 dada la ventaja de medio siglo de distancia, creo que debemos recordar que la importante década de 1960, en muchos sentidos, comenzó como una década africana, una década alimentada por el espíritu africano de resistencia al colonialismo y al imperio. Fue una Revolución Africana, o así fue celebrada en ese entonces, destinada a cambiar el mapa político y económico a través del globo. Escribiendo en 1960, Frantz Fanon hablaba del desenfrenado optimismo que llenaba la revolución, un optimismo que era un “producto directo de la acción revolucionaria de las masas africanas”. Pero si los 60s globales comenzaron como una década africana, no hubo un cierre africano triunfal para la misma década. Antes de que la tinta se hubiese secado en el texto de Fanon, Toward the African Revolution, Patrice Lumumba, el primer ministro del Congo elegido de manera democrática por vez primera, era asesinado el 17 de enero de 1961 como parte de un complot en que participaron Estados Unidos y el gobierno belga así como cómplices congoleses -el General Mobutu Sese Seko entre ellos. Por ese entonces, Fanon escribió: “el destino de todos nosotros se decide en el Congo”. Cincuenta años después, en un artículo del diario británico The Guardian por el cincuenta aniversario de aquel hecho, Georges Nzongola-Ntalaja describió el asesinato de Lumumba como “el crimen más importante del siglo XX”. Ninguna de estas declaraciones es una exageración; ninguna una hipérbole política.

Que la Revolución Africana, que disparó los sesentas globales, haya terminado antes de comenzar se haría más evidente poco después del discurso de Macmillan sobre los “vientos de cambio”. Entre 1960 y 1968, 14 golpes militares atravesaron los gobiernos independientes africanos, y la mitad de estos ocurrieron solo en 1966. Entre los expulsados del poder en 1966 estaba Kwame Knrumah, quien fue derrocado por fuerzas conservadoras representadas por el ejército y la policía (con el conocimiento y apoyo tácito de los Estados Unidos) mientras se encontraba en una misión de paz en Beijing y Hanoi para llegar y terminar con la guerra de Vietnam. Con la salida de Nkrumah, la Revolución Africana perdió su epicentro en Ghana, la Estrella Negra de África.

Por difícil que pueda parecer, es necesario pensar qué conecta estas cronologías africanas, estas historias o tragedias postcoloniales africanas, con un 1968 global. Un “1968” africano o “largos años 1960” no encaja fácilmente dentro de los paradigmas norteamericanos o europeos, que suelen caracterizar estos años como de una rebelión juvenial, o de la aparición de la Nueva Izquierda, o de un momento revolucionario en cada aspecto posible, desde lo político a lo cultural. De hecho, para los países africanos que obtuvieron su independencia antes de 1968, los 60s tardíos y los tempranos 70s fueron, más que nada y con ciertas excepciones, años de retroceso y atrincheramiento. Estos fueron los años que vieron la consolidación del neocolonialismo, el despegue del estado de seguridad nacional, la consolidación del imperio norteamericano y la aparición de brutales regímenes militares. Para 1968, con los proyectos nacionalistas africanos amenazados por golpes de estado, guerra civil y una deuda galopante, la pregunta central era: ¿Qué salió mal?”

Pueden seguir leyendo el ensayo de la profesora Jean Allman en este enlace.

La imagen de la cabecera proviene de aquí

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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