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Cómo ser un historiador global, por Serge Gruzinski

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Si aún necesitamos del pasado para comprender el presente, entonces una aproximación al pasado es absolutamente necesaria. ¿Pero qué significa “pensar globalmente” hoy en día? ¿A qué se parece una verdadera historia global?

Pese a volverse rápidamente uno de los campos más dinámicos –y acaso confusos- subcampos de la disciplina, la historia global no es fácil de definir. La primera pregunta podría ser si tal historia es incluso nueva. En la Antigüedad, los historiadores occidentales exploraron el pasado del mundo que conocían: un mundo, para ellos, ciertamente vasto y contradictorio, como el de nuestros días. Muchos de sus colegas musulmanes y chinos hacían lo mismo. ¿Es la actual historia “global” realmente más universal que la simple historia “mundial”, sea esta de un historiador contemporáneo o uno antiguo? ¿O se trata más bien de una estrategia de marketing para vender la vieja historia en un momento de competencia?

Aún cuando los resultados no sean del todo satisfactorios, la necesidad por una historia global es real. Actualmente, más que en el pasado, los desafíos de la globalización obligan a los historiadores e investigadores a romper con lo local, lo nacional, e incluso las fronteras continentales del conocimiento. Pero pese a esta necesidad real, muchos libros publicados con la etiqueta de historia global no son más que vino viejo en odres nuevos. Ello puede observarse en numerosos estudios relacionados con la historia diplomática y económica; con temas atractivos como las narrativas de las “commodities” que permiten trazar la historia del azúcar o de la sal; y con la reformulación de viejas historias militares a las que simplemente se les amplía lo familiar en un contexto más amplio. Lo único que cambia es la escala, no el significado.

Confrontados con dicha confusión, es de mucha ayuda explorar este paisaje intelectual con un guía tan competente como el historiador alemán Sebastian Conrad. Él es autor de muchos libros, incluyendo Globalization and the Nation in Imperial Germany (2010). Pese a que su nuevo libro comienza con una provocación –citando al gran especialistas del siglo XIX, el desaparecido Christopher A. Bayly: “Todos los historiadores son historiadores mundiales hoy, aunque muchos quizás no se han percatado de ello aún”- What is Global History? Explora este campo de manera seria y sistemática. Conrad repasa los trabajos más importantes y significativos de la historia global. De manera interesante, opta por considerar a este subcampo una nueva perspectiva y un nuevo enfoque antes que una disciplina totalmente nueva.

¿Cómo es que escribir historia se convirtió en un asunto global? ¿Por qué los historiadores se decidieron por escribir historia global? ¿A qué audiencia está dirigida la historia global? Conrad adelanta una serie de respuestas reales, no simplemente recetas sin contenido o declaraciones abstractas. Él siempre confronta a los críticas y los límites de estos nuevos enfoques. Incluso en esta visión matizada, Conrad ofrece una visión de la historia global que es novedosa e inspiradora.

El historiador global delineado por Conrad no solo estudia los procesos de universalización –o de cómo culturas discretas interactúan e integran sino que también define condiciones en las cuales estos procesos pueden expandirse y responder a las mismas situaciones que los provocaron. Consideremos el caso de la Ilustración: ¿se trató tan solo de una creación francesa y británica, de una imposición colonial al resto del mundo o “una forma en la que las élites sociales alrededor del mundo crearon un consenso con realidades globales? De la misma manera, “fue el concepto de raza una invención europea, una herramienta del imperio, una noción que creció desde diversas raíces indígenas, o una respuesta a desafíos globales?” Para Conrad, “global” significa más que simplemente ampliar la escala. Un mundo global es un mundo conectado, lo que sugiere que las unidades o temas de la historia no pueden verse más de modo aislado. Vistos contra un trasfondo “global”, entonces, la Ilustración o las ideas sobre raza pueden ser vistas como el producto de interacciones globales, utilizados y definidos de modo tal que den sentido a un mundo que se amplía.

Esto debería ser suficiente para romper con la perspectiva nacional para revivir diversas conexiones con otras partes del mundo. ¿Debemos detenernos aquí? ¿Es escribir historia global añadir un nuevo contexto para las naciones y sus campeones? No. Conrad enfatiza la necesidad de ir más allá del estudio de las conexiones. Un historiador global debe pensar en términos de integración, mirando por las dinámicas que conectan las varias piezas de aquel rompecabezas que llamamos pasado. “Con un paradigma distinto, con un enfoque puesto en la integración y transformaciones globales estructuradas, la historia global es una aproximación muy específica”. La historia global no solo significa movilidad, interacciones y conexiones sino también los mecanismos que hicieron que el mundo se volviera globalizado.

global_historyPero la historia global puede crear un nuevo tipo de problema. Si hemos ido de historia de conexiones a aquellas de integración –y también nos hemos desplazados desde nociones eurocéntricas como el Renacimiento y la Ilustración dentro de dinámicas más amplias- existe un peligro de que la historia global sea equiparada con la historia de la globalización. Es cierto, por supuesto, que la historia global ofrece una excelente herramienta para analizar la historia de la globalización. Pero no toda historia global es historia de la globalización. Conrad insiste de manera insistente en que la historia global no puede reducirse tan solo a la búsqueda de los orígenes y causas de la integración que llevaron al actual mundo globalizado. De acuerdo a él, sería muy riesgoso empujar los orígenes de nuestra condición hacia el pasado –como en la Ruta de la Seda, por ejemplo- lo cual podría reducir el enfoque a un apremiante pero finalmente limitado potencial tema. Pero si la integración es la fuerza detrás de la historia global, corremos este riesgo. Al considerar la globalización como un equivalente de la modernización –bajo la presunción de que lo moderno tiene que estar conectado, y lo que está conectado es moderno- es una movida engañosa.

¿Podemos movernos más allá de una historia global que es solo una historia de la globalización? ¿Cómo escapar a la ilusión de la continuidad, o la falacia teleológica que podría transformar la historia en una sucesión de globalizaciones que de manera progresiva van abarcando más regiones en el globo? Conrad nos advierte de ser más cautos con el concepto de integración: “Integración no es, entonces, una cuestión de escala (el planeta en su totalidad) y cantidad (el volumen de comercio) sino de calidad: la conversión de las cosas y relaciones en mercancías que crean una coherencia sistémica, así como brinda compatibilidad y la posibilidad de intercambio a través de fronteras geográficas, culturales y étnicas”.

Luego de trazar la genealogía de “pensando globalmente” y delinear la singularidad del enfoque global, Conrad analiza sus relaciones con el tiempo y el espacio y discute la “posicionalidad y los enfoques centrados”. Desde el final del siglo XX, uno de las principales reclamos contra la historia y las ciencias sociales era su profundo e innato eurocentrismo. Ello es cierto para todas las disciplinas, que han sido enseñadas en todo el mundo, que nacieron y se desarrollaron en Europa antes de ser exportadas. Es cierto también que los historiadores han tratado de “provincializar” Europa –y relegar la historia del continente a un lugar marginal en la narrativa amplia del globo- para así descontaminar estas herramientas intelectuales.

Pero muchos se preocupan: ¿es la historia global una nueva manifestación de eurocentrismo? Este el peligro toda vez que se utiliza la globalización como un sinónimo de modernidad o neoliberalismo. ¿Es lo mejor que tenemos para escapar de la centenaria dominación de Occidente sobre el resto del mundo? Una manera de escapar de esta trampa teleológica es enfatizar las muchas vías de modernización e integración. Da la impresión de que la historia global, más que cualquier otra subdisciplina, es más apta para albergar la diversidad de las narrativas locales: la multiplicidad de visiones sobre el pasado en el planeta, incluyendo los modos distintos y alternativos de concebir el pasado en sí mismo.

Deshacerse del eurocentrismo puede llevar en ocasiones a la aparición de otros centrismos. Ello es un problema, puesto que una aproximación como tal no es menos alienante que el mismo eurocentrismo: ya sea centrado en una cultura en particular, como el sinocentrismo, o una idea particular, como el llamado “choque de civilizaciones”, que no es más que una versión apenas remozada del viejo eurocentrismo. En el caso del concepto de civilización, este opera como un contra-discurso contra la globalización. He aquí las palabras de Conrad: “La idea de que la cultura hace toda la diferencia es en sí un efecto de la globalización contemporánea y de la comodificación de estas diferencias”. La comunidad académica actual es tan internacionalmente conectada que las diferencias culturales entre historiadores suelen ser menos importantes que las sociales e ideológicas.

El libro de Conrad brinda un excelente tour por algunos de los más importantes giros que han renovado la investigación: “Deep History”, “Big History”, la larga duración braudeliana, los estudios del Antropoceno y la historia conceptual propuesta por Reinhart Koselleck. Conrad confronta estos campos con las perspectivas abiertas por la historia global. Nos recuerda la importancia dada a la sincronicidad en los estudios globales: “una potencial revelación” y una herramienta indispensable para revisitar “ficciones de diacronía nacional” como “navegar entre las ficciones de la continuidad y las promesas del ‘momento’”. Pero por encima de todo, ¿Qué es la historia global? es un excelente repaso como una crítica muy perceptiva de nuestro subcampo. También apunta a muchos de los obstáculos que se presentan en el camino a medida que los historiadores se agitan por ser globales.

En particular, encontré especialmente perspicaz el capítulo dedicado al proceso de “la construcción del mundo” y la forma en que los historiadores globales podrían denominarse a sí mismos “hacedores del mundo”. Esto significa que los historiadores globales no solo actúan coo recolectores: trabajando solo para descubrir nuevos objetos y temas globales. En vez de ello, los historiadores globales, a través de sus escritos y análisis, contribuyen al proceso de globalización. Esta contribución ocurre, de acuerdo a Conrad, porque pese a la retórica sobre la globalización, ni “‘mundial’ ni ‘global’ son evidentes en sí mismas como si fuesen categorías naturales”. En otras palabras, el proceso de globalización no consiste solo en crear una red mundial financiera, tecnológica ni económica; es también moldear nuevos imaginarios a los cuales los historiadores globales contribuyen de manera permanente. Este es uno de los capítulos más inspirados del libro, por cuanto nos recuerda que “la historia global como una perspectiva y los procesos de integración global están interrelacionados y mutualmente constituidos”.

Aún así, la construcción del mundo tiene sus límites. Para hacer legible el mundo, los historiadores globales han unido poblaciones y espacios en un solo marco. Pero al imponer una mirada planetaria –al enfocarse en procesos vastos como migración, comercio, imperio o religión- estos historiadores corren el riesgo de simplificar el pasado y las realidades. Esto lleva a una pregunta final por Conrad que es tan básica como irresuelta: “¿son las categorías occidentales de las modernas ciencias sociales apropiadas y adecuadas para descubrir la heterogeneidad de las realidades globales o deberían ser estas complementadas con términos indígenas?

La historia global puede ser vista como una fuerza imparable, pero está lejos de dominar la totalidad del mundo académico. El último capítulo del libro examina las críticas –y resistencias- que los historiadores globales enfrentan en el mundo. Muchas son reacciones defensivas; pero no todas, para ser justos, provienen de académicos tradicionales que se sientes amenazados con la tendencia hacia lo global. La crítica más urgente es que la historia global es principalmente anglófona y sobre todo “Globish” –es decir, “global inglesa”- de forma tal que cualquiera fuera de este circuito lingüístico queda fuera automáticamente.

Como un académico alemán, Conrad es consciente de esta inaceptable hegemonía lingüística. Y aún así deja fuera importantes alternativas a este coro anglofónico. Excluye de su análisis, por ejemplo, importantes trabajos sobre Europa y América Latina. Incluso otras aproximaciones alemanas están ausentes, como la trilogía Globes de Peter Sloterdijk, especialmente el segundo volumen, Macrospherology (2014). Este es, a mi entender, el trabajo más sugerente que propone una genealogía filosófica e histórica de la globalización. La ausencia de Sloterdijk, junto con otros, es desconcertante.

Pese a estas observaciones, encuentro la síntesis de Conrad como extremadamente útil. Actualmente vemos un flujo de libro que simplemente define o discute la historia global antes que producir trabajo innovador en este campo promisorio. De todos estos, ninguno es más claro ni estimulante como What is Global History? De Conrad. Su diagnóstico es siempre preciso. Sus discusiones son mesuradas y convincentes. Esto hace de What is Global History? particularmente útil para los estudiantes mientras navegan entre los arriesgados cardúmenes de las tantas aproximaciones a la historia global.

Pero la contribución de Conrad va más allá del medio académico, y llega a ofrecer al lector general una excelente manera de incrementar este sentido de alerta. Por último, se necesita de una visión global para entender el pasado, comprender el presente e incluso predecir el futuro. ¿Cómo si no se puede conectar la masacre en el club de Orlando del 11 de junio con el asesinato de dos oficiales de policía en París al día siguiente? ¿Cómo están conectados ambos crímenes a ISIS y los acontecimientos del Medio Oriente? Solo una perspectiva global puede ayudar a entender –y superar- una realidad cotidiana que es ahora una realidad global.

How to be a Global Historian apareció en Public Books (septiembre 15, 2016).

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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