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La gente decente de Lima y su resistencia al orden republicano, por Pablo Whipple

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La transición de un antiguo régimen o colonial hacia el republicano ha sido estudiada de muchas maneras en las últimas décadas, pero pocas veces le hemos prestado atención a los factores socio-culturales de este proceso, en detrimento de otros asociados con los aspectos militares o económicos. La gente decente de Lima y su resistencia al nuevo orden republicano. Jerarquías sociales, prensa y sistema judicial en el siglo XIX (Lima: Instituto de Estudios Peruanos & Centro de Investigaciones Diego Barro Arana, 2013, 220 pp.), el nuevo libro de Pablo Whipple (pwhipple@uc.cl) es una invitación a repensar el complicado paso de un tipo de sociedad a otra donde los valores eran distintos y generaron diversas reacciones, no solo entre las autoridades sino a nivel de la gente común.

El libro, que será presentado en un par de semanas en Lima, ha tenido muy buena acogida no solo en las redes sociales sino en las mismas librerías. De acuerdo a un ránking de Communitas, se ha colocado en el primer lugar de ventas en la categoría “Estudios Peruanos”. Su autor, profesor en la Universidad Católica de Chile, ha venido investigando la cultura legal peruana en los primeros años luego de la Independencia, sobre lo cual ha publicado un artículo en torno a los desafíos que tuvo que enfrentar el poder judicial debido a la precariedad material de los años de caudillismo.

A continuación ofrecemos un avance del libro, precedido por una presentación del mismo autor, quien explica cómo llegó a ese tema y la relevancia del mismo.

La gente decente de Lima y su resistencia al orden republicano, por Pablo Whipple

whipple_foto Este libro es producto de la tesis doctoral que presenté a la Universidad de California-Davis en el año 2007. La idea original de mi proyecto de tesis era estudiar la cultura legal de la élite limeña, analizando las causas civiles en las que este grupo se había involucrado en los inicios de la república. Sin embargo, a los pocos días de haber llegado a Lima para realizar mi investigación, el Archivo General de la Nación fue cerrado por seis meses para trasladar parte de su colección al edificio del correo. Esto me obligó a replantear mi trabajo haciendo un uso intensivo de la prensa como principal fuente accesible en ese momento. Tener la necesidad de leer de manera íntegra cada periódico en busca de un nuevo tema que se relacionara con el originalmente planteado me mostró la existencia de una narrativa que se construía cotidianamente en las páginas de la prensa, que de otra manera difícilmente hubiese detectado.

La investigación se transformó así en un proceso eminentemente deductivo, donde la decencia apareció como común denominador que tenía un fuerte impacto sobre distintas dimensiones del actuar de la elite limeña, lo que me permitió conectar espacios de acción que antes habían sido analizados por separado, como son la prensa, el control social y el sistema judicial. En síntesis, el libro es un análisis socio-cultural de la prensa que permite evidenciar el impacto que la decencia tuvo sobre importantes instituciones en la construcción del estado nacional decimonónico, y que, creo, sigue siendo una dimensión significativa para comprender a la sociedad peruana actual.

[Fragmento] Los conflictos asociados a la decencia

El ideal de decencia defendido por la élite limeña durante los inicios de la república entró en conflicto con la nueva institucionalidad peruana y con los valores morales que esta decía representar, en oposición a la corrupción moral que predominó durante la colonia, generando lo que Basadre llamó la “crisis del respeto”. Para mantener privilegios sociales que a partir de la independencia ya no serían sancionados por la ley, la gente decente se vio en la necesidad de promover una doble moralidad que causó la disociación de sus discursos y prácticas, generándose una resistencia sociocultural a la instauración de la nueva institucionalidad republicana que, además, originó la crítica de los sectores emergentes.

Esta resistencia de la élite se haría evidente, por ejemplo, en su rechazo a los reglamentos de policía cuando estos obviaban las diferencias sociales, alegando poseer una superioridad moral que le otorgaba inmunidad ante la aplicación de la ley, al mismo tiempo que exigía a las autoridades mano dura al momento de controlar al resto de la población. Esta resistencia se haría visible también de manera cotidiana ante los tribunales de justicia y uno de sus vehículos privilegiados de expresión sería la prensa. Se generó así un conflicto entre la idea de decencia heredada de la colonia y defendida por la élite, y la emergencia de un discurso republicano que exigía de los ciudadanos un comportamiento en el que no se privilegiara la posición social, y que promovía un nuevo entendimiento de la decencia desde la virtud individual.

Esta nueva idea estaría representada por individuos como Fernando Casós, quienes, siguiendo lo planteado por Basadre, le perderán el respeto a esa élite que seguirá defendiendo privilegios que tenían su origen en el colonialismo español. El concepto de decencia se transforma así en parte central de este trabajo, ya que nos permite dar cuenta de este conflicto y sus manifestaciones en diversos ámbitos que afectan la formación del Estado nacional republicano.

Dada su posición de poder en la sociedad, no es fácil definir el actuar de la élite como “resistencia” a la formación del Estado nacional, pues la construcción del Estado se entiende como un proceso definido desde arriba y que naturalmente genera tensiones entre los sectores populares. Sin embargo, creemos que es necesario someter el estudio de la élite a metodologías semejantes a las usadas con los sectores populares, para así dar cuenta de los procesos culturales de adecuación, adaptación o negociación a los que se vio enfrentada, poniendo atención en los espacios de poder que la élite construye al margen de la ley.27 Esto es aún más necesario en un país como Perú, donde existen muchas dudas sobre el nivel de compromiso que esa élite tuvo con el proceso de independencia y, por ende, con el momento fundacional de la república.

Al estudiar este proceso de formación del Estado desde una perspectiva sociocultural, colocando las redefiniciones de la decencia en el centro del análisis, vemos que mientras las instituciones republicanas buscaron fundar una nueva moralidad apoyada por sectores emergentes, fueron las élites las que intentaron interferir en el proceso para no perder sus prerrogativas de origen colonial. En este sentido, buscamos quebrar la visión dicotómica del proceso de formación estatal, pues las resistencias no solo se dieron entre
grupos sociales opuestos, sino que muchas veces se manifestaron de manera transversal dentro de la organización social.

Este planteamiento está influenciado por el trabajo del historiador peruano Alberto Flores-Galindo, en especial su libro Aristocracia y plebe. Según Flores-Galindo, al finalizar el periodo colonial, la sociedad peruana era una sociedad “judicializada”, donde no había nadie que no estuviera mencionado en algún legajo judicial, desde aristócratas hasta bandidos, incluidos comerciantes, artesanos, curas y esclavos. La importancia de los litigios, sin embargo, no estaba en la aceptación de la ley, sino en las múltiples instancias para infringirla en una “sociedad donde coexisten varios sistemas culturales y se enfrentan diversas reglas de comportamiento”. De esta forma, lo que el historiador nos plantea es que el antiguo dicho peruano “Hecha la ley, hecha la trampa” era tan representativo del actuar de los sectores populares como de la aristocracia limeña. Se generó así una sociedad donde el quebrantar la ley, no solo regulaba las relaciones entre los sectores populares, sino que estaba presente en toda la sociedad.

Concordante con los planteamientos de Flores-Galindo, el crítico literario Roberto Schwarz nos entrega herramientas analíticas para el estudio de la contradicción que se da entre los discursos y las prácticas de la élite, al ser este un grupo social que construye sus espacios de poder al margen de la ley. Para el caso de las élites brasileras del siglo XIX, Schwarz sostiene que esas contradicciones no deben buscarse en la obvia desigualdad existente en las relaciones entre amos y esclavos, pues estas son diferencias legalmente sancionadas. Por el contrario, para entender y dar cuenta de los comportamientos ilegales de la élite asociados a su posición social, debemos centrar nuestra atención en las relaciones entre gente libre, ya que “el acceso del hombre libre a los beneficios sociales depende, de una u otra manera, del favor que pueda recibir de alguien poderoso”. El favor era, por lo tanto, la relación por la cual la clase de hombres libres se reproducía.

Las relaciones dominadas por lo que Schwarz llama “favores” estaban presentes en todas las esferas, entre ellas el gobierno, la justicia y el comercio. Por consiguiente, el liberalismo solo se hacía evidente en el ámbito discursivo, y terminó justificando prácticas que se oponían a la ideología. Según Schwarz, mientras la esclavitud niega las ideas liberales, el favor insidiosamente “las absorbe y disloca, generando un modelo particular”. La más dañina consecuencia de este modelo es que, con el fin de mantenerse como el regulador de las relaciones sociales, el favor necesita de “una complicidad permanente, complicidad que la práctica del favor tiende a garantizar”, puesto que “en el momento de la prestación y la contraprestación, a ninguna de las partes le interesa denunciar a la otra, teniendo sin embargo en todo momento los elementos necesarios para hacerlo”, generando así una “complicidad” social que se autorreproduce. De tal manera, el favor se transforma en una práctica que fortalece los lazos de dependencia y las relaciones de clase, sobre todo desde la perspectiva de quien es socialmente inferior, quien piensa que está siendo socialmente promovido al participar de este modelo que entrega beneficios a quien se halla en una posición superior.

¿Dónde encontrar las manifestaciones de este modelo en el Perú de principios del siglo XIX? Para dar cuenta de la adaptación, negociación o resistencia de los sectores populares, la historiografía ha recurrido principalmente a los archivos criminales, documentos que por lo general no dan cuenta de los conflictos entre la gente decente y que potencian la visión dicotómica a la que nos referíamos anteriormente. Sin embargo, en Perú se da un hecho excepcional asociado a esa crisis del respeto de la que nos habla Basadre. Más que en cualquier otro país en América Latina, la élite peruana tenía la costumbre de ventilar sus conflictos privados a través de la prensa, transformándose este hecho, no solo en una extraordinaria fuente de información que permite develar el actuar de la gente decente fuera de la ley, sino que también deja en evidencia el papel central que la prensa jugó en la creación de estos espacios de poder al margen de la ley, transformándola en fuente y objeto de estudio a la vez.

Los escritos a los que hacemos referencia planteaban una infinidad de temas que a primera vista parecen triviales, pero que a través de una mirada detenida van revelando el peso que las ideas socioculturales tenían en el devenir cotidiano de los limeños. La prensa de principios del siglo XIX ha sido analizada principalmente desde su dimensión política, sin poner atención a la infinidad de textos que acompañaban a lo político y que en definitiva terminaron siendo los más leídos y los que mayor espacio ocupaban en cada edición. Estos textos, entre los que incluimos los comunicados o remitidos, los informes de policía y avisos de carácter diverso, si bien no hablaban de sucesos extraordinarios, tenían un carácter reiterativo que nos permite, a través de un trabajo de contextualización, dimensionar el extraordinario peso que tuvieron en el juego de poderes que se iba tejiendo, y que terminó definiendo las características socioculturales que adquirieron las instituciones republicanas.

De la infinidad de temas que se tocaban a diario en la prensa, hemos elegido tres. Primero, aquellos artículos que hacen referencia al actuar de la policía, pues estos son los que de manera más directa evidencian el conflicto entre las dos formas de entender la decencia a inicios del periodo republicano, dejando claramente establecido que la élite creía estar al margen de la ley gracias a una superioridad moral que provenía de su posición social. En segundo lugar, analizamos la prensa miscelánea y el proceso mediante el cual esta se transformó en la tribuna de las disputas privadas entre la gente decente, hecho clave para entender el peso que tuvo el proceder fuera de la ley en la sociedad limeña. Por último, estas mismas disputas públicas nos permiten plantear el cómo, a través de la prensa, se intentó ejercer presión sobre el sistema judicial y dar cuenta de las múltiples prácticas que tenían como fin último colocar a quienes promovían el modelo de relaciones sociales sustentado en el favor, por sobre la ley.

De esta forma, este trabajo abarca tres ámbitos que por lo general la historiografía ha analizado por separado: opinión pública, justicia civil y control social. En todos ellos la élite acostumbraba a actuar desde su posición social de privilegio, utilizando la decencia como eje central que sustentó sus demandas y que, por lo tanto, nos permite develar aspectos antes ignorados sobre los componentes socioculturales que ayudaron a dar forma a la cultura política limeña durante el periodo. De la misma manera, al colocar la decencia en el centro del análisis sobre las ideas que la élite tenía acerca de la justicia y el control social, damos un nuevo enfoque a temas que principalmente han sido tratados desde la perspectiva de la justicia criminal, la resistencia de los sectores populares, o el desarrollo de instituciones judiciales. Al unir la decencia con el estudio de los sistemas judiciales y el desempeño de la policía, por el contrario, es posible ver las discrepancias que existían en la élite con relación a estos temas, cuando fue ella misma la que se sentía víctima de la nueva institucionalidad o intentó manipularla.

Por último, este trabajo pretende contribuir al entendimiento del proceso de formación del Estado nacional en Perú durante el periodo caudillista, al estudiar la resistencia de la gente decente al nuevo orden republicano. El análisis histórico del periodo caudillista ha cambiado en los últimos veinte años.

Lejos de la idea de que el caos político impidió cualquier reforma profunda del orden colonial, la visión hoy es la de un periodo en el cual, a pesar de la inestabilidad política, diferentes sectores políticos y sociales, incluyendo a los caudillos, se vieron envueltos en significativas discusiones que definieron la dirección tomada por la nueva república. Lejos de los campos de batalla, nuevas corrientes historiográficas también han contribuido a tener una visión más diversa e inclusiva del periodo, destacando el papel que los sectores subalternos tuvieron en la definición de las relaciones políticas y sociales durante la temprana república. Esta nueva visión es lo que Carlos Aguirre ha descrito como “‘des-caudillizar’ el análisis de la política durante la temprana república […] repensando la inestabilidad política sin explicarla exclusivamente a través de las acciones militares de los caudillos”.

 

Organización de los capítulos

El capítulo I, “De la decencia colonial a la republicana”, presenta un análisis del concepto de decencia y su evolución desde su llegada a América junto con los conquistadores hasta el siglo XX, tanto en Perú como en otros países latinoamericanos. Junto con revisar la historiografía que se ha preocupado del tema, establecemos la importancia que ha tenido la decencia en la definición de las relaciones socioculturales, especialmente desde fines del siglo XVIII, cuando a partir del discurso reformista de los Borbones comienza a manifestarse un entendimiento ilustrado de la decencia que colisionará con las formas tradicionales.

El capítulo II, “Vicios coloniales, virtudes republicanas”, muestra la dualidad o choque entre estas dos ideas de decencia frente a un hecho específico como es la puesta en práctica de una nueva legislación policial desde el momento de la independencia. Este capítulo analiza el gusto que la élite tenía por las apuestas y los intentos de las autoridades por prohibir actividades vistas como poco virtuosas según las nuevas normas. Alegando inmunidad ante la policía debido a su privilegiada posición social, la élite se resistió a la imposición de leyes que limitaban las apuestas, a pesar de que las autoridades las veían como una herencia de la corrupción colonial.

Los capítulos III y IV se centran en el estudio de la prensa a inicios de la república. En el capítulo III se pasa revista a los recientes debates historiográficos sobre opinión pública, presentándose a la vez un análisis de la prensa enfocado en el divorcio que existía entre los ideales ilustrados que los periódicos decían perseguir, y los contenidos que efectivamente llenaban las páginas y capturaban la atención de los lectores. El argumento principal es que los contenidos de aquellos periódicos que tuvieron una mayor estabilidad estaban más centrados en la sátira y la denuncia de conflictos privados que en los asuntos de interés público. De esta forma, buscamos ampliar la visión eminentemente política con que se ha estudiado a la prensa durante el periodo caudillista, sosteniendo que el fenómeno que Basadre llamó “la orgía periodística” superó con creces el debate político.

El capítulo IV revisa estas características en dos de los periódicos más importantes de Lima durante la época: el Mercurio Peruano y El Comercio. Se pone especial atención en el proceso mediante el cual los artículos enviados por los lectores se transformaron en la principal fuente de financiamiento de la prensa. Estos artículos, conocidos como “remitidos” o “comunicados”, se referían a disputas privadas de la gente decente en las que las jerarquías sociales adquirían centralidad, a la vez que estaban muy lejos de cumplir con los ideales ilustrados que los periódicos declaraban perseguir.

El capítulo V busca establecer las conexiones entre el uso que la gente decente daba a la prensa y los numerosos litigios existentes entre los integrantes de este grupo. La constante publicación de artículos remitidos sobre asuntos privados concuerda con la visión de Flores-Galindo cuando describe a la sociedad limeña como una sociedad dominada por asuntos de carácter legal, una sociedad inmersa en una “cultura del pleito”. El propósito de los artículos, sin embargo, no era solo informar a la opinión pública sobre estas disputas legales. Tenían la clara intención de influir en las decisiones tomadas por los tribunales de justicia, por lo que estos escritos se transforman en importantes piezas a la hora de intentar entender los mecanismos mediante los cuales la gente decente buscaba incidir sobre la naciente institucionalidad republicana.

El capítulo VI muestra cómo los remitidos eran una pieza dentro de una serie de acciones necesarias para interceder en la administración de justicia, acciones que involucraban a personas de los más diversos sectores sociales, en una sociedad donde lo judicial marcaba la vida cotidiana de los habitantes de Lima. Tal como ocurría cuando la élite argumentaba una superioridad moral para resistirse al actuar de la policía, los textos publicados en la prensa dejan en evidencia sus intentos por hacer valer su posición social ante el sistema judicial. La segunda parte del capítulo se centra en uno de los personajes principales de esta cultura marcada por lo judicial: el “pleitero”. A través del análisis de acusaciones publicadas en la prensa que involucraban a connotadas familias limeñas, se ve cómo estos individuos operaban dentro del sistema, dejando en evidencia la relación que existía entre prensa, sistema judicial y la posición social de los litigantes.

El capítulo VII está dedicado a los esfuerzos de las autoridades por reformar el sistema judicial y terminar con la corrupción que de manera constante se denunciaba en los diarios. Desde inicios del periodo republicano, las autoridades culpaban a la legislación colonial aún vigente como la fuente que permitía a abogados y pleiteros obtener sentencias favorables sustentadas en vacíos legales. Pero al tiempo en que la legislación colonial era reemplazada por leyes republicanas, los problemas continuaban, y la gente comenzó a sostener que la corrupción no venía de las leyes sino de la forma en que los abogados y jueces las interpretaban, llegando incluso a argumentarse que el país era gobernado por una “oligarquía judicial” que, en vez de modernizar la legislación, creó códigos que institucionalizaban prácticas legales corruptas asociadas a la posición social de los litigantes.

Finalmente, en el epílogo se revisan las conclusiones presentadas a través de los capítulos, al mismo tiempo que se analizan las consecuencias que el actuar de la gente decente tuvo sobre el proceso modernizador de la segunda mitad del siglo. Hacia 1850, el país entró en una nueva etapa de desarrollo político y económico, pero las críticas al sistema judicial no desaparecieron, como tampoco lo hicieron las prácticas de la gente decente.

 

Enlaces relacionados

Pablo Whipple, Carencias materiales, respetabilidad y prácticas judiciales en Perú durante los inicios de la República [PDF]

[POST] Historiadores chilenos en el Perú. Entrevista a los estudiantes PUC Chile (2009)

[PODCAST] con Pablo Whipple sobre La gente decente de Lima, por El Reportero de la Historia.

Para ver los nuevos libros de Historia que se han estado publicando este año, se puede consultar este álbum de [PINTEREST]

El libro de Pablo Whipple se encuentra a la venta en diversas librerías y puede ser adquirido en el Instituto de Estudios Peruanos como por UrpiLibros

* El texto anterior ha sido reproducido con permiso del autor.

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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