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En busca de Ricardo III

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Estos son huesos de la realeza. Investigadores de la Universidad de Leicester de Gran Bretaña confirmaron que los restos de un esqueleto descubierto en setiembre debajo de una zona de estacionamiento pertenecen a Ricardo III, un monarca que reinó por un breve periodo de dos sangrientos años antes de ser muerto en batalla en 1485. Los estudios históricos han corroborado la ubicación del lugar de su entierro; las pruebas de ADN realizadas a uno de sus descendientes directos –un fabricante de muebles de Londres- apoyó la evidencia forense. “La Universidad de Leicester ha concluido, más allá de la duda razonable, que el individuo desenterrado… es Ricardo III, el último rey de Inglaterra de la dinastía de los Plantagenet”, dijo Richard Buckley, el arqueólogo principal.

Pero ahora que hemos establecido –o que al menos creemos haberlo hecho- la identidad de los restos, ¿qué sabemos de la figura histórica que alguna vez les dio vida? Ricardo III murió en la batalla de Bosworth Field en 1485 cuando su ejército había sido derrotado por las fuerza de Henry Tudor, un rival que aspiraba al trono y que habría de convertirse en Enrique VII. Un siglo después, William Shakespeare lo inmortalizaría los momentos finales en Ricardo III cuando este lucha a pie luego de haber perdido su cabalgadura: “Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo”. (…)

El dado de la historia, sin embargo, no fue del todo amable con él. Por siglos, Ricardo III ha permanecido oculto en las sombras de la imaginación inglesa, como un villano capaz de cometer los peores crímenes. Un amplio grupo de escritores y poetas patrocinados por los Tudor, en especial Shakespeare, actuaron como propagandistas, consolidando una legenda que lo presenta como un descabellado y desquiciado maquinador de maldades. En palabras del Bardo, Ricardo II salió del útero ya “corrupto” y “deforme”. En su aclamado libro Wolf Hall, el novelista Hilary Mantel hace que uno de sus personajes femeninos del siglo XVI diga, “del Rey Ricardo, nacido bajo el signo de Scorpio, el signo de los secretos, las adversidades y el vicio”. Lo que tenemos aquí es un jorobado consumido por la ambición y capaz, entre otras cosas, de ejecutar a su hermano y a sus sobrinos para luego intentar desposar a una sobrina.

Más recientemente, algunas personas en Gran Bretaña han tratado de rehabilitar a este desgraciado personaje, incluyendo la activa Sociedad Ricardo III. Pero en nuestra democracia hay incluso un límite para celebrar a la realeza, especialmente alguien que tiene las manos manchadas de sangre. Los huesos de Ricardo III demuestran que, a juzgar por la curvatura de la espina dorsal, sufría de escoliosis y lo que parece ser una joroba. Pero no existe evidencia alguna sobre otras deformidades, como la que Shakespeare hace referencia al mencionar “un brazo, cual rama podrida”. En vez de eso, los hallazgos muestran numerosas heridas, como una flecha incrustada en la espalda, un golpe violento en el cráneo, y una herida en la pelvis, que bien pudo haber sido hecha por un soldado vengativo torturando el cadáver real con una espada. Murió y fue enterrado en lo que debieron haber sido circunstancias brutales.

Pero Ricardo III perteneció a una era brutal. La Guerra de las Rosas que se prolongó por tres décadas entre los grupos rivales de la Casa de los Plantagenet trajo consigo años de caos y miseria a Inglaterra. La Batalla de Towton en 1461 –ganada por el hermano mayor de Ricardo III, Eduardo IV– es considerada la más sangrienta peleada alguna vez en suelo británico; más de quinientos años después, los cráneos destrozados de las víctimas siguen saliendo a la superficie. Junto con los reyes y barones que pelearon en el campo de batalla hubo también innumerables combatientes, que murieron como Ricardo III, aunque sin gloria. Mirando a sus huesos ahora identificados, desnudo al igual que todos los que murieron en sus guerras, uno no puede sino percibir una delgada y frágil visión de la justicia.

El texto de Ishaan Tharoor, Richard III’s Bones: Should One of History’s Losers Be Redeemed?, apareció en Time (febrero 4, 2013).

Para conocer más sobre el equipo y el procedimiento utilizado por la Universidad de Leicester en la identificación del rey inglés, véase The search for Richard III, completed Recursos interactivos sobre este caso aquí y en CSI, Richard III. The Secrets in His Skeleton

La imagen que abre el post muestra una reconstrucción del rostro de Ricardo III a partir de los restos hallados recientemente.

 

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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