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Olimpiadas y patrimonio histórico. En nombre del futuro, Río de Janeiro destruye su pasado

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Las Olimpiadas de Londres concluyeron el domingo, pero la batalla por los siguientes juegos olímpicos ya comenzó en Río, donde las protestas contra los desalojos de las personas más pobres de la ciudad se han extendido. De hecho, las Olimpiadas de Río están listas para incrementar la desigualdad en una ciudad ya famosa por esta.

El mes pasado, la Unesco otorgó el estatus de Patrimonio de la Humanidad a una parte importante de la ciudad, un área que incluye algunas de sus favelas, donde viven más de 1.4 millones de las 6 millones que habitan la ciudad. Ninguna favela puede reclamar para sí mayor importancia histórica que Morro de Providencia, aun cuando los proyectos de construcción olímpica amenazan su futuro.

Providencia fue creada en 1897 cuando a los veteranos de la sangrienta Guerra de Canudos se les ofreció tierras en Río de Janeiro, entonces la capital federal. Al llegar, no encontraron tierra disponible. Luego de protestar en frente del Ministerio de Guerra, los soldados se desplazaron a un cerro cercano que pertenecía a un coronel, aun sin tener el título de propiedad correspondiente. Originalmente llamado “Morro da Favela”, por una planta espinosa típica de los cerros de Canudos donde los soldados habían pasado muchas noches, Providencia creció a lo largo del siglo XX a medida que los esclavos libertos se unían a los soldados. Inmigrantes europeos también llegaron, puesto que era la única forma que tenían para disponer de una vivienda cerca al centro de la ciudad y el puerto.

Lugar de entrada de cientos de miles de esclavos africanos a Brasil por vez primera, Providencia forma parte de uno de los más importantes lugares de la historia afro-brasileña, donde las primeras sambas comerciales fueron compuestas, tradiciones como la capoeira y el candomblé florecieron y donde Quilombo Pedra do Sal de Río fue fundada. En la actualidad, 60% de sus residentes son afro-brasileños.

A lo largo de un siglo desde su creación, Providencia aun muestra la impronta cultural y física de sus primeros habitantes. Pero ahora se encuentra amenazada con la destrucción en nombre de las mejores olímpicas: casi un tercio de la comunidad será arrasada, una decisión que inevitablemente desestabilizará el resto de la misma.

Hacia mediados de 2013 Providencia habrá recibido 131 millones de reais (US$65 million) en inversiones de un plan del sector privado para impulsar el desarrollo en el área portuaria de Río, lo que incluirá un teleférico así como pistas más amplias. Las intervenciones previas de la municipalidad para mejorar la comunidad reconocen su importancia histórica, pero los proyectos actuales no tienen el mismo objetivo.

Pese a que la ciudad señala que las inversiones beneficiarán a los residentes, el 30% de la población será transferida y que las audiencias públicas que se han llevado a cabo han tenido como propósito advertir a los residentes de su destino. Estas casas han sido marcadas con spray con iniciales y un número que las identifique. Los residentes vuelven de sus trabajos para enterarse que sus hogares serán demolidos, sin advertencia alguna de lo que sucederá.

Un rápido paseo por la comunidad revela el desastroso estado de incertidumbre de los residentes: en lo alto del cerro, aproximadamente 70 por ciento de los hogares están marcados para su desalojo, un área que debería beneficiarse de la inversión en transportes. Pero el lujoso teleférico transportará de mil a tres mil personas por hora durante las Olimpiadas. No son los residentes quienes se beneficiarán, sino los inversionistas.

Los residentes de Providencia están temerosos. Solo 36 por ciento de ellos poseen documentos que los acreditan como propietarios de sus tierras, en comaparación con el 70 a 95% en otras favelas. Más que en otros barrios pobres, los residentes de Providencia están especialmente desinformados de sus derechos y aterrorizados de perder sus casas. Agréguele a esto un acercamiento del tipo “divide y vencerás”, en el que los residentes son enfrentados de modo personal para adherirse a un plan de reubicación, sin que se permitan negociaciones colectivas, por lo que la resistencia está siendo pulverizada de manera más que efectiva.

Las presiones de grupos de derechos humanos y los medios informativos internacional ha ayudado. Pero los brutales desalojos continúan de la mano con otras formas, nuevas y sutiles. Como parte del plan de revitalización del puerto, las autoridades han declarado la “reubicación” como tema de interés dado que los residentes viven en áreas donde podrían ocurrir deslizamientos y porque se necesita “de-densificar” para mejorar la calidad de vida.

Pero hay poca evidencia de deslizamentos o sobrepoblación que ponga en riesgo a la población; 98% de los hogares de Providencia están construidos con ladrillos y concreto y 90% tienen más de tres habitaciones. Además, un importante informe hecho por ingenieros locales muestra que los factores de riesgo anunciados por el gobierno de la ciudad se basan en estudios poco serios.

Si Río triunfa en desfigurar y desmantelar su histórica favela, el camino estará abierto para la destrucción de cientos de otras más. El impacto económico, social y psicológico de los desalojos es funesto: familias mudándose a unidades aisladas donde pierden acceso a los beneficios económicos y sociales que brindan la cooperación comunal, la cercanía al trabajo y una red social ya existente, sin mencionar la inversión hecha por generaciones en sus hogares.

Río se está volviendo un parque de atracciones para los ricos, y la desigualdad alimenta la inestabilidad. Sería mucho más efectivo, en términos de costo-beneficio, invertir en la mejora de las comunidades impulsando a que estas lo hagan dentro de un proceso democrático que implique la participación. Esto reforzaría a la larga la economía de Río y mejoraría su infraestructura a la vez que reduciría la desigualdad, empoderando a la aun marginal población afro-brasileña.

 

In the Name of the Future, Rio Is Destroying Its Past, de Theresa Williamson y Mauricio Hora, apareció en The New York Times (Agosto 12, 2012).

Créditos: la imagen de la cabecera proviene de aquí.

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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    Es triste que la “modernidad” arrase con la tradición a costa de los menos favorecidos por una sociedad excluyente. Ojalá que la comunidad internacional se oponga a estos desvaríos. Aunque es un poco como pedir peras al olmo.