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Parlamento, población andina y racismo en el Perú, 1810-2010

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La designación de Hilaria Supa como presidenta de la Comisión de Educación ha despertado una serie de críticas, donde la mayoría de estas ha puesto énfasis en la condición de “analfabeta” de Supa y de cómo esto le va a impedir (aun antes de haber asumido el cargo) desempeñar un correcto desempeño en la tarea que le han encomendado.

De por sí, se trata de un lamentable episodio de discriminación contra una parlamentaria elegida en votación y cuyo origen es andino. Supa ya había sido víctima de un ataque anterior por su condición de quechuahablante, esta vez proveniente del diario Correo y de su director Aldo Mariátegui, quien de un modo lamentable se burlaba de la parlamentaria y de sus anteriores actividades laborales, la cual incluía haber trabajado como empleada del hogar.

En aquella oportunidad, el Congreso reaccionó rápidamente y ofreció un desagravio a Supa a la vez que rechazó el contenido propalado por Mariátegui y su periódico, el cual trató de maquillar una humillación bajo una fachada de exigencia de un mejor nivel académico de los congresistas.

Las críticas contra Supa por su futuro rol en la Comisión de Educación me permiten explorar la tensa y ambigua relación que ha tenido el Parlamento peruano en sus dos siglos de existencia con la población andina, no solo como población a la que representó y representa sino como espacio político en el que participaron parlamentarios quechuahablantes. Mientras en la primera parte trato de establecer algunos aspectos de esta relación, en la segunda me intereso más por las reacciones de la población limeña frente a estos parlamentarios andinos, reacciones que -valgan verdades- no difieren mucho de las que hemos leído en los últimos días.

Parlamento y población andina

Desde que el Perú contó con una institución representativa hubo presencia de parlamentarios de origen andino en ella. Las primeras noticias sobre estos parlamentarios andinos las encontramos en las Cortes de Cádiz, cuyas sesiones se desarrollaron en un momento crítico para España y su imperio.

Dionisio Inca Yupanqui, militar, fue entonces el primer parlamentario de origen andino que tuvimos, al asistir a las Cortes de Cádiz. Durante las décadas siguientes otros parlamentarios de origen andino y/o quechuahablantes alternarían escaños con miembros que hablaban el castellano como primera lengua. Pero esto no les impidió desempeñar un papel más que meritorio en el hemiciclo. Entre ellos podemos mencionar a: Juan Bustamante, José Domingo Choquehuanca, Emilio Romero, Ernesto Sánchez Fajardo (“el Jilguero del Huascarán”, sobre quien escribí una semblanza en torno a su labor como parlamentario aquí), Julio C. Tello, entre otros.

En 2001, con la elección de Paulina Arpasi, el criterio de representación se abrió aun más al ser elegida Paulina Arpasi, candidata por Puno de Perú Posible, ya que ella era la primera parlamentaria de origen aymara. (Para un testimonio de cómo Arpasi era marginada incluso por su propia bancada, aquí).

Ciudadanía y quechuablantes

Uno de los hitos en la relación entre Parlamento y población andina se dio en 1896. Contagiado por un ambiente de positivismo, el Congreso dio una ley por la cual puso como condición que para votar y, por ende, para ser considerado ciudadano, según las normas de la época.

Hasta ese momento, las leyes electorales habían enfatizado otros factores, como los referidos a buena conducta y moralidad. Además, el sistema indirecto de votación y el carácter de negociación a nivel local entre autoridades y votantes, había permitido una amplia participación de la población andina, mucho mayor a la cifra de 4% que a veces se nos quiere hacer creer.

Pero el paquete dado por el Congreso en 1896 recortó dramáticamente esta amplia participación, al poner como criterio el conocimiento del castellano y además instaurar la votación directa para elegir autoridades. La preocupación del Congreso y de los parlamentarios por cerrar esta participación se entiende por una razón muy sencilla: las elecciones se decidían en la sierra. Y para más señas, basta ver cómo cambió el perfil étnico de los presidentes entre el siglo XIX (en los que la mayoría fueron provincianos) con los del siglo XX, sobre todo los de las primeras décadas, provenientes de la costa norte.

En 1979, con la promulgación de la nueva Constitución, el Parlamento recitificaría la exclusión que mantuvo por casi un siglo, aunque esto no ha evitado que el racismo hacia los representantes de la población andina haya desaparecido.

El Congreso, en tanto institución representativa, puede ser un canal eficaz de inclusión a la vez que envía una señal sobre la aceptación y legitimidad de cómo una sociedad multicultural debe tener los mismos derechos, para representar a sus ciudadanos. Pero no se trata solo de una labor del Parlamento, sino de los partidos, que deben estimular una mayor participación de grupos que han estado marginados (por ejemplo, las poblaciones de la selva), para cumplir de manera efectiva su papel de intermediarios entre la sociedad y el Gobierno.

Racismo frente a los parlamentarios andinos

El quechua había experimentado un renovado interés académico en el siglo XIX, por parte de lingüistas, los cuales publicaron gramáticas y manuales de quechua.

Pero hubo quienes consideraron que el quechua era un obstáculo para la integración de la población andina al modo de vida occidental, por lo que pedían la castellanización de los Andes. Entre estos se encontraban los miembros de la Sociedad Amigos de los Indios, que plantearon uno de los primeros proyectos de incorporación entre ambos mundos, según lo apunta Martín Monsalve.

Aun cuando el Congreso había lanzado una proclama en quechua apenas producida la Independencia, el quechua no logró legitimidad a nivel popular, lo que llevó a que la opinión pública identificara a los habitantes de la sierra y los migrantes como “analfabetos” e incapaces de comunicarse en castellano y procediera a burlarse tanto de ellos como de la población afroperuana, lo cual no ocurría, como es de suponer, con los inmigrantes europeos que apenas masticaban el español.

Una rápida revisión de la prensa del siglo XIX nos descubre este tipo de ataques contra la población andina y específicamente a parlamentarios andinos precisamente por su condición de quechuahablantes.

El diputado Eleuterio Macedo era satirizado de esta forma en una nota aparecida en El Comercio en la década de 1870 de este modo:

“¿Creyeron que Macedo sería caballero? Qué chasco. ¿Lo creyeron hombre porque lo vieron con levita? Otro chasco, cuando solo es un huanaco, cobarde y sucio, que apoyado en la inmunidad de la diputación, ha podido ser insolente; […]”.

En otra nota publicada el mismo año en El Comercio leemos sobre una posible escena desarrollada entre un parlamentario quechuahablante que había llegado a Lima a asumir su cargo y otro ya con varios años de experiencia.

Paisanu, le decía a su interlocutor, señalándole los referidos escudos, ¿que sun esas figuras?

!Estas figuras, respondió el interpelado retorciéndose los bigotes y en un tono enfático, son los restos que ha dejado entre nosotros la dominación española, y que nuestro gobierno no se cuida de hacer quitar, con la mengua de la alta dignidad de las cámaras y de la república! Hace tiempo que tengo el proyecto de hacer venir al ministro del ramo, ara interpelarlo sobre este delicado asunto.

Enlaces útiles

“La congresista Supa y Aldo Mariátegui”, en Desde el Tercer Piso, aquí

“Educar a los marginadores”, en Puente Aéreo, aquí

“Hilaria Supa en Educación”, por Leon Thratemberg, aquí

“Lo que Supa sabe”, por Patricia del Río, aquí

Nota

La info de la que me ha valido para este post procede de textos míos, algunos inéditos, como el manuscrito de la tesis de maestría que estoy redactando sobre los orígenes modernos de la migración a Lima, así como otro manuscrito titulado “El Parlamento peruano: breve historia social de sus representantes”. Otros datos han sido tomados de mi artículo: “Leer, escribir, votar. Literacidad y cultura política en el Perú, 1810-1900)”. En Carlos Aguirre y Pedro Guibovich, eds., Libros, lectura y cultura impresa en el Perú (siglos XVII-XX). Histórica, vol. 31, n. 1 (julio 2007).

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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