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Un raro caso de despotismo ilustrado: Pablo Macera y su paso por el fujimorismo

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Entrevistador: –¿Democracia o autoritarismo?

Macera: –No me interesa.

 

La reciente noticia de que Pablo Macera va a ser nombrado Profesor Honorario por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya este semana no puede evitar esa sensación de frustración y culto pagano que tengo hacia él cada vez que leo sus trabajos.

Y es que últimamente se ha venido produciendo una reinserción de la imagen de Macera, aunque no directamente propiciada por él. Primero, un blog que lleva su nombre, y en el cual no se hace mención a su pasado político, como ya lo hizo notar Jorge Moreno. Luego, la publicación de sus trabajos relacionados con la historia del arte, por el Congreso de la República, el año pasado. Y este martes, la ceremonia en la UARM.

En lo académico, fue uno de los historiadores más prometedores desde los años sesenta en adelante. Fue, además, el puente entre la generación de Raúl Porras Barrenechea y Jorge Basadre con la nueva generación de historiadores que aparecerían en la escena post-68. Y sus Trabajos de Historia, reunidos en cuatro volúmenes en 1977, representan sin lugar a dudas un quiebre en la historiografía peruana por las perspectivas y los caminos que traza para futuras investigaciones: historiografía, historia de la sexualidad, historia económica, historia de la lectura, entre muchos otros temas. Luego, como lo ha señalado Hugo Vallenas, dejaría su condición de “oráculo”. En el plano político, Macera no había ocupado cargo alguno hasta que fue elegido parlamentario para el periodo 2000-2001 como parte del “tercer fujimorismo”, luego de una polémica e ilegal re-reelección de Alberto Fujimori gracias a una “interpretación auténtica” por parte de la bancada naranja.  

Macera como Presidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología en el Congreso.

Es difícil argumentar que él no se había dado cuenta de lo que era el fujimorismo, incluso después del primer vladivideo. Aún cuando hubiera sido así, y hubiese renunciado inmediatamente, ocurrió todo lo contrario: se alineó con el tristemente célebre Carlos Boloña y aceptó encabezar su plancha presidencial como primer vicepresidente. Sin embargo, quizás sea mejor indagar por los motivos que llevaron a Macera a aceptar postular como parlamentario en un primer momento, según lo recoge esta entrevista de Caretas.

a. Se habría sentido excluido de todo cargo público.

b. Se habría sentido impotente en su condición de académico y la oportunidad de postular al Congreso le permitiría “hacer” lo que siempre criticó en sus entrevistas y ensayos.

Esta parte de la entrevista es particularmente interesante. Y se extiende no solo a Macera como intelectual público, ni a los historiadores sino a los intelectuales (peruanos) en general. En palabras de Macera: “Nunca he tenido la oportunidad de hacer. He sido sometido a un deliberado y sistemático proceso de exclusión desde la Derecha o la Izquierda. Para hacer hay que poder hacer, es decir tener poder.”

 

¿Los intelectuales al poder?

Fue en el siglo XVIII cuando los intelectuales adquirieron un cierto perfil propio y comenzaron a establecieron vínculos con el poder al más alto nivel. Esta relación comenzó con los ilustrados criollos y el virrey, ante el cual pusieron el Mercurio Peruano a su disposición (Unanue, su miembro más representativo, sabría pasar del ámbito del virrey al del gobierno republicano con San Martín). El momento más dramático llegaría a mediados del siglo XIX, cuando una intelligentsia militante liberal y reformista, con buenas ideas pero incapaz de construir plataformas políticas amplias y participar en las elecciones, encontró cobijo primero con Castilla y luego con Pezet  en el Gabinete de los Talentos. La historia se puede extender a Leguía y Velasco, por cierto, e incluso al grupo de intelectuales que hace poco manifestó su apoyo público al proyecto nacionalista de Ollanta Humala.

Los gobiernos autoritarios son los que más han necesitado atraer a los intelectuales, como un modo de legitimar su mandato y dar la apariencia de consenso con sectores civiles a la vez que disfrazar sus proyectos dictatoriales bajo una fachada científica. Los gobiernos autoritarios, a su vez, son los más generosos con los sectores académicos, al menos con los que comulgan bajo su órbita. Y esto lo hacen a través de cargos políticos o administrativos: Museos, Bibliotecas, Institutos, Centros de Investigación, Fondos Editoriales, entre otros.

En todos estos casos, quizás con la excepción de los mercuristas, el argumento parece haber sido similar: los intelectuales necesitan de cierta dosis de poder para poder llevar a cabo sus proyectos, de modo que estos no se queden en el papel. En su propósito, no dudaron en acercarse a gobiernos autoritarios de izquierda o derecha con tal de encontrar un espacio donde maniobrar.  En este punto es necesario mencionar que el puente entre Gobierno y sectores intelectuales no es monopolio de los gobiernos autoritarios, por cierto, ya que los gobiernos democráticos (algunos), suelen utilizar estos mismos medios para atraer a figuras determinadas, aunque no con la evidente intención de usarlos como fachada académica.

 

¿Con cuál Macera nos quedamos?

Hablar de Macera y su papel en el fujimorismo nos lleva a hablar de otros académicos como Fernando de Trazegnies, su vinculación con el mismo gobierno y su trayectoria post-2000. Tras un periodo de reticencia inicial, la ocasión para propiciar un reencuentro entre el público y Trazegnies fue la publicación de un libro de homenaje a él, con ceremonia incluida, en junio de 2009. (Para opiniones y reacciones sobre este tema, aquíaquí, aquí y aquí). 

Sin ánimo de poner el tema en el plano ético, creo que es válido preguntar si las personas tienen derecho a rectificarse. Yo creo que sí, si se hace un deslinde de aquello que ha levantado dudas sobre su conducta pasada.

En todo caso, Macera es libre de hacerlo o no. Quizás le interesa, quizás no. Probablemente prefiera no opinar sobre el tema en cuestión y menos hacer un deslinde (Trazegnies no lo hizo), con lo cual esta incomodidad hacia él continuará de parte de quienes lo hemos admirado y lo seguimos haciendo. En todo caso, la ceremonia en la UARM de este martes permitirá retomar contacto con uno de los historiadores peruanos más brillantes e influyentes del siglo XX.

Foto tomada de aquí

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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