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De Haya de la Torre a Alan García: el APRA y los pueblos de la selva

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A un año de los hechos de Bagua, las explicaciones que permitan entender por qué 34 peruanos -25 policías y nueve nativos- hayan muerto en lo que debía ser una operación de desalojo y desbloqueo de una carretera siguen sin ser satisfactorias. Sin embargo, como lo ha señalado Augusto Álvarez Rodrich en su columna en La República, más allá de los errores inmediatos que provocaron estas muertes, existe un trasfondo que hemos preferido pasar por alto: la incomprensión existente entre el Estado, la sociedad peruana y la selva. Lo de Bagua no fue un malentendido ni mucho menos un hecho aislado. Fue el resultado de esta distancia mental que separa al Gobierno de la selva, la cual ha sido rescatada en el imaginario del Estado como un espacio proveedor de recursos. Esta asociación no es nueva: desde inicios del siglo pasado, con el auge del caucho, el Estado se hizo de la vista gorda ante la explotación de recursos y seres humanos en lo que sería luego un escándalo internacional conocido como los “sucesos del Putumayo”.

El Estado peruano nunca se ha caracterizado por una actitud amistosa ante las minorías que han vivido en su territorio. Pero en la situación actual, en la que el Gobierno ha expedido leyes que facilitan la explotación y venta de terreno en la selva sin considerar la opinión de quienes viven ahí, es una muestra más de lo que puede seguir pasando y de los otros “Baguas” que se pueden producir de manera innecesaria. No cabe duda que hubo quienes quisieron sacar provecho de la situación, azuzando de uno y otro lado la tensión.

Así, no sorprende que un par de artículos conocidos como “El Perro del Hortelano” hayan pasado a ser una ideología “oficial” que prácticamente criminaliza a quienes se oponen a que los recursos naturales sean explotados. Y el Gobierno no ayuda cuando desea ningunear lo ocurrido en Bagua al imponer una celebración como la del Día del Ron el mismo 5 de junio (la obsesión de este Gobierno por tapar desastres con licor es deprimente, si no, recordemos el famoso Pisco 7.9 propuesto por Rafael Rey). O cuando se insiste en la muerte de uno de los grupos que se enfrentaron para evitar las críticas que en su momento llevaron a cuestionar la idoneidad de la Ministra de turno, poco preparada para una tarea como la que le encargaron pero con el carnet del partido al día.

Esto puede servir de pretexto para repensar cuál ha sido la relación que ha tenido el partido más antiguo del Perú con la población selvática. En los recientes debates en el parlamento a raíz de los sucesos de Bagua, uno de los congresistas de la oposición recordaba la lejanía de Haya de la Torre respecto de la selva, ya que este habría pensado enviar elefantes a la Amazonía peruana. Sin embargo, la relación de Haya con la selva fue directa. Como lo demuestra la siguiente foto, un grupo de nativos de la Amazonía tomó contacto con el fundador del APRA en una fecha que no hemos podido determinar, pero que podría proceder de La Tribuna o alguna publicación partidaria regular.

El contraste con el actual gobierno y con el delfín de Haya de la Torre es más que evidente: mientras Haya de la Torre aparece como alguien interesado en el bienestar de la población de la selva, Alan es más bien su verdugo. Si con Haya de la Torre, hay un acercamiento por parte de los líderes selváticos, que manifiestan su deseo de que este interceda ante el gobierno, la bancada del APRA va a pasar a la historia por su tozudez al poner los intereses particulares por encima de los de la población amazónica. Una frase mencionada en el texto y que ahora suena a pura ironía: “Y ha salido de nuestra casa sonriendo porque sabe que su pedido ha de ser atendido, toda vez que el Aprismo se ha interesado siempre por todos los problemas humanos del Perú”.
 
 
Un jefe campa visita al c. Haya de la Torre

Ya que la civilización no ha ido a buscarlos, ellos han venido a buscar la civilización.

El jefe campa Aniceto Valerio y su hijo Miguel, en compañía de sus personeros, han venido a Lima en busca de justicia. Proceden de Ñuchusu, un anexo de la provincia de Tarma. Piden que le sean devueltos los terrenos de que fueron despojados hace cinco años por la Peruvian Corporation. El terreno se encuentra situado en la región del Perené. En él, esta tribu, hoy errante, había formado un pueblo que contaba con más de setenta familias. Viven de la caza y de la agricultura ((¿?)) no se entrelacen en ninguna parte porque a medida q la civilización pene(t)ra son arrojados hacia lo más espeso e insalubre de la selva. Han elevado un memorial al Gobierno para que esos terrenos les sean restituidos a la brevedad, y que cuando esto sucedda se les proteja y no se les dé implementos agrícolas y se les vaya incorporando a la vida civilizada.

Otro objetivo importante del jefe campa Aniceto Valerio es el de presentar su saludo al c. Jefe Víctor Raúl Haya de la Torre, a quien ha querido conocer personalmente. En la foto aparecen Haya de la Torre en compañía de Aniceto Valero y su hijo Miguel. Se puede apreciar muy bien la banda blanquinegra que le cruza el pecho, distintivo de los jefes. Y ha salido de nuestra casa sonriendo porque sabe que su pedido ha de ser atendido, toda vez que el Aprismo se ha interesado siempre por todos los problemas humanos del Perú. Ya Ciro Alegría en El Mundo es Ancho y Ajeno describió con estilo maestro el caso igual de la comunidad de Rumi despojados de sus tierras por feroz gamonal, y el libro que ganara el premio continental de novela, unificó a todas las conciencias en un ardiente llamado de justicia.

 

Créditos: La fotografía fue cedida generosamente por Carlos Aguirre (Universidad de Oregon).

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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  • Las comunidades nativas han pasado por múltiples crisis, como la que reseña esta columna (especialmente por invasión de su territorio ancestral), sin embargo el actual contexto ha sobrepasado cualquier límite, como lo diría un comunero awajún: “Con Alan García ha comenzado el tiempo del fin de las comunidades”

  • Buenos dias,

    Si le interesa yo tengo una foto aun mas explicativa que encontré en los archivos del CEDINCI de Buenos Aires. Es una de los campas con la mano izquierda levantada. Fue publicada en la Tribuna en Destierro en 1933. Si desean se las puedo mandar.

    Atentamente,

    Daniel IGLESIAS
    Université Paris Diderot

  • jragas

    Gracias Daniel, si la puedes enviar a jragas@ucdavis.edu te lo agradecería mucho.

    Saludos desde California,

    Jose