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Repensando la historia afroperuana. Entrevista a Maribel Arrelucea

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En medio del debate producido por las disculpas que ofreció el Gobierno a los afroperuanos, ha aparecido un interesante libro que brinda nuevas perspectivas sobre la historia de este grupo social. Su autora, la historiadora Maribel Arrelucea, ha reunido un conjunto de ensayos escritos en la ultima decada junto con uno inédito, para dar forma a un texto que busca acercarnos a las experiencias de los esclavos durante la Lima borbónica.
 
El libro es una muestra de los avances de la historiografía peruana sobre la esclavitud, e incluye no solo el análisis de casos con la respectiva contextualización sino como la disciplina ha ido modificándose y adaptándose para entender mejor la participación de los esclavos y la población negra en nuestro pais.
 
Para conocer un poco más sobre las motivaciones y la metodología de la autora al publicar este libro, ella aceptó responder algunas preguntas que le enviamos.
 

1. ¿Por qué te interesaste por el tema de la esclavitud colonial?

arrelucea_3DPor varias razones, algunas académicas y otras personales, incluso inconscientes. La parte académica fluyó sola cuando ingresé a la Universidad San Marcos en una época marcada por Sendero y el primer gobierno del APRA, el miedo, el no saber quién era quién, pero al mismo tiempo con propuestas académicas, eran los años finales de los ochenta y entraban con fuerza los estudios sobre subalternidad y otredad, los desplazados, las minorías étnicas, los obreros, los chinos, los esclavos. Entre los primeros textos que leí en la biblioteca de mi facultad estaban Historia para la gente sin historia, luego cayeron en mis manos George Rude, Hobsbawm y Thompson. Ya estaba claro lo que quería, lo mío era la subalternidad. Después hice una monografía sobre la sociedad colonial y me llamó la atención la gran presencia de esclavas y esclavos en Lima, leí Aristocracia y plebe de Flores Galindo y para esa época ya frecuentaba con regularidad los archivos, fichaba todo lo colonial, así que decidí seguir los pasos a los esclavos limeños.

Por otro lado, mi escritura ha cambiado de enfoque poco a poco. Al principio me interesé por el poder y la resistencia a la esclavitud, de esta primera etapa son mis artículos sobre panaderías, bandolerismo y cimarronaje y la misma tesis de licenciatura. Después -ya en los 90s- empecé a leer textos sobre género, hice una maestría en Historia Social en San Marcos –esta vez convertida en un espacio abierto y multidisciplinario- y tuve muchas lecturas maravillosas, un buen contacto con profesores nacionales y extranjeros. Allí amplié mis perspectivas de trabajo hacia el género pero en la línea de la esclavitud.

Hacia el 2004 se conmemoró la Abolición de la esclavitud en el Perú, entre los eventos que se hicieron recuerdo el que organizó CEDET, allí conocí a Newton Mori, gran conocedor del tema, para mí fue determinante este encuentro porque entendí que más allá de ser un tema académico también es un problema social, económico, político y cultural pendiente, escribir sobre esclavos es también construir una imagen histórica que repercute en el presente de las comunidades afroperuanas. Es un compromiso continuar con el tema.

Escribir sobre la población esclava de Lima resuelve unas cuestiones personales que empezaron de manera inconsciente y emergieron con el transcurso de los años, entonces abordar el tema étnico es también completar mi propia identidad, cuando me miro veo mi herencia afro, china, huanca, francesa, cajamarquina, española…tengo de todo. También es entenderme desde las experiencias femeninas de mi familia donde abundan las historias de las abuelas, tías, mi propia madre, algunas son dolorosas, tristes, otras son dignas para el guión de una película. De pequeña escuchaba estas historias en la cocina y no las podía entender de manera individual, en cambio la historia me ha dado la perspectiva de mirar estructuralmente el problema de las mujeres en nuestra sociedad. Escribir sobre esclavas y esclavos, la nación, las mujeres, la discriminación étnica, cultural y de género me ayuda a completar un rompecabezas personal pero que es también nacional.

 
2. ¿Cómo han ido cambiando los temas abordados sobre la historia de los afroperuanos en cuanto a enfoques y fuentes?

Definitivamente hemos avanzado muchísimo. A principios del siglo XX no existía el tema en la agenda de la historiografía. Recién en los años 30s y 40s aparecieron los primeros estudios sobre esclavos. Eso tiene que ver con el cambio de perspectivas en el terreno histórico y en la percepción de los sujetos históricos, en esa época aún se tenía la imagen del Perú enfrentado entre hispanistas e indigenistas, los “otros”  simplemente estaban fuera de la nación, existían en tanto estaban relacionados con la pobreza, el atraso, la violencia.

En los 60s hay un gran cambio, ingresan los esclavos como sujetos porque la Historia Económica tiene mucho éxito en los medios académicos pero todo en el contexto social, económico y político de América latina, era la época de la Revolución Cubana, la radicalización de la izquierda, las guerrillas, muchas investigaciones giraban en torno al subdesarrollo, la pobreza, la “herencia colonial” y la dependencia económica. En ese contexto los investigadores miran la esclavitud como un elemento arcaico, una carga para la sociedad. Los 80s y parte de los 90s están marcados por la violencia terrorista, la hiperinflación, el inti, la leche Enci, las colas, crisis política y crisis económica. Esta es la época de grandes trabajos sobre bandolerismo, cimarronaje, palenques, resistencia y violencia frontal, de esta época son el libro de Flores Galindo Aristocracia y plebe, los numerosos artículos de Christine Hünefeldt y como prolongando la década Abigeos, bandoleros, montoneros compilado por Carlos Aguirre y Charles Walker. Son textos en sintonía con la época violenta y sin rumbo. Ya en los 90s y los últimos años la situación es distinta, la crisis del sistema soviético derrumbó a la izquierda, un golpe terrible, un descrédito académico que cuesta superar, además esto va con el autoritarismo de Fujimori y la represión interna que se evidencia en la búsqueda y consumo de modelos foráneos, se asumió un modelo escolar que derrumbó la historia peruana dictada en los colegios, tal vez las editoriales escolares digan que soy injusta pero después de ese experimento deberíamos evaluar cómo egresaron esas promociones, los conocimientos sobre la historia peruana son tan pobres que estalló un boom editorial vinculado con periódicos, la historia en fascículos respondió a una nueva demanda interna, lo enriquecedor del asunto es que esta nueva forma de abordar la historia implicó incluir estudios académicos, temas “nuevos” y sujetos históricos “nuevos” como los esclavos y los chinos. En los medios académicos la influencia de la Nueva Historia es impresionante, se consume la historiografía francesa, historiadores como Duby, Chartier, Wachtel, son familiares entre los estudiantes. La Nueva Historia, que no es una escuela propiamente dicha, al igual que Los Annales, propone abrir nuevos temas en el campo de las experiencias culturales como las sensibilidades, los olores, los afectos, el sexo, la familia, la muerte, etc. De manera irónica se les llama los “Post Modernos” y más de uno ha cuestionado qué puede aportar al conocimiento histórico saber cómo la gente ama o muere.

El giro temático también se ha planteado en el trabajo heurístico y hermenéutico, en los últimos tiempos se han abierto nuevas propuestas y fuentes, de expedientes judiciales hemos pasado a hurgar con más ahínco en los testamentos, inventarios, grabados, fotografías, nulidad de matrimonios, periódicos, viajeros, etc. La razón fundamental es que definitivamente el esclavo ha dejado de ser el mismo sujeto de los años 30s, ahora diferenciamos esclavas y esclavos, esclavitud urbana y rural, esclavitud limeña y de otras regiones.

 
3. La historiografía de los años setenta y ochenta había enfatizado en las formas más activas y públicas de resistencia al sistema que los oprimía como sujetos esclavistas. Pero has optado por un camino poco recorrido, que es el de analizar los insultos y ofensas verbales. ¿De qué manera ello permite una nueva aproximación al universo de la esclavitud?

Hay una cadena entre los textos de Wilfredo Kapsoli, Alejandro Reyes, Christine Hünefeldt, Flores Galindo y Carlos Aguirre que podríamos rastrear desde los trabajos pioneros de Hart-terre y Marquez Abanto, todos evidenciaron que los esclavos no eran sujetos sumisos ante el sistema, los subalternos aparecen así como “agentes activos” que protagonizaron una resistencia frontal contra el sistema. El texto de Kapsoli marcó una época, evidenció la existencia de tumultos esclavos –aunque él los llamó “rebeliones”- y poco después un palenque indomable, esclavos rebeldes al estilo de los Palmares de Brasil. Me parece que tiene un efecto inmediato sobre la población afroperuana, el palenque de Carabayllo sirvió para plantear un héroe afro como Francisco Congo y el cambio de la imagen de esclavo sumiso a rebelde orgulloso. Creo que ese tipo de investigaciones fueron necesarias en su momento. Luego el otro hito importante fue Agentes de su propia libertad porque enfatizó en que la resistencia no implica necesariamente violencia, lo que antes se leía como sumisión vergonzosa, Aguirre lo contextualizó como resistencia pasiva.

Pero ahora estamos en otro contexto, no necesitamos encontrar superhéroes para sentirnos orgullosos, por mi parte he buscado sujetos cotidianos, no me interesa tanto el héroe o heroína, no me entusiasma encontrar al esclavo que la hace cuando gana una lotería o compra su libertad, o el que sabe leer y escribir.

En realidad he ingresado a terrenos que otros y otras se resisten a tocar –como el sexo y los afectos, los insultos- porque para mí la historia está compuesta por todos los aspectos humanos. La esclavitud siendo un sistema de opresión y cosificación se relajó en algunos espacios del Perú colonial y republicano, en algunas haciendas y ciudades adquirió rasgos más flexibles como las relaciones personales, afectivas y sexuales, el sistema a jornal permitió mayores márgenes de libertad, en ese entramado de jerarquías y relaciones personales cara a cara tenemos esclavos y esclavas más cerca de ser personas que cosas, capaces de construir sus redes sociales, afectivas, sexuales, familiares. Por eso es importante plantear nuevas entradas como el estudio de los insultos, las relaciones sexuales, el honor subalterno, la ética del ocio y la diversión, entre otros temas que antes se habían tomado como anécdotas sin importancia en las fuentes como los viajeros pero que ahora se entienden porque formaron parte de un tipo de esclavitud que debemos contextualizar.

 
4. Uno de los ejes de tu libro se refiere al género. ¿De qué manera asumían su condición las afroperuanas durante el periodo colonial?

A lo largo de los últimos cinco años la pregunta que me rondaba es ¿Qué significaba nacer y vivir como mujer, negra y sometida a la esclavitud? Explorando en los documentos observé que las esclavas tuvieron una manera particular de replantear la esclavitud que intentaba aplastarlas, desplegaron sus estrategias cotidianas con el objetivo de mantenerse a flote, obtener ventajas, sobrevivir y dejar que su siguiente generación continúe.

Es muy complejo analizar los matices de las experiencias y estrategias de las esclavas limeñas porque hay de todo: las sumisas y fieles al amo, las rebeldes, las cimarronas que se fugan siempre, las que forman parte de bandas, las que prefieren litigar, las que suplican y lloran asumiendo un rol miserable. ¿Cómo entenderlas? Observando las tendencias, encontré que la mayoría prefería asumir soluciones legales dentro del sistema, hay una cantidad increíble de litigantes mujeres: ellas son las mamás, esposas, amantes, hijas, eso ya es un indicador importante, lo segundo es que encontré escasas mujeres en palenques y bandas porque era bastante difícil irse por ahí de cimarrona, con pocos espacios para esconderse, sin refugios seguros, era exponerse al peligro de ser capturadas o sometidas a actos de violencia sexual. Por otro lado, el mercado laboral limeño ofrecía empleo especialmente femenino, a fines del siglo XVIII era relativamente más fácil para una esclava encontrar trabajo, ganar dinero, ahorrar, etc.

Y si a esto añades los estereotipos étnicos y sexuales que señalaban a la esclava como criatura sensual y lujuriosa, entonces tienes una serie de piezas para armar, eran señaladas como inferiores por ser mujeres, negras y esclavas, pero ellas sacaron provecho de estos estereotipos: iban a los tribunales y se presentaban como miserables, criaturas débiles, lloraban y movían el piso para encontrar soluciones a sus problemas, cuando trabajaban para hombres algunas entablaban relaciones sexuales como un medio de obtener mejoras cotidianas aunque fueron relaciones débiles y algunas muy violentas al reproducir las jerarquías de inferiorización, otras eran jornaleras y aprovechando este sistema obtenían más tiempo libre, se divertían, se embriagaban, escogían pareja sexual sin la presión de la virginidad o el matrimonio, gozaban con mayor libertad, sus cuerpos podían ser más libres, ten en cuenta que una mujer de elite debía ser recatada, calladita, aguantar al esposo, quejarse o exigir placer no era socialmente aceptado, si a alguna mujer se le ocurría algo semejante era etiquetada de inmediato, es esa hipocresía social que conminaba a las mujeres al silencio pero en el caso de las esclavas y otras mujeres subalternas era diferente porque se iban a divertir, solas o en grupos, no necesitan chaperona, no moderaban el tono de la voz, se embriagaban y bailaban públicamente, vivían su sensualidad de otra manera. Por supuesto que también existe la otra cara: la explotación, la presión del jornal, el castigo en las panaderías, la venta de los hijos, el esposo, los familiares cercanos, pero enfrentaban esos problemas y trataban de solucionarlos usando las instancias que la sociedad ofrecía.

 
5. Sin embargo, desde hace varios años se ha abandonado la idea de verlas como sujetos pasivos, por lo que se ha enfatizado en su capacidad de negociación y adaptación a una situación que de por sí era dura.

Tendríamos que diferenciar aspectos, en la historiografía peruana hemos dado un giro importante en cuanto a la esclavitud en general, también en cuanto a la cuestión política y la resistencia, pero no podemos afirmar lo mismo para el caso de la esclavitud femenina, después de los trabajos de Christine Hünefeldt, Diego Lévano, Rosario Rivoldi, no tenemos otro que muestre las distintas experiencias femeninas, las diferentes maneras de encarar la esclavitud, no hay trabajos específicos sobre esclavas en los conventos o el de las libertas, están esperando que se escriba una historia sobre ellas, de igual manera una historia de la brujería y hechicería afro, de las esclavas durante la Conquista y sus aportes culturales en la construcción de la sociedad colonial, en fin hay grandes temas esperando, las mujeres no son sujetos históricos solo porque escribieron poemas, fueron esposas/madres/amantes de un hombre “importante”, dirigieron sus hogares o tuvieron negocios, también es importante analizar las formas como plantearon enfrentar sus vidas cotidianas desde la subalternidad, esto las convierte en sujetos plenos.

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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