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15 March
2009
Especiales
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Contra el olvido: ¿Por qué un Museo de la Memoria en el Perú?

Para ser un país que muchos considerarían amnésico o, cuando menos, desmemoriado, debe sorprender que los hechos ocurridos entre 1980 y 2000 sigan latentes con una sorprendente intensidad. Desde la publicación del Informe Final de la CVR (sino antes), es posible distinguir dos grandes corrientes respecto al tema: aquellos que reclaman el cumplimiento de las recomendaciones de la CVR, en especial lo referido a las reparaciones a las víctimas como una forma de cerrar heridas y proceder a la siguiente etapa, que sería la reconciliación. Por otro lado, están quienes señalan que el Informe Final es tendencioso además de injusto con los militares que defendieron la Nación en tiempos de violencia. Demás está recordar que esta polémica, en un afán simplificador que ha obstaculizado el debate,  ha optado por dividir ambos grupos en “izquierda” y “derecha”, identificando a los primeros con ex miembros de agrupaciones izquierdistas ahora defensoras de los Derechos Humanos y a los últimos como reaccionarios miembros del Gobierno que ponen al Estado por encima de cualquier “exceso” cometido en nombre de la paz.

La forma en la cual se ha tratado de cerrar el periodo de violencia que asoló el país ha sido por medio de los testimonios de las víctimas, el procesamiento judicial de los responsables y la conmemoración de ceremonias en nombre de aquellos cuyos rostros estamos comenzando a conocer y que en su momento fueron reducidos a una fría estadística. A partir de la difusión del Informe de la CVR, este se convirtió en el blanco de quienes manifestaban su disconformidad con el mismo y preferían que el tema no se abordara más.  No obstante, el Informe ha servido como un disparador para que los sucesos relacionados con la violencia entre 1980 y 2000 pudiesen ser discutidos y analizados. Al igual que otros países que afrontaron conflictos internos y un número considerable de ciudadanos muertos, como España,Chile, Argentina, Japón y Alemania (entre muchos otros, por supuesto), el Perú ha atravesado una situación similar en el proceso de encontrar la mejor manera de cerrar ese pasado para que no repita. Al respecto, cabe mencionar que no existe una fórmula y que pese a los notables esfuerzos de los países señalados anteriormente aun existen debates, polémicas e incluso sectores en contra, como es natural esperar de lo relacionado con el recuerdo y la (re)construcción de un presente y un pasado en naciones que han pasado por un momento traumático de su historia.

contra-la-memoria-contra-el-olvido-caricatura-espana

Si bien solo el tiempo puede ayudar a cerras dichas heridas, es mucho lo que se puede hacer desde las instituciones y los centros académicos. Precisamente hace unas semanas, el Gobierno de Alemania ofreció una generosa donación para la construcción de un Museo de la Memoria en el Perú, similar al que tienen otros países, siendo los más conocidos el Holocaust Memorial Museum de EEUU, el Museo Internacional de la Cruz Roja en Suiza y el Centro de Documentación de la Memoria Histórica en España, según lo refiere Luis Jaime Cisneros Hamman. Las reacciones al ofrecimiento no se hicieron esperar, con la manifiesta negativa del Gobierno peruano a aceptar el dinero. Asimismo, el Instituto Democracia y Derechos Humanos de la PUCP fue uno de los primeros en pronunciarse a través de un comunicado. Al mismo se podría sumar el comunicado de personalidades que han protestado por el rechazo de la donación por parte del Presidente (véase el último artículo de Mario Vargas Llosa en El País). Diversos agentes del Gobierno y autoridades eclesiásticas (el Primer Ministro, el Ministro de Defensa, un congresista de lamentable recordación y el Cardenal), esgrimieron argumentos para desviar la construcción del museo en sí, siendo el principal discurso el de destinar el dinero a los pagos de las reparaciones civiles a las víctimas. A estas alturas no debería sorprender la posición del Gobierno, que se incomoda y reacciona de manera más que desmesurada cuando el tema del conflicto armado interno sale a relucir.

Todo esto ocurre precisamente cuando estamos a pocas semanas de la contra-la-memoria-contra-el-olvido-cvr-audienciaslectura de la sentencia a Fujimori, el único mandatario acusado de crímenes de lesa humanidad por su responsabilidad en las ejecuciones extrajudiciales y la guerra sucia librada durante su gobierno. Asimismo, la noticia del premio (con su dosis de paranoia entre algunos que no vieron la película y se lanzaron a opinar en contra de la misma) en el Berlindale a Claudia Llosa por su película La Teta Asustada ha contribuido a remover el tema desde el género, al igual que la publicación de la última novela de Miguel Gutiérrez, Confesiones de Tamara Fiol, en la que el novelista trata de centrarse no en las víctimas sino en la biografía de quienes iniciaron la espiral de violencia desde el interior del país. De esto se puede anticipar una conclusión: el tema del conflicto armado interno ha llegado para quedarse y ha logrado trascender al Informe Final de la CVR y el mundo académico y político. Desde hace mucho que el arte y la cultura han asumido como suyos los temas relacionados con la guerra que nos destrozó por dentro como país, de modo que, al menos por ese lado, su presencia está asegurada, como una forma de asimilar y entender lo que ocurrió durante esas dos décadas de infamia.

Espero que el lector disculpe este largo rodeo, pero era necesario contextualizar (de manera muy apretada, es cierto), el recorrido del debate que envuelve a los peruanos durante estas semanas y sobre el cual los historiadores, como personas entrenadas en analizar y explicar el pasado para que este pueda ser útil a la sociedad, podemos y tenemos que manifestar nuestra postura. Se ha producido un debate alrededor del tema, lo cual ha descubierto que las opiniones a favor o en contra del Museo se han trasladado al interior del gremio. Al mismo tiempo, los blogs de historiadores han rebotado la noticia con notables aportes que ayudarán a formarnos un juicio más apropiado, entre ellos El reportero de la Historia, La bitácora de Hobsbawm y Ahora en la historia. Algunos aspectos a destacar sobre esta reciente polémica es que ahora los historiadores tienen en los blogs un espacio privilegiado que les permite expresarse sin las limitaciones de la palabra impresa, que podían abarcar desde la ausencia de publicaciones de corte contemporáneo hasta la demora en su publicación. En segundo lugar, los historiadores hemos logrado sintonizar con temas contemporáneos que venían siendo abordados por otras disciplinas, como la ciencia política (véase los posts de El Jorobado de Notre Dame y Martin Tanaka, entre otros), la crítica literaria (Puente Aéreo) y la filosofía (el blog de Gonzalo Gamio es referencia obligada para esta perspectiva). En tercer lugar, el debate sobre el Museo de la Memoria ha permitido que comencemos a establecer paralelos con lo que está ocurriendo en otras partes del mundo, como la polémica acerca del negacionismo del Holocausto por parte del sacerdote Richard Williamson y la demora de la Santa Sede en condenar esta actitud de un miembro de la Iglesia Católica.

contra-la-memoria-contra-el-olvido-plaza-de-la-memoria-pucpA diferencia de otros espacios similares, la construcción de un Museo de la Memoria envuelve problemas específicos. No se trata del primer monumento de este tipo en el mundo ni en nuestro país, y a pesar que no contamos con un mapeo de cuáles espacios a nivel nacional son considerados “espacios de la memoria” relacionados con el conflicto armado interno, la erección de estos ha conllevado agrias disputas y polémicas, como ocurrió con El Ojo que Llora y la Plaza de la Memoria al interior de la PUCP. De un lado, estaban quienes apoyaron su construcción como un homenaje permanente a quienes habían caído bajo la irracionalidad de la violencia, provinieran del bando que provinieran. Del otro, quienes no respetaron estos espacios y procedieron a atacarlos física y discursivamente (algunos con pintura naranja en El Ojo que Llora, otros llamando a la Plaza de la Memoria de la PUCP la Plaza Capuccino).

Si he entendido bien, los puntos alrededor de los cuales gira la discusión de un posible Museo de la Memoria son los siguientes: primero, ¿qué debería contener el Museo?; segundo, ¿quiénes decidirían el contenido de las salas y las exhibiciones?; finalmente, ¿le interesa a la población un Museo de la Memoria o es algo impuesto por un país extranjero? Hay quienes se han adelantado a señalar que son los sectores cercanos a la defensa de los DDHH quienes monopolizarían el contenido del Museo dejando de lado a los militares, mientras una reciente encuesta de la Universidad de Lima ha indicado el gran interés de la población por el mismo, incluso más que un TLC con Chile, lo cual desbarata el argumento de quienes señalan que la gente prefiere vivir en el olvido. No es que no se haya avanzando en la ejecución de las recomendación del Informe Final de la CVR y en la investigación y recordación del periodo 1980-2000. El Informe Final ha sido puesto on line, se ha reeditado el Hatun Willakuy con notable éxito editorial, contamos con un Centro de Información para la Memoria Colectiva y los DDHH sobre el periodo, la muestra Yuyanapaq ha dejado de ser temporal para convertirse en permanente, hay monumentos a las víctimas (algunas, como El Ojo que Llora, de acceso restringido) y periódicamente se celebran ceremonias de recuerdo a los que fallecieron en esos años infames. Más allá de eso, quedan algunas preguntas flotando: ¿es factible la construcción de un Museo de la Memoria en el Perú? ¿cómo contribuiría su construcción al tan ansiado proceso de Reconciliación? Para intentar responder estas preguntas hemos consultado a cinco historiadores que se han especializado en la violencia política y la memoria, y que van a tratar de brindar una aproximación al tema y plantearnos nuevas preguntas.

contra-la-memoria-contra-el-olvido-tasha-fensteinTamara Feinstein (Universidad de Wisconsin, EEUU). Como historiadora, estoy completamente de acuerdo a favor de un Museo de la Memoria en el Perú, y no solo por el provecho que ello representaría para nuestro trabajo académico. Algunas de las explicaciones presentadas para rechazar la donación alemana me parecen un poco absurdas, como aquella que sugirió cambiar el donativo para otros fines y destinarlo para combatir la pobreza. Así no funciona la ayuda internacional, y eso lo saben los políticos. Otros argumentos en contra son más complejos y problemáticos, como la falta de consenso sobre el período de violencia. Al igual que en muchos otros países de América Latina, la memoria sobre la violencia contemporánea en el Perú está muy fragmentada y es conflictiva, y representa distintas visiones políticas y experiencias en relación con la violencia. Bastaría con haber asistido a la marcha “Fujimori Culpable” en la Plaza Dos de Mayo que se llevó a cabo el jueves pasado y escuchar las amenaza de los fujimoristas contra los vocales, para presenciar la intensidad de dos distintas memorias del período: una que presenta a Fujimori como criminal infame, y otra con Fujimori como salvador de la nación. Por ello, pienso que un museo sería provechoso para abrir un espacio institucional en donde se pueda desarrollar una discusión a nivel nacional.

contra-la-memoria-contra-el-olvido-luis-salcedo-fotoLuis Salcedo Okuma (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina) La palabra “museo” genera expectativas y suspicacias. Erigir un museo es hacer física una forma de recordar. La pregunta que surge es “¿cuál(es) memoria(s) dictaminará(n) la línea del museo?”. En los últimos años en la Argentina hemos visto la construcción de numerosos museos de la memoria, en la ESMA, y acá en Córdoba: en antiguos centros de detención como el mismísimo Cabildo o actuales colegios secundarios. La memoria oficial en Argentina se entiende no como una búsqueda de reconciliación sino todo lo contrario: “Ni olvido, ni perdón” es lo que se arenga. Lógico, la brutalidad de la última dictadura militar hace que las víctimas y sus allegados así lo comprendan, y de ellos son ahora las voces dominantes de la forma de recordar que impera en el país. Sin embargo detrás de esa justa reivindicación de memoria se esconde un uso político innegable. Los museos, espacios donde la memoria se hace visible, muy visible, son esencialmente políticos. Es pues, lo más correcto que sean plurales y democráticos, aunque a veces las posiciones de memoria sean irreconciliables.

contra-la-memoria-contra-el-olvido-emilio-foto1Emilio Candela (Pontificia Universidad Católica del Perú). Creo que sí es factible y positiva la construcción de este Museo. En principio, porque los museos son espacios en los que se preservan y difunden objetos que representan la actividad humana, en sus diversos aspectos. Un Museo de la Memoria nos mostraría elementos para comprender por qué nuestro país vivió una etapa signada por la violencia, y cómo los peruanos pudimos enfrentar esa amenaza y derrotarla con el esfuerzo de todos. Creo, pues, que una de las notas más resaltantes de esta hipotético espacio debería ser el resaltar que se venció a ese enemigo; es decir, dejar de lado una visión totalmente negativa del asunto, y mostrar aquellos factores que permitieron acabar con el terrorismo. Mi posición es clara: este Museo debería ser un espacio en el que se muestre una visión del conflicto sin sesgos ideológicos, para lo cual creo que debería invitarse al Ejército a que participe, y de esa manera sienta que la sociedad no los condena sino que reconoce su esfuerzo. La principal función de este espacio sería  preservar el recuerdo de aquella difícil etapa de nuestra historia, pero sin dejar que una posición ideológica (como la que se dejó notar en el Informe Final de la CVR) sea la que prime en la constitución del mismo e influya de manera determinante. Finalmente, tal vez este Museo no debería ser edificado en Lima, sino en Ayacucho, que fue la región más afectada por la violencia.

contra-la-memoria-contra-el-olvido-javier-fotoJavier Puente Valdivia (Georgetown University, EEUU) Lo que sucedió en el país entre 1980 y 2000, debe no únicamente ser recordado, sino también discutido, y expiado. Su olvido, o la aplicación de la costumbre de barrer por encima y esconder lo que quede debajo de la alfombra, condenara a nuestra Nación a un trauma inexpurgable. También se han esgrimido voces que indican que el Museo seria “tan sectario” como la redacción del Informe Final de la CVR. Mas allá de que sean las mismas voces que anatematizan sin argumentar, y me atrevo a decir que critican sin leer, un Museo es por definición algo absolutamente distinto a un proceso de Comisión de la Verdad. Un Museo es una entidad cuasi-viva, que va formándose en base a una iniciativa publica o privada, pero que va mutando a lo largo del tiempo, adquiriendo una polisemia que radica tanto en el contenido del Museo –sea que contenga piezas arqueológicas, artes plásticas, o piezas museográficas no convencionales– como en las lecturas que sus concurrentes elaboran sobre dicho contenido. El negarnos un Museo es negarnos un derecho fundamental a recordar. Es negarnos la posibilidad de tener un espacio que permita acumular las piezas de un gran rompecabezas que consume la psique colectiva de un pueblo. Es negarnos, finalmente, el poder aseverar con justicia que el Perú es una Nación.

contra-la-memoria-contra-el-olvido-jorge-valdez-fotoJorge Valdez (Pontificia Universidad Católica del Perú). La factibilidad de la edificación de un Museo de la Memoria, en principio y en teoría, debería ser una pregunta retórica en cualquier sociedad que intenta ser democrática y plural. Sin embargo, existen una serie de dificultades para la construcción de un Museo de la Memoria en el Perú. Aún vivimos en una sociedad post-conflicto y existen heridas abiertas y víctimas que han decidido –en un derecho que debe ser respetado – guardar silencio. El problema no es que el museo sea deseado por la mayoría de la población en una encuesta o en la opinión pública, pues el argumento contrario sería válido también, lo importante –a mi parecer– es que se entienda que existen “memorias” en plural que no van a coincidir entre sí incluso sobre el mismo hecho histórico, y también existen “amnesias” sobre qué y sobre todo para qué recordar. Exponer –recordar– un momento doloroso, como muchos de los horrendos crímenes cometidos durante el Conflicto Armado Interno peruano, no sirve de nada si no hay un reconocimiento del resto de la colectividad y un pedido de perdón por nuestra responsabilidad social, además de las responsabilidades penales que deben ser esclarecidas y sancionadas. Leer comentario completo, aquí.




  • Jezabel Peña

    Profesor José Ragas:

    El articulo “Contra el olvido: ¿Por qué un Museo de la Memoria en el Perú?”, nos lleva a la época en la que nuestro país sufrió mucho por el terrorismo y nos lleva a la discución de que si es bueno un espacio para recordar esto o no.
    Lamentablemente mucho gente se cierra a esta idea, porque se ve como falta de respeto a la víctimas, piensan que recordar es volver a sufrir, o simplemente muchos quieren que el tema se de por olvidado porque no quieren que la verdad salga a la luz.
    Personalmente creo que es necesario recordar lo vivido para aprender de lo pasado y evitar que esto vuelva a suceder, más aún si esto dejo gran huella en todos lo peruanos. Por ello el museo de la memoria es de gran ayuda para que la gente se informe de lo que realmente paso, de hechos terribles y la violacion de los derecho humanos, que se vivío en la época del terrorismo.

  • Sandra Baldarrago Bianchi

    Profesor José Ragas:

    Es muy interesante el tema que se esta planteando en este articulo a muchos nos ha llevado a pensar y refleccionar sobre cosas que sucedieron hace mucho pero que aun se encuentran en nuestra memoria.

    Personalmente creo que este tema va a seguir siendo tema de debate pero mi opinon sobre todo este dilema seria a favor del museo de la memoria ya que eso no ayudaria a mantener siempre en nuestra mente todo lo que nos ocurrio en nuestro pasado y que no debemos olvidar puesto que todo pais es lo que es en el presente por haber aprendido de los errores de su pasado.

    Saludos,
    Sandra

  • Miguel Angel Alor

    Profesor José Ragas:

    Él presente artículo nos hace ver de lo cuán desmemoriados estamos, pues personas que supuestamente tienen respeto por su pasado y su historia no tomarían medidas tan inmaduras en monumentos como lo es el Ojo que Llora; también demostrar mi posición a favor de la edificación de un museo de la memoria no sólo en Lima, sino también en Ayacucho que fue la zona más afectada por todos estos atentados contra los DD.HH. Y así aprender a valorar nuestro pasado porque “Un país que olvida su historia está obligado a repetirla”.

    Saludos,
    Miguel

  • Paco Pasapera Cáceres

    Profe J. RAgas:

    EL pasado es subjetivo, los peruanos no podemos vivir en el pasado, pero existe la necesidad de un museo porque tampoco podemos olvidarlo. Creo que todos quisiéramos saber quienes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, que cosas hicimos bien y qué fue lo que hicimos mal, para no volver a repetirlo. Estoy a favor de la construcción de un Museo de la Memoria, porque estoy a favor de que se reconozca y recordemos a aquellos peruanos que fueron victima de la violencia en una de las épocas más crueles de nuestra historia. No podemos dejar atrás hechos ni personas que marcaron nuestra historia y un museo en memoria de ellos nos ayudaría a honrarlos y tenerlos presente por el resto de nuestros dias.

  • Yony

    Prof. Ragas, estos sitios web, hoy en día constituyen algo maravilloso para poder dar a conocer nuestra opinión sin ninguna restricción alguna (salvo que se le ocurra al APRA sacar una ley prohibiéndonos opinar en estos sitios en contra suyo, como lo que ría hacer en el gobierno de Bustamante y Rivero con la prensa)La opinión vertida por todos los que me anteceden es valiosa, los historiadores también tienen su punto de vista, y unánimente esta mos de acuerdo con la construcción de un Museo de la Memoria. Sin embargo, al márgen de emitir opinión (que es muy importante)¿qué cosa más podemos hacer? ¿cómo nos podemos hacer escuchar nuestra opinión ante el gobierno? ¿de qué manera podemos contribuir a la realización del proyecto del museo? Que yo recuerde, no he escuchado un pronunciamiento de la Academia Nacional de la Historia, del Instituto Riva Aguero, de la escuela de Historia de UNMSM, por citar los máximos entes en cuanto a Historia se refiere en nuestro país, es más en mi alma mater (UNSA) no se ha elaborado una opinión, ni en el AHIRSA; sí como entes institucionales no emitimos opinión, ¿qué tanto pueden servir nuestras opiniones personales en la construcción del Museo? Sería bueno que se emprenda una campaña (creo que usted es el adecuado a dirigirla)a nivel nacional para poder entregar un memorial a nuestras autoridades políticas sobre la necesidad de construir el Museo, en haras de la vedadera reconcialización nacional (algo otópico si existen personajes como Florez Araoz, García Belaunde, Cipriani, etc, pero puede conseguirse)acompañada por las firmas de todos los historiadores del Perú, de ser así prof. Ragas, cuente conmigo en Arequipa para emprender tal labor, y al menos tendremos la conciencia tranquila, por habernos acercado ante el presidente, haciéndole conocer la opinión de los profesionales en cuanto a memoria colectiva se refiere; creo que nosotros los especialistas (al lado de nuestros colegas de antropología, sociología) debemos ser escuchados por el gobierno.
    Tuve la oportunidad de conocerlo en un Coloquio de la PUCP, y sus ganas de estudio e investigación, y ahora como formador de opinión, espero que no claudiquen.
    Un abrazo

  • Jose

    Prof. Ragas:
    Me parace una muy bune idea que se construya un museo para que no se olvide lo ocurrido en la decada de los 80, ya que muchos de los perunaos sufrimos de amnseia(sino miren quien es el presidente)
    A mi parecer no se llegará a construir este museo, ya que no sólo los terroristas fueron los que mataron mucha gente inocente, sino que los militares tambien lo hicieron, un ejemplo claro de ésto es el exterminio de la ciudad de Huamanga. El gobierno no aceptará que esto se publique, por ende creo que no se construirá.

  • Elizabeth Aylas

    Profesor Ragas:
    A mi parecer los terribles años que le tocó vivir al Perú deben ser asumidos con una actitud reflexiva y conciente de que esos momentos no se deben volver a repetir en nuestra historia, y sobre todo, que aquellos errores cometidos en el pasado nos sirvan como lección de vida a cada uno de nosotros.
    El crear un museo debe enrealidad cumplir su función primigenia que es de ser un lugar destinado a la conservación de objetos artísticos, técnicos o científicos; y en este caso de ser un museo de la memoria me parece positiva la iniciativa ya que nos servirá a recordar en cualquier momento esos lamentables incidentes y sobre todo permitirá a las futuras generaciones conocer un poco más sobre el otro lado de nuestra historia y así no se iría perdiendo con el tiempo las experiencias que algunos peruanos tuvieron que vivir.
    La realización y el entorno de esta lugar, siempre será motivo de discución y de enfrentamiento entre diversas posturas que con el paso de los años aprenderán a lidiar con sus diferencias.

  • Luciana

    Prof. José Ragas el blog esta bien interesante ; yo creo que este museo se va realizar pero antes va tener muchos obstáculos ya que existen intereses de toda clase para que este tema quede borrado completamente y en especial que se oculte la verdad.
    Esta idea es muy buena que como ciudadanops deberíamos apoyar y no trara de buscar defectos a todo lo que se nos propone.

  • Joseline Lavaud Chiarella (Nubecita)

    José, debo felicitar tu entusiasmo sobre el tema propuesto, el artículo presenta claramente las sendas razones por las cuales se debería crear un museo de la memoria; además, creo yo, tu interés por temas polémicos y muy interesantes como éste, ha generado un éxito a tu favor (por así decirlo) en cuanto a las opiniones y respuestas de la mayoría de los participantes, ya que están de acuerdo contigo (descartando un posible mimetismo).

    Si bien es cierto,la creación de un museo de este tipo traerá consigo muchos obstáculos (cosa que se puede arreglar con un acuerdo y una mejor organización); no obstante, sería la mejor manera de comunicar a las familias afectadas que estamos presentes y que no nos hemos olvidado de su sufrimiento. Del mismo modo, creo que aquellos que pelearon por la nación deberían ser reconocidos por la misma.

    La manera que tiene el Gobierno de interceptar la realización del museo me parece absurda, simplemente se quieren desentender del tema desde cierto punto de vista; me parece abstruso también el hecho de haber rechazado la ayuda del gobierno alemán para la “puesta en marcha” de este proyecto.

    Definitivamente estoy de acuerdo con la realización del Museo de la Memoria en el Perú, ya que incluso se puede aprovechar en un futuro y desde ya para el aprendizaje, contribuyendo de la misma manera con la identidad nacional en los jóvenes de hoy en día.

    Por otro lado, en respuesta al comentario de Cecilia Méndez; es bueno saber que se puede recoger nuevos datos a partir de las intervenciones, y muchas gracias Cecilia por la información; sin embargo quisiera dar a conocer la incomodidad que tuve al leer tu opinión:
    1. En ningún momento Emilio Candela dice que no existe un museo de la memoria, efectivamente él no lo conocía, sin embargo, es erróneo afirmar lo antes mencionado; e incluso José Ragas hace mención de un “mapeo de los lugares de la memoria” dando lugar a una posible existencia de éstos en algún otro espacio.
    2. No estoy de acuerdo con la réplica que diriges acerca del criterio que se tuvo al elegir a los comentaristas; ya que pones en duda su profesionalismo, además Tamara Feinstein aclaró que conocía de aquel lugar en Huamanga.
    3. La frase que utilizaste: “Mientras los limeños sigan pensando que el Peru es Lima, nunca vamos a salir de esto.” Creo que Candela es un buen ejemplo para disuadir ese yerro tuyo, al dar como mejor opción a Ayacucho como ubicación de dicho museo.

    Lamentablemente si muchos limeños no conocemos el museo de Huamanga (como de seguro que en muchas provincias aún no se conoce) es porque lo medios de comunicación no lo difunden de tal manera que todos nos podamos enterar a tiempo de su existencia;y bueno, nuevamente te agradesco Cecilia la información que nos brindas acerca del tema.

    Y, José, gracias a ti también por darnos un espacio a tus alumnos para entrar en debate.

    Saludos,
    Nube

  • jragas

    Estimados alumnos y amigos: me alegra que el tema (y de paso el post en particular) sobre el Museo de la Memoria haya sido de su interés. La idea era precisamente esa, ofrecer un espacio donde confluyan diversos puntos de vista sobre un tema que es relevante para todos los peruanos y que no puede ser llevado a cabo sin un mínimo diálogo.

    He leído detenidamente todos los comentarios, los cuales me parecen estupendos y contradicen a quienes señalan que en general la población es indiferente a este tipo de propuestas. Esperamos que el proyecto del Museo de la Memoria llegue a buen puerto y que el Museo sea efectivamente un lugar de encuentro de todos y no un pretexto para sacar provecho político.

    Paso a responder algunos comentarios puntuales:

  • jragas

    Estimadas Joseline, Milagros y Carmen. El tema de la ubicación del Museo es bastante controversial, sin duda. Uno de los comentaristas del post había puesto hincapié en que podrían construirse no uno sino varios museos, pues el conflicto tuvo alcance nacional y, a diferencia de otros monumentos, que conmemoran batallas específicas (Monumento al Dos de Mayo, a Bolognesi, a Grau), en este caso es distinto. Ahora bien, por un lado, en efecto, Ayacucho fue una de las zonas más golpeadas y donde se inició el conflicto, pero eso no hace que otros lugares no sean recordados, como Huancavelica, Apurímac y la capital. Aunque el centralismo pesa no solo como problema geográfico sino como sentimiento de culpa, no podemos olvidar los atentados que se sufrieron en Lima durante esos años.
    Retomo lo que decía Joseline sobre la necesidad de difundir más y mejor las noticias sobre los espacios que sirven como recordatorio de la violencia de estos años. Con un grupo de colegas estamos tratando de mapear estos lugares, de modo que podamos hacerlos más conocidos y así entender mejor el periodo post-guerra.

  • jragas

    Estimado Yoni, coincido contigo en que los historiadores tenemos que pronunciarnos al respecto. Por lo pronto, estamos tratando de impulsar algunas cosas desde la Universidad pero necesitamos crear una red de historiadores a nivel regional para que estos esfuerzos sean efectivos. Así que si sería un primer paso si puedes conseguir los correos de tus colegas de Arequipa, profesores y estudiantes para ir creando esta red y estar todos conectados. Un abrazo y felicitaciones por lo que vienes haciendo con tu blog para difundir la historia regional. José

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  • Alberto Castro

    Estimado José:

    Antes que nada felicitarte por tu Blog, el cual me recomendaron hace poco, y he devorado en lo posible muchos de los temas, alguno de ellos muy interesantes.

    Sin embargo, en este, el cual me he detenido, y he decidido participar, es un tema que en lo particular,toca las profundas fibras de mi ser, no solo por lo mucho que he investigado y escrito, sino también porque antes de considerarme historiador, visto un uniforme como lo hicieron mi abuelo y mi padre.

    Quisiera creer que la creación de Un Museo de la memoria, tendria una clara orientacion como la que menciona el Catedratico Candelo,pero sinceramente lo dudo mucho.Un museo, no puede ser un lugar para “desarrollar discusiones” como alguien dijo por ahí. Pienso que inevitablemente va a tener una clara connotación política, como la que ha habido los ultimos 10 años con respecto a la lucha contraterrorista, tanto por parte de politicos como de muchos MMCC.Y es que increiblemente, las FFAA han pasado de ser las defensoras de la democracia y victoriosas contra DDTT, a ser “Genocidas” y “Delincuentes, violadores de DDHH”.

    Este es un tema complicadisimo, y estoy tan de acuerdo con aquel que dice que no debemos ocultar nada, porque es mucho peor. En paises como Argentina, Uruguay y Chile, se han vivido y se viven situaciones muy similares,que ocurrieron en contextos diferentes(hablo de los poderes ejecutivo y legislativo).La gran pregunta es, que se hacen en todos los paises democraticos del mundo es: ¿Hasta donde se puede llegar en defensa de la Democracia y libertad ideologica de un pais? ¿Cuando se cruza esa linea y se vuelve terrorismo de estado y violacion a los DDHH?

    Entendamos una cosa, la victoria sobre SL y el MRTA, no fue de FUJIMORI y sus consortes, fue una victoria de TODOS LOS PERUANOS. Una victoria que costo como dijo CHURCHILL: “Sangre, sudor y Lagrimas”.

    Jamás estaría de acuerdo con una Comisión como la que se formo en el gobierno del Presidente Toledo, pues su conformación fue liderada, por gente QUE NO VIVIÓ EN EL PAÍS LOS PEORES AÑOS DE LA LUCHA, y por gente de clara concepción y formación ideológica Comunista (HT).

    Jamas podría hablar de un “conflicto Armado Interno”, porque no hubo dos fuerzas de lucha que se vieran frente a frente. Fue el intento de imposicion ideologica mediante el genocidio de un grupo Terrorista contra las FFAA, representantes de Estado y de la Nacion libre.

    Yo crecí en la Lima mas turbulenta de los 80. Mi abuelo y mi padre ,como oficiales del EP lucharon, en los lugares más alejados del País, y ya de grande, he conocido muchísimas viudas y huérfanos de valerosos hombres que se enfrentaron al “enemigo oculto”, y a los que JAMÁS, ninguna asociación defensora de DDHH se les acercó a preguntar por ellos.

    Bien dice el Profesor Salcedo, hay posiciones irreconciliables, y como Jorge Valdez, aun es muy reciente y tenemos heridas abiertas y heridas muy profundas. Como oficial e historiador, no comparto tampoco de ninguna manera, haya “borrón y cuenta nueva”, porque los abusos se deben castigar. Pero entendamos antes, y centrémonos en esta posición: Recordemos Quién lucho por qué y por quién.

    Creo que una vez que entendamos eso, podemos nuevamente mirar un horizonte próximo como verdadera Nación Democrática y libre.

    ALBERTO CASTRO VILLA
    CAP EP e HISTORIADOR MILITAR

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