Category : Historia Digital

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Redes sociales tempranas: los cafés como espacios de sociabilidad e innovación científica y empresarial

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El crecimiento exponencial de las redes sociales (Facebook y Twitter, entre otros), así como los diversos ámbitos en los que estos se han visto involucrados en años recientes -desde espacios globales de socialización hasta supuestos promotores de revueltas populares- ha llevado a buscar antecedentes a estas redes en el pasado. En algunos casos, esta pesquisa ha llevado a sugerir que la invención de la imprenta en el siglo XVI generó un primitivo sistema de circulación de impresos e ideas que lo asemejaría a sus pares actuales. En otros casos se han incorporado a las tertulias que se desarrollaron en el tardío siglo XIX en España como ejemplos alternativos de nuestras redes sociales.

Los cafés parecen cumplir con varios requisitos para establecer una suerte de lejano parentesco con nuestras contemporáneas redes sociales. Estos fueron objeto de investigación y escrutinio en los años 1980s en adelante, debido a la formulación de la teoría habermasiana del espacio público así como a la influencia francesa sobre los espacios de sociabilidad. El surgimiento de varios de ellos en el tardío siglo XVIII en la América colonial los llevó a una asociación con la Ilustración que se desarrollaba por esos mismos años. Los trabajos al respecto nos descubrieron espacios de agitación y que albergaban un sinfín de actividades alrededor del consumo de la bebida.

En el presente artículo, escrito por Tom Standage, se hace una comparación entre los cafés ingleses del siglo XVII con las modernas redes sociales en torno a la preocupación por si estos son espacios “productivos” o de “ocio”, lo cual permite al autor revelarnos poco conocidos aspectos de los cafés como espacios de circulación y producción de ideas.

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La Historia Digital, los Archivos y las nuevas formas de investigar

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Desde los tiempos en que uno se limitaba a solicitar fotocopias en el archivo hasta el día de hoy, donde podemos tomar fotos con un cámaras fotográficas o con nuestros iphones o ipods, la forma de obtener reproducciones de documentos para nuestras investigaciones ha cambiado considerablemente. No se trata solo de la incorporación de nuevas formas de tecnología sino de toda una serie de transformaciones entre el archivo, el documento y los investigadores.  Los investigadores hemos sido quizás los más beneficiados con los nuevos gadgets o aparatos tecnológicos, que nos permiten ahorrar tiempo y dinero, y a la vez nos permiten tener copias más fidedignas de documentos que antes debíamos tan solo copiar a mano por horas.

Pero a menudo olvidamos que los investigadores somos tan solo una parte del circuito de preservación y difusión de documentos. ¿Qué consecuencias ha traído la masiva irrupciones de personas armadas con escaners y cámaras fotográficas a los archivos y bibliotecas? ¿Cómo se han adaptado las instituciones que custodian estos documentos y el personal que está a cargo de los mismos? En un post anterior señalé que la posibilidad de reproducir fácilmente los documentos podía desincentivar el robo de los mismos, ya que no serían documentos únicos. Pero el problema es más complejo, por supuesto, y merece cuando menos que investigadores y los encargados de resguardar el material se sienten a dialogar o debatir en foros públicos para señalar de qué manera el proceso de digitalización que vienen realizando archivos y bibliotecas así como el de los investigadores pueden encontrar terrenos en común.

El siguiente artículo de John Markoff, aparecido en The New York Times hace unos días, aborda varios puntos de esta agenda, en base a entrevistas y testimonios a diferentes personas, quienes cuentan cómo ha cambiado su forma de investigar en los últimos años.

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La Revolución será Tuiteada, por Marc Lavalle y Alexis Mainland

Dentro del panteón de líderes que han abrazado la comunicación a través de los 140 caracteres, Hugo Chávez, el desaparecido presidente venezolano, se encuentra en la cima. Desde que abriera una cuenta en Twitter tres años atrás, el Presidente Chávez se comunicó con sus contactos con un promedio de 12 mensajes semanales, casi todos ellos desde un BlackBerry. Tuvo más de cuatro millones de seguidores y fue el segundo líder más seguido en Twitter, luego del Presidente Obama, a quien Chávez alguna vez llamó “payaso”. En un tweet, Chávez condenó a Obama y su “gobierno imperialista gringo”.

La grandiosidad y verborrea de Chávez se hacían presentes en exclamaciones con mensajes revolucionarios como “!No existe pobreza en Venezuela! El capitalismo es fábrica de pobreza”. Sus tweets también expresaban su predilección por el fútbol y una cálida, acaso paternalista, conexión con los ciudadanos. El verano pasado premió a su seguidores tres millones, una mujer de 19 años, con un nuevo departamento.

Además de una horripilante tasa de crímenes y una deteriorada economía, el legado de Chávez incluye su posición como el líder mundial socialista del social media, lo que ayudó a rejuvenecer un envejecido movimiento y darle la “inmortalidad de la revolución” que proclamara su ídolo el Che Guevara al enfrentar la muerte.

Al tweetear desde su lecho de enfermo en Cuba el mes pasado, Chávez se dirigió a sus seguidores en lo que se ha convertido el mensaje más retweeteado de todos los tiempos: “Hasta la victoria siempre!! Viviremos y venceremos!!”

A continuación, información sobre el uso del Twitter por parte de Chávez.

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Historia, Archivos e Internet, por Jean-Claude Robert

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Por qué Silicon Valley necesita historiadores y humanistas

Renuncia a tu trabajo en el campo de la tecnología y consigue un doctorado en Humanidades. Esa es la forma de avanzar en el mundo de la tecnología. Eso, al menos, es lo que el filósofo Damon Horowitz compartió con los asistentes a la Conferencia BiblioTech de la Universidad de Stanford en 2011. Horowitz es también un emprendedor y co-fundador de una compañía, Aardvark, que fue vendida a Google por 50 millones de dólares. Actualmente es el In House Philosopher y Director of Engineering de Google. Esperen, dirá usted, esto no tiene sentido. En un momento en el que un número record de personas, entre ellas quienes tienen una especialización, están recibiendo ayuda del Estado, ¿qué clase de tonto buscaría un doctorado en un campo con un futuro poco claro más allá de la educación superior y la enseñanza?

En Silicon Valley, los ingenieros y estudiantes con honores así como todos los demás están tomando clases de matemáticas. Los inversionistas suelen expresar su fastidio por los directivos que no son ingenieros. Los padres en Silicon Valley envían a sus hijos a la escuela esperando que se gradúen en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas. La teoría es esta: si te gradúas en una de esas áreas, obtendrás un mejor salario y una mejor posición laboral.

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