Entre Malthus y la cautela: Ya somos 7 billones
Danica Camacho o Nargis: si no escuchó hablar de ellas antes, ya lo hará en los siguientes meses y años. Es el presunto nombre de la habitante 7 billones de este planeta, a solo hace 12 años de haberse anunciado el/la habitante 6 billones. (Braudel se asombraría menos de la cantidad de seres vivos actuales como de aquellos que estarían reunidos en un eventual Juicio Final, como ya lo dio a entrever en La Identidad de Francia).
Quizás este no sea el mejor momento para festejarlo: recesión económica, protestas y una serie de desastres naturales obligan a poner debajo de la alfombra cualquier instinto de celebración, especialmente para los encargados de diseñar las políticas y la economía. Hasta hace algunos años atrás es posible que esta noticia hubiese provocado un desborde de entusiasmo, similar al de los países cuando celebran la llegada de su ciudadano/a número “x” millones mientras los políticos y las celebridades se agolpan para tomarse fotos en el hospital y prometerle desde pañales hasta educación gratuita.
Eso no ocurre más. Una rápida revisión de los medios permite descubrir si no un pesimismo apocalíptico si al menos cautela o mesura. El “progreso” ha dejado de medirse en torno a la cantidad de población de un territorio y cada vez son más los estados que buscan regular e intervenir en las habitaciones de sus ciudadanos y controlar la procreación. Algunos los hacen de manera original y no intrusiva, con bonos o incentivos, tratando de mantener un equilibrio no solo en el presente sino como proyecto nacional de las próximas décadas. Otros gobiernos no dudan en revivir políticas de eugenesia, como ha ocurrido en el Perú con las esterilizaciones forzadas. La inmigración es otro factor que los gobiernos están tomando en cuenta, especialmente en Europa. Mientras, Estados Unidos está aún procesando las cifras de su último censo con todos los cambios demográficos y sociales que ello ha traído.





