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Katyn, Rusia y Polonia: una doble tragedia

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El accidente aéreo que provocó la muerte del presidente polaco Lech Kaczynski así como de un centenar de personas, todas ellas vinculadas al Gobierno de ese país, no pudo haber ocurrido en un lugar ni un momento más delicado: el área cercana al bosque de Katyn cuando retornaban de un homenaje a lo ocurrido en esa zona setenta años antes. Como se sabe, el nombre de Katyn es motivo de polémica y amargas disputas entre los gobiernos de Rusia y Polonia desde la segunda guerra mundial, debido a la actitud de negación de la otrora URSS y ahora Rusia sobre la ejecución de 20 mil polacos, entre oficiales e intelectuales, por órdenes de Stalin en 1940. Precisamente, el avión que se estrelló tenía como objetivo rememorar el 70 aniversario de la matanza. 
 
La invasión a Polonia, primero por Alemania, y luego por la URSS, en base al pacto firmado entre estas dos potencias, hizo de Polonia uno de los peores escenarios de la guerra. Aunque se suele recordar la participación nazi en Polonia, Stalin se encargó de imponer una dominación violenta que solo anticipaba la suerte de los países ocupados en la Guerra Fría. Como lo recuerda Timothy Garton Ash, solo en 1990 fue que Gorbachov reconoció la participación de la URSS en la matanza. Hasta ese momento, el régimen soviético había sostenido la tesis de que fueron los nazis los responsables de las muertes. Estas muertes, no obstante, solo eran un episodio más en las tensas relaciones entre la URSS y Polonia, sobre todo si uno recuerda que el héroe polaco de mayor admiración es Józef Pilsudski, conocido por su papel en la defensa del país frente al intento de invasión del naciente estado bolchevique.
 

En tanto lugar de memoria, Katyn va a ser recordado desde ahora como un espacio marcado por una doble tragedia, pero también como una posibilidad de rehacer los vínculos entre dos países. Los hechos ocurridos en Katyn han comenzado a abordarse de modo abierto en los últimos años. Una de las mejores muestras de cómo se está tratando de recobrar este pasado es con la película Katyn, que incluyo a continuación. Luego, va la traducción de la columna de la periodista Anne Applebaum, publicada en su columna de The Washington Post el pasado martes. Applebaum es autora de un muy recomendable libro sobre el Gulag, que le mereció el Pulitzer.
   

 

Anne Applebaum. Out of tragedy, a detente of sorts between Russia, Poland
 
El sábado pasado, el Presidente de Polonia, el director del Banco Nacional de Polonia, así como muchas otras autoridades y líderes políticos y militares, algunos de los cuales eran amigos míos y colegas de mi esposo, murieron en un trágico accidente en un bosque cercano a Smolensk, Rusia, no lejos del lugar donde 20 mil oficiales fueron ejecutados de manera secreta por orden de Joseph Stalin setenta años antes. Hasta ahora, nadie sospecha de una conspiración alrededor del accidente.                                           
 
Como no puede ser de otra manera, algunos web sites han lanzado esta hipótesis, y no han faltado políticos que les hagan caso. Pero los gobiernos de Rusia y Polonia, así como sus respectivos medios de comunicación, al igual que la inmensa mayoría de rusos y polacos están convencidos de que los responsables fueron el piloto y la niebla. La discusión sobre estas potenciales causas ha sido sincera y abierta. El Primer Ministro polaco, Donald Tusk, voló inmediatamente al lugar del accidente, acompañado por su contraparte rusa, Vladimir Putin. Investigadores forenses polacos se hallaban en el área del siniestro a las pocas horas. El gobierno ruso está ofreciendo ayuda y proveyendo de las visas a todos los familiares que quieran viajar a Rusia. Hay cámaras de televisión en todas partes. Los oficiales a cargo del aeropuerto ruso han estado conversando con el público, respondiendo preguntas, hablando con periodistas.
 
Para el lector occidental, nada de esto parece ser extraño: este tipo de cosas son esperables luego de un accidente aéreo, especialmente aquellos que implican a autoridades de alto nivel. Pero en esta parte del mundo -y especialmente en esta parte del bosque- la discusión abierta de una tragedia representa un cambio revolucionario. El bosque alrededor de Smolensk está repleto con tumbas anónimas. Estas contienen no solo los cuerpos de oficiales polacos, asesinados en Katyn y otros sitios cercanos, sino posiblemente las víctimas de las purgas de Stalin, así como partisanos y campesinos rebeldes. Nadie lo sabe con certeza. Por décadas, la historia de estas tumbas ha sido negada o manipulada de forma deliberada con propósitos políticos. En ocasiones, los líderes de las potencias occidentales aceptaron estas mentiras: pese a que ellos sabían la verdad, los jueces británicos y norteamericanos permitieron en el juicio de Nuremberg que la URSS falsificara la masacre de Katyn y la hiciera pasar como parte de los crímenes cometidos por Hitler.
 
En esta parte del mundo, la súbita muerte de un político ha lanzado teorías de conspiración. El líder polaco durante la guerra, Gen. Wladyslaw Sikorski, también pereció en un accidente aéreo. Su muerte en Gibraltar, en 1943, privó a Polonia de uno de sus más confiables y competentes líderes en un momento crucial, permitiendo la ocupación del país por las tropas soviéticas. La falta de una apropiada investigación y el subsiguiente curso de eventos dan a entender que, para bien o para mal, un aire de misterio envuelve el incidente incluso ahora.
 
Si solo se tratara de una manzana de la discordia entre entusiastas e historiadores, estos secretos y distorsiones no importarían. Pero son más que eso. Por casi medio siglo, la dificultad al contar la verdad sobre Katyn ha creado una profunda desconfianza entre Polonia y Rusia, la cual ha afectado los vínculos políticos, económicos y culturales entre los países vecinos hasta el día de hoy. A su vez, las permanentes distorsiones de la historia rusa han ayudado a crear un clima de apatía pública y cinismo en Rusia. La falta de franqueza por parte de las autoridades en el pasado y el presente explica, por ejemplo, por qué muchos rusos dudan de que su gobierno les haya contado la verdad sobre los ataques terroristas que alteran la paz de manera periódica. Además, oficiales rusos están mostrando más transparencia in esta tragedia que la que han mostrado luego de alguna que haya afectado directamente a Rusia.
 
Aun no existe una ley que diga que el pasado deba estrangular el presente: los países pueden cambiar, las culturas políticas pueden volverse más abiertas, los políticos pueden aprender a no encubrir hechos complicados en el misterio y el engaño. En los últimos veinte años, tanto Rusia como Polonia han comenzado a adquirir el arte de hablar con el público, incluso si bien no es lo que ellos preferirían. Este es un cambio real, y hemos visto el tipo de impacto que puede tener.      
 
Pese a que no hay mucho de qué regocijarse esta semana, al menos puedo decir que estoy agradecida de que las familias de los dedicados miembros de la administración civil que murieron en el accidente no hayan tenido que esperar a conocer qué fue lo que ocurrió. Este terrible desastre, en aquel extraño y sangriento bosque, contiene misteriosos ecos del pasado. Pero no está destinado a convertirse en otro tema invisible en esta oscura región de la historia.

 

Links útiles
 
Adam Chmielewski and Denis Dutton. Poland’s tragedy: sorrow, and anger, aquí 
 
Timothy Garton Ash. A glimmer in Poland’s darkness, aquí 
 
Ivan Krastev. The Historical Colors of Tragedy, aquí

Álbum fotográfico del homenaje a las víctimas del accidente, aquí
 
La imagen de la cabecera procede de aquí. La de Anne Applebaum de aquí.

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José Ragas
Soy Ph.D. en Historia por la Universidad de California, Davis y Mellon Postdoctoral Fellow en el Departament of Science & Technology Studies en Cornell University. Mi investigación se centra en la formación de sistemas biométricos y tecnologías de identificación. Para conocer más sobre mis investigaciones, pueden visitar mi perfil o visitar mi website personal: joseragas.com.
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