La modernidad que se expandió desde Europa en el siglo XIX lo hizo como un proyecto fundamentalmente disciplinador, el cual fue adoptado por las elites de países de otras partes del mundo con el propósito de organizar la sociedad y aumentar la productividad, en momentos en que el capitalismo emergía como la fuerza a la que había que plegarse.
Algo que conviene señalar es que la modernidad incluyó no solo los aspectos técnicos o materiales que surgieron durante estos años, y que incluyen la economía como las comunicaciones, sino también un cambio en la percepción del mundo así como la relación entre gobernantes y gobernados. El imperialismo se valió de la modernidad para difuminar las ideas de orden y progreso que justificarían su dominio sobre el resto del planeta, aun cuando las elites de estos territorios acogerían el proyecto modernista con agrado.
El caso egipcio permite analizar con detalle el alcance así como las contradicciones de este proyecto. Colonising Egypt, publicado por Timothy Mitchell, se aproxima a este proceso que ocurre entre la invasión napoleónica a Egipto a inicios del siglo XIX y su incorporación al imperio británico a fines del siglo XIX. Durante las seis décadas entre ambos momentos, las élites egipcias decidieron poner en marcha una ambiciosa transformación con el objetivo de modernizar el país, incorporarlo al capitalismo y evitar futuras invasiones.