El Instituto Riva-Agüero acaba de publicar Políticas divinas. Religión diversidad y política en el Perú contemporáneo (434 pp.), una compilación de ensayos que corresponden a las ponencias del Congreso Internacional Religión, Sociedad y República (Lima, agosto de 2006). El libro ha sido editado por Fernando Armas Asín, Carlos Aburto Cotrina, Juan Fonseca Ariza y José Ragas. El texto reúne dieciocho ensayos que estudian diversos aspectos de la historia del Perú en los últimos ciento cincuenta años desde la perspectiva de la religión.
De acuerdo a lo que analizaremos la próxima semana, la Primera Guerra Mundial, o la Gran Guerra, para emplear el vocabulario de la época, fue uno de los acontecimientos más traumáticos para quienes atravesaron el umbral del siglo XX y no avizoraban lo que la Segunda Guerra Mundial traería a un mundo que apenas se recuperaba del conflicto de 1914-1918.
Un aspecto que desconcierta a quienes se aproximan a estudiar la Gran Guerra es que el periodo previo a su estallido el mundo se encontraba en un proceso de crecimiento sin par. Desde 1850 asistimos a un escenario en el cual la globalización se hace efectiva a través de diversos medios, siendo las comunicaciones y el capital financiero trasnacional acaso sus dos síntomas más visibles. ¿Cómo se pasa entonces de esta etapa de crecimiento a la más oscura de las etapas con un conflicto que altera para siempre a la población mundial? Para entenderlo mejor, hay que acercarse a tres factores, los cuales se encuentran íntimamente relacionados entre sí.
The Economistha hecho eco de los debates que por estas semanas se desarrollan en el país acerca de la construcción de un Museo de la Memoria para recordar a las víctimas de la violencia desarrollada entre 1980 y 2000. El artículo se títula “Don’t look back. Arguing about a museum of memory” y establece un adecuado balance y contextualización del debate. Hemos traducido el artículo, el cual estamos seguros será del interés de los lectores.
HISTORIA EN EL PERÚ
NO MIRAR ATRÁS. DEBATES SOBRE UN MUSEO DE LA MEMORIA
Mucho ha cambiado y mejorado en el Perú gracias a los años de rápido crecimiento económico y paz. Una generación antes, el país se encontraba sufriendo una espeluznante hemorragia. Una sangrienta insurgencia guerrillera, desatada por Sendero Luminoso y otra agrupación marxista, se enfrentó a una represión indiscriminada por parte de las Fuerzas Armadas. En 2003, el gobierno democrático estableció una Comisión de la Verdad y Reconciliación, la cual estaba conformada por miembros de la comunidad académica y activistas de los Derechos Humanos. La CVR concluyó que más de 69 mil personas habían muerto como consecuencia de la violencia entre 1980 y 2000. Tres de cada cuatro víctimas vivían en los Andes y eran campesinos.
Hace unas semanas apareció en Madrid un trabajo enciclopédico que marca un hito en el desarrollo de la llamada “historia de los conceptos”. Se trata del Diccionario político y social del siglo XX español, coordinado por los profesores Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes (Madrid: Alianza Editorial, 2008).
El Museo de Artes y Tradiciones PopularesdelIRA, unidad académica de la PUCP, tiene el agrado de invitar a la inauguración de la exposición itinerante: “Ernesto Sánchez Fajado El Jilguero del Huascarán, Cantor del Pueblo”. Dicha muestra se inaugura el próximo miércoles 18 de marzo a las 7:30 p.m. Con esta exposición, se inician las actividades por los 30 años del Museo de Artes y Tradiciones Populares.
La muestra es un homenaje a la destacada trayectoria de este artista tradicional que nació en Bambas, Ancash, en 1928. Sánchez Fajardo inicia su carrera en 1942 y poco a poco va conquistando la capital con sus bellas composiciones, calando hondo en el sentir popular. La voz de El Jilguero del Huascarán, dotada de gran sensibilidad, hizo que se destacara rápidamente para cantarle a miles de paisanos afincados en la capital quienes, los fines de semana, se reunían en aquellos espacios públicos que fueron los afamados “Coliseos”. Eran encuentros para recordar la música y el canto andino, el sentimiento de la tierra, el amor y sus costumbres.
A continuación, va una semblanza de Sánchez Fajardo que escribí el año pasado a propósito de su labor parlamentaria en la Constituyente de 1978. Luego, va el video de “Marujita”, una de sus canciones más conocidas, como parte de un homenaje que le hiciera el programa Presencia Cultural con motivo de su fallecimiento.
“Mejor conocido como El Jilguero del Huascarán, este recordado intérprete de música folclórica nació el 6 de noviembre de 1928. Con solo 6 años de edad incursiona en el ambiente artístico como bailarín de la Compañía Summac Tikka, pero es en 1946 que debuta profesionalmente en uno de los muchos coliseos creados para la presentación de los artistas folclóricos. Sánchez Fajardo comienza a hacerse famoso entre la numerosa población de provincianos residentes en Lima, quienes se identificaron con sus letras. José María Arguedas, un apasionado del folclore, lo bautiza como Jilguero y Luis Pizarro Cerrón, otro estudioso de las manifestaciones artísticas de los Andes, le añade Del Huascarán. La leyenda había comenzado.
Sus participaciones se hicieron más recurrentes en los coliseos, pero su actuación más memorable ocurre en 1947 cuando triunfa en el concurso anual de la Pampa de Amancaes, en el distrito del Rímac, que reunía lo más selecto del folclore andino desde la década de 1920. La grabación de sus temas en discos de larga duración permite difundir su música en una época de oro para los cantantes provincianos, especialmente los provenientes de Áncash: María Alvarado Trujillo (La Pastorita Huaracina), Angélica Harada Vásquez (La Princesita de Yungay) y el Conjunto Musical Andino Atusparia. Su sello fonográfico, IEMPSA, le otorga en 1961 el Disco de Oro por batir récords en ventas de discos. Su incursión en la política y la lucha social no está alejada de su preocupación artística. En 1959 funda el Sindicato de Trabajadores Artistas Folclóricos del Perú (Sitafp), del cual será Secretario general; posteriormente impulsará y presidirá la Federación de Artistas del Perú (Fentaep). Como parlamentario de la Asamblea Constituyente de 1978, insiste en su defensa de los derechos de los artistas y consigue que dos de los artículos de la Constitución de 1979 (34 y 35) se orienten a la protección y difusión de las lenguas nativas, así como del ‘folclore nacional, el arte popular y la artesanía’.
De vuelta a los escenarios, El Jilguero del Huascarán traspasó los circuitos de coliseos y logró un apabullante éxito en recitales como los teatros Segura y Municipal de Lima, siendo esta la última serie de presentaciones que dio en vida. Antes, había llevado su arte a escenarios de Ameríca Latina y Estados Unidos. A manera de homenaje a toda una vida dedicada a la defensa del artista nacional y de la difusión del canto andino, el gobierno le impuso las Palmas Magisteriales en grado de Maestro (agosto de 1988). Sin embargo, ese mismo año falleció en un accidente automovilístico”.
En: Juan Gunther, José García Bryce, Luis Eduardo Wuffarden, José Francisco Gálvez, José Ragas y Fernando Ayllón. El Palacio Legislativo. Arquitectura, Arte e Historia. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2008, p. 321.